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Niñas secuestradas

 

 

 

 

 

 

Bernardo González Solano / Revista Siempre!
 

 

 

Aunque algunos autores de ficción, e incluso soberbios periodistas que sueñan estar más allá del bien o del mal, piensan que sus creaciones literarias y periodísticas son insuperables, lo cierto es que la realidad, moda y lironda, siempre es más sorprendente que cualquier obra de ficción. 

Por ejemplo, en los cada vez más frecuentes casos de niñas que son secuestradas por sus propios padres durante varios años, en ocasiones hasta por tres décadas, violándolas salvajemente y procreando hijos con ellas. 

En otros casos, los secuestradores no son de la misma sangre de las niñas secuestradas —que al paso del tiempo se vuelven mujeres—pero que las violan con los consecuentes aberrantes embarazos. Dos, tres, cuatro, cinco, seis o siete hijos no son la excepción. Lo frecuente es que estas criaturas secuestradas desde la niñez pasan la mayor parte de su tiempo encerradas en reducidos zulos —escondites subterráneos—, pero también se ha dado el caso de que las secuestradas vivan prácticamente al aire libre y, lo increíble, es que nadie advierta su desesperante situación.

 

El caso de Jaycee Lee Dugard

 

Esto viene a cuento por la reciente noticia de que fue encontrada viva la californiana Jaycee Lee Dugard, que apenas contaba 11 años de edad cuando un hombre y una mujer la raptaron casi enfrente de su casa en South Lake Tahoe en 1991. Dieciocho años, dos meses y 17 días exactamente duró su cautiverio. 

El 10 de junio de 1991 comenzó su desgracia. Todo este tiempo, increíblemente, fue mantenida oculta en el traspatio de una casa en Antioch, cerca de San Francisco, California, a 320 kilómetros de su hogar original. Vivía en unas carpas de acampar, donde fue violada y donde alumbró a dos hijas, una cuando tenía catorce años, y la segunda a los 18. ¿Y el vecindario y la policía? 

Sólo una persona reportó a la policía que en el patio del vecino, que parecía basurero, vivían unas niñas. A los sagaces agentes del orden no se les ocurrió revisar el patio de aquella casa.

El secuestro y la aparición de Jaycee Lee Dugard actualizó los atroces secuestros de niñas en varias partes del mundo, incluyendo países como Austria calificados como lugares de gran cultura y respeto por las leyes. Sólo que hay que recordar que en Linz, Austria, se educó Adolfo Hitler, una de las aberraciones criminales del género humano. 

 

Los casos de Natasha Kampush y Elisabeth Fritzl

 

En los últimos meses se ha dado a conocer el caso de dos niñas secuestradas en ciudades austriacas. Por ejemplo, Natasha Kampush que estuvo cautiva durante ocho años en un escondite de dos metros y medio en un tranquilo pueblo austriaco. Un día pudo escapar y su secuestrador se suicidó con un tiro en la cabeza. Aunque aparentemente todo se supo después de su escape, el caso de Natasha Kampush podría reabrirse según informaron fuentes policiacas ya que hay puntos oscuros en este plagio. 

Pocos meses después, se conoció que Elisabeth Fritzl estuvo secuestrada durante 24 años por su propio padre, Josef Fritzl, con el que procreó siete hijos. Durante el mismo tiempo, más o menos, la prensa informó que en Colombia Arcedio Alvarez violó a su hija durante 30 años y tuvo ocho hijos-nietos con ella. Cínicamente, el Fritzl colombiano se declaró inocente.

El pasado mes de abril la noticia de todo lo que sufrió Elisabeth Fritzl conmocionó al mundo. La joven austriaca vivió 24 años de su vida encerrada en el sótano de su casa, mismo que fue ampliado conforme nacían los hijos-nietos del “monstruo de Amstetten”. Todo había comenzado en 1977, cuando la niña apenas tenía once años de edad. Su padre había abusado de ella sexualmente desde entonces. Como consecuencia de estos abusos nacieron siete desgraciadas criaturas. El caso salió a la luz cuando la mayor de las niñas, Kerstin Fritzl, de 19 años, cayó enferma y tuvo que ser hospitalizada en Amstetten. La chica sufre una enfermedad genética característica del incesto.

Estos hombres nunca leyeron el Levítico (18, 6, 17) del Antiguo Testamento ni la epístola de los Corintios (5, 1, 8) de San Pablo en el Nuevo Testamento. El incesto lo repudia Yavé.

La crudeza de los sufrimientos de estas niñas superan cualquier novela que trate el tema del secuestro, el incesto y la violación. Incluso la exitosa trilogía Millenium del periodista y escritor sueco Stieg Larssen —cuya prematura muerte le impidió gozar el éxito de sus libros traducidos ya del sueco al castellano, inglés, francés e italiano, y vendidos más de diez millones de ejemplares— no opaca la realidad. 

Los excesos sexuales y criminales de Gottfried Vanger contra sus hijos Harriet y Martin, y muchas otras mujeres, son juegos de niños comparándolos con la suerte de estas niñas secuestradas. La realidad supera la ficción.

