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Seguridad y narcotráfico tiñen agenda de Clinton

 

 

Por Ali Gharib


WASHINGTON,  (IPS)  – El gobierno estadounidense de Barack Obama se 

comprometió esta semana a intensificar la ayuda que brinda a México y las 

acciones de seguridad en la frontera sur, en un intento por ayudar al país 

vecino en su sangrienta lucha contra el narcotráfico.

 

Como parte del esfuerzo por responder a lo que Estados Unidos considera 

una crisis, su secretaria de Seguridad Interna, Janet Napolitano, anunció 

el martes otras medidas de apoyo a las acciones de seguridad en México y 

en especial en la extensa frontera compartida.

 

  También Washington creará una oficina de coordinación en México y 

ofreció dos helicópteros por 80 millones de dólares.

 

  A esto se suma la visita de la secretaria de Estado (canciller) Hillary 

Clinton, iniciada el miércoles y que incluirá a la capital mexicana y a la 

oriental ciudad de Monterrey, donde el año pasado se registró un aumento 

de la violencia, tanto entre los propios carteles de la droga como con las 

Fuerzas Armadas mexicanas que los combaten.

 

  Aunque reconocen que la violencia es todo un problema en México, 

algunos críticos temen que el gobierno de Obama pueda estar reaccionando 

de manera exagerada, con una intensificación militarista en territorio 

vecino y en la frontera guiada por una campaña sobredimensionada sobre la 

situación en ese país.

 

  El Congreso de Estados Unidos aprobó 400 millones de dólares en 2008 y 

otros 300 millones a comienzos de este año en el marco de la llamada 

Iniciativa Mérida, un paquete de asistencia a México y, en menor grado, a 

América Central, para reducir la producción y el tráfico de drogas hacia 

Estados Unidos.

 

  La Iniciativa, que se convirtió en ley en junio pasado, establece el 

aporte estadounidense de 1.400 millones de dólares en tres años, en buena 

medida para entrenamiento y equipos militares. También incluye lucrativos 

acuerdos para contratistas estadounidenses.

 

  La asistencia forma parte de una política que ahora muchos analistas 

coinciden es una guerra fallida contra la droga librada por Estados Unidos 

en particular en América Latina.

 

  Con los fondos acordados se ayudará a México en su guerra contra las 

mafias de la droga, que hizo escalar la violencia en el norte de México. 

Así se suministrará tecnología, se brindará entrenamiento y se alentarán 

reformas al Poder Judicial, diezmados por la corrupción, según 

observadores.

 

 

  También se brindarán tecnologías de la información para los 

procedimientos de asistencia, proveyendo aviones para aumentar la 

movilidad del ejército de México y, sobre todo, frenando el flujo de 

drogas, dinero y armas que cruzan la frontera entre los dos países.

 

  La asistencia también será impulsada por una ofensiva diplomática de 

alto nivel esta semana y la próxima en México. Así lo harán funcionarios 

de Washington previo a la visita a México que hará el propio Obama a 

mediados de abril.

 

  Además de Clinton, la semana próxima, tanto Napolitano como el titular 

del Departamento de Justicia, Eric Holder, visitarán el país a fin de 

facilitar los esfuerzos entre sus respectivas burocracias y el gobierno 

anfitrión del conservador Felipe Calderón.

 

  Entre otras acciones, el Departamento de Justicia se prepara para 

ayudar a México a tomar medidas contra el lavado de dinero.

 

  Cada año ingresan a México miles de millones de dólares producto del 

negocio de las drogas ilícitas en Estados Unidos. Buena parte de ese 

dinero llega bajo la forma de efectivo a través de la frontera, pero 

también es común hacer transferencias bancarias.

 

  El gobierno de Obama está dando estos pasos osados a fin de hacer 

frente a lo que cada vez se publicita más en Estados Unidos como una 

crisis que va en aumento en la frontera meridional.

 

  La violencia azota a México desde hace tiempo. El presidente Calderón 

inició hace casi dos años fuertes ataques contra los carteles de la droga, 

que respondieron a la ofensiva con todo su abundante arsenal en una guerra 

que ya ha costado decenas de vidas.

 

  Pero pese a que hace ya tiempo fue notada por muchos analistas de 

México, esa escalada pasó a un primer plano en Estados Unidos mediante 

informes y declaraciones de funcionarios que, a su vez, se vieron 

reflejados en informes de prensa que usaron el mismo lenguaje alarmista.

 

  El primero de esos reportes en generar ceños fruncidos y concitar la 

atención se dio a conocer en noviembre por parte del Comando de Fuerzas 

Conjuntas de Estados Unidos, que dijeron que México estaba a la par del 

turbulento Pakistán en términos de sus riesgos de "colapso rápido y 

repentino".

 

  "México no es un estado fallido", replicó la canciller de ese país, 

Patricia Espinosa, en declaraciones a The New York Times.

 

  Pero la arremetida de evaluaciones negativas de la situación de México 

pronto crecería hasta convertirse en un coro de pronósticos fatalistas 

emitidos por analistas militares y medios de comunicación.

 

  "México está al borde del abismo. En la próxima década podría 

convertirse en un narco-estado", dijo el ex zar estadounidense de las 

drogas, el general retirado Barry McCaffrey, a mediados de enero, 

exigiendo un aumento de la asistencia y diciendo que la Iniciativa de 

Mérida era "una gota en el cubo".

 

  La misma semana, el ex legislador republicano Newt Gingrich apareció en 

televisión promoviendo una teoría sobre una potencial "propagación" de 

violencia en Estados Unidos, lo que se ha vuelto un alegato común aunque 

sin sustancia.

 

  Tras el alboroto creado por las declaraciones y los informes, una serie 

de audiencias parlamentarias abordaron el tema. Repentinamente, los 

principales diarios y programas de televisión estadounidenses dieron 

destaque a las crónicas sobre lo que durante meses habían sido altos 

niveles de violencia habitual en México.

 

  El Informe Tyndall, un estudio sobre los temas que cubren los programas 

nocturnos de televisión, mostró que en los últimos seis meses de 2008 hubo 

apenas cinco informes sobre la guerra del narcotráfico en México o notas 

relacionadas con la frontera. Pero en la mitad de ese tiempo este año ya 

hubo 12 reportes por parte de los tres informativos centrales.

 

  "Lo más destacable sobre (los informes de funcionarios y medios 

estadounidenses) fue que no había ningún disparador basado en los hechos", 

dijo la analista Laura Carlsen, del Programa de las Américas del Centro 

para la Política Internacional.

 

  "Hubo un aumento en la violencia. Pero nosotros sabíamos sobre esto", 

agregó.

 

  "La relación Estados Unidos-México cada vez más es indicada como 

cuestión de seguridad. Las relaciones bilaterales se están militarizando. 

La gente que define esta relación crucial para ambos países está, cada vez 

más, en el Pentágono y en el ejército", dijo a IPS.

 

  Carlsen observó que la Iniciativa de Mérida es, esencialmente, la pieza 

central de esas relaciones bilaterales, y que sus efectos han sido 

contraproducentes. "Militariza aún más la guerra de las drogas, que es lo 

que ha causado esta violencia en México en los últimos años", señaló.

 

  También destacó el hecho de que el origen de la mayoría de las armas 

confiscadas a los carteles de México puede rastrearse en Estados Unidos.

 

  Parte del esfuerzo anunciado el martes por Napolitano es contener el 

contrabando de armas hacia México y perseguir los casos en que el origen 

definitivamente puede rastrearse en Estados Unidos.

 

 

 

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