 

Misterio resuelto

 

La desaparición de Jaycee Lee Dugard, actualmente de 29 años de edad, era uno de los grandes misterios no resueltos por las autoridades de California, ni por las agencias federales. Ahora, como si fuera uno de los casos de Ripley, dijo Bill Clark, el fiscal del condado El Dorado, al este de Sacramento, donde fue llevada la joven secuestrada: 

“Es una historia bastante espectacular hallar a alguien así. Alguien que pensábamos que estaba muerta”. 

El desenlace sorprendió a los estadounidenses, que inmediatamente lo compararon con el de Natasha Kampush, la austriaca que fue secuestrada en un calabozo durante ocho años hasta que logró escapar en agosto de 2006.

Y Ernie Allen, presidente del Centro Nacional de Niños Desaparecidos y Explotados, explicó: “Una de las cosas que les pregonamos siempre a las familias que están buscando a sus seres queridos es que en estos casos de largo plazo hay esperanzas. Aun en estos casos es importante que no dejemos que el mundo olvide”.

Poco a poco se conocerán mayores detalles del calvario que sufrió Jaycee Lee a manos de su secuestrador Philliph Garrido, de 58 años, y de su esposa Nancy, de 55. Ambos fueron detenidos al comprobar la policía quiénes eran y lo que habían hecho con aquella pequeña rubia de ojos azules robada por ellos en la parada del autobús escolar casi frente a su casa, desde donde su padrastro, Carl Probyn, que perfectamente vio cuando un hombre y una mujer subían a la fuerza a la niña en un vehículo. 


18 años después

 

Probyn no actuó, se quedó pasmado y simplemente dejó que los secuestradores se robaran a la niña. Dieciocho años después, la raptada vuelve y el padrastro —que durante mucho tiempo fue el principal sospechoso de la desaparición de la niña— declaró al enterarse de la buena nueva: “Es como sacarse la lotería; todo lo que dije era verdad”.

Tanto la secuestrada como sus dos hijos aparentemente se encuentran en buen estado físico, pero, como dijo un oficial de policía, Fred Kollar, “vivir 18 años en un patio tendrá su precio”, máxime que ni Jaycee Lee ni sus dos hijas durante todo este tiempo han acudido al médico y las niñas jamás han asistido a la escuela, como si fueran salvajes en la selva.

Cabe aclarar que la aparición de la niña secuestrada hace 18 años no se debió a una investigación de las autoridades —que ahora se dan golpes de pecho por no haber sido más cuidadosos en esta investigación, en dos ocasiones nunca fueron más allá del umbral de la casa de Garrido—, sino al hecho de que llamó la atención la presencia del individuo que en compañía de dos mujeres y dos menores en el campus de la Universidad de Berkeley repartían folletos de carácter religioso. 


El pederasta, una ficha

 

Ya que Garrido se encuentra bajo el régimen de libertad condicional por delitos sexuales anteriores, incluso estuvo en la cárcel en 1971 por dichos crímenes, fue citado en la comisaría para ser interrogado. Acudió a la cita acompañado por su séquito —la secuestrada incluso se presentó como Allissa— y fue entonces cuando la víctima reveló su verdadera identidad. 

Las niñas, por su parte, llamaban “papá” al pederasta. Tal parecía que Garrido propició la declaración de Jaycee. Y ahí fue la de Dios es Cristo. Otro ejemplo del síndrome de Estocolmo.

La policía descubrió que en su blog de Internet, Garrido aseguró que Dios “le dio la habilidad de hablar en la lengua de los ángeles, a fin de proporcionar una alerta que a tiempo incluirá la salvación del mundo entero”.

El padre del pederasta, Manuel Garrido, de 88 años de edad, dijo al enterarse de la detención de su hijo que éste “está desequilibrado y que durante su juventud abusó de sustancias alucinógenas como el LSD lo que le convirtió en un loco. Se habla de él como si supiera lo que hace, pero no lo sabe… Ese hombre está ido, está enfermo”, según una entrevista que concedió al periódico Los Angeles Times.

A su vez, un hermano de Phillip Garrido, manifestó que la esposa de éste, Nancy, “hacía todo lo que él exigía”, pues tenía sobre ella una influencia que comparó con la “familia” de Charles Manson que asesinó a Sharon Tate, la embarazada actriz de origen inglés, esposa del director cinematográfico Roman Polanski en 1969.

La pareja infernal se declaró inocente de los hechos. El secuestrador dijo ser el dirigente de una iglesia llamada Los Deseos de Dios. Mientras, fue acusado de 28 cargos criminales, incluyendo la violación y asesinato de tres prostitutas —Valerie Schultz, de 27 años de edad, Raquel Cruise, de 32, y Jessica Frederick de 24—, todas violadas, asesinadas y enterradas cerca de donde trabajaba Garrido en un periodo de dos meses durante 1991, el año en que secuestró a Jaycee Lee. Aparte de que también se le investiga por la violación y muerte de la menor Lisa Norrell, de 15 años, en 1998.

Esta es la cruda realidad que opaca cualquier creación literaria.