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Sorpresas en América Latina


Por Frida Modak / Revista Proceso

 

En medio de la crisis generalizada que afecta al mundo entero, Estados Unidos está viviendo varias crisis paralelas, una de ellas tiene que ver con la sorpresa que se están llevando los actuales gobernantes al descubrir que América Latina no es lo que creían. La caricatura de presidentes pordioseros con la mano o el sombrero extendido pidiendo limosna ya hace mucho que dejó de existir, porque además no reflejaba la realidad sino la visión que de la región se proyectaba desde el norte porque así le convenía a sus intereses.
En los ocho años del gobierno encabezado por George W. Bush e integrado por uno de los clanes económicos más grandes de los últimos tiempos, con inversiones y empresas donde se levante una piedra, el grupo se dedicó a agrandar y después a asegurar sus negocios a través de las guerras que todos conocemos y que se iniciaron cuando Bush padre atacó a Irak a comienzos de los años 90 con el propósito de minar su influencia en el Medio Oriente árabe. No llevó la invasión al extremo de su hijo porque, por otro lado, necesitaban a Saddam Hussein como contrapeso frente al Irán de los ayatolas.
Esa primera guerra coincidió en el tiempo con el colapso de la Unión Soviética y del campo socialista, lo que dejaba a Estados Unidos como la única superpotencia. Por esos mismos años en América Latina empezaban a restablecerse gobiernos de democracia restringida, tras casi dos décadas de dictaduras militares respaldadas por Washington en América del Sur y hasta 50 años o más de tiranías, incluso hereditarias en América Central y algunos países del Caribe.
Atrás había quedado la derrota en Vietnam y Europa, recuperada ya de la segunda guerra y en carrera ascendente, se ocupaba de las nuevas naciones africanas que habían sido sus colonias y cuyo proceso independentista se inició a fines de los años sesenta del siglo pasado. Imbuidos en su papel de superpotencia y a pesar de que ya en el gobierno de Nixon se habían registrado los primeros síntomas de que la economía estaba en problemas y se había devaluado el dólar, los sucesivos gobiernos estadounidenses optaron por ejercer la hegemonía que el resto de los países desarrollados y en desarrollo le reconocieron y que hoy también está en crisis. 

El despertar latinoamericano

Las dictaduras latinoamericanas tenían como misión controlar a los movimientos populares, a pretexto de evitar el establecimiento de gobiernos comunistas y se ejemplificaba con Cuba, donde la Revolución había triunfado en las narices del imperio. La represión y las violaciones a los derechos humanos alcanzaron tal grado de brutalidad en América Central y del Sur que no pudieron ser ignoradas, como así tampoco la lucha por la democracia.
Pese a que, también por convenir así a los estadounidenses, los gobiernos de restauración democrática estaban limitados de hecho y de derecho, ya sea por constituciones espurias o porque el temor a nuevas acciones de los militares frenó durante algunos años una apertura democrática efectiva, finalmente terminó por ampliarse el marco democrático hasta llegar a cambios profundos como los ocurridos en Ecuador, Bolivia, Venezuela y Nicaragua a importantes transformaciones en Honduras y Guatemala y a una coordinación inédita entre los gobiernos sudamericanos.
A esto se unió, hasta el estallido de la crisis económica, una bonanza en los productos de exportación de la región, lo que permitió acumular importantes reservas monetarias. En algunos países los recursos naturales fueron nacionalizados, en otros fueron entregados a empresas transnacionales para su explotación en términos tales, que la subcontratación de los trabajadores burla sus derechos laborales y sociales.
Con todo, América Latina se encuentra en un pie muy distinto al de los años 60 y 70, pero Estados Unidos, inmerso en sus guerras no lo había admitido, la crisis los hizo abrir los ojos, pero aún no entienden esta interesante realidad. La retórica y las acciones del grupo bushista han permeado de tal manera al estamento político del norte, que incluso en el equipo del actual mandatario no hay claridad y están teniendo que improvisar para corregir dichos o hechos de algunos de sus miembros y de los militares.
Estas líneas fueron escritas el día en que se esperaba el arribo a México de la secretaria de Estado, Hillary Clinton, quien venía a arreglar la metida de pata del general que declaró a este país un Estado fallido por las características que ha alcanzado la acción del crimen organizado, cuyo principal negocio es proveer de drogas a los consumidores estadounidenses, cuestión que el imperio fallido no ha enfrentado. Y aunque el propio Obama vendrá en abril eso no implicará que se esté entendiendo o aceptando a la América Latina de hoy. 

Otro contexto

Los gobiernos que precedieron al de Obama han hostilizado sin éxito alguno a Cuba, nación con la que hoy prácticamente todos los países latinoamericanos ya han reanudado relaciones sin que se haya revocado su expulsión de la Organización de Estados Americanos, OEA, decretada e impuesta, al igual que la ruptura, por presión estadounidense. En esas circunstancias el gobierno de Obama ha optado por modificar algunas medidas, porque toda la política estadounidense hacia Cuba cae incluso en el ridículo.
Centroamérica, una de las regiones en que las dictaduras made in USA han sido de mayor duración, muestra hoy una realidad muy distinta. En Honduras y Guatemala hay gobiernos progresistas que se han sumado a las iniciativas integracionistas y que no sólo reanudaron relaciones con Cuba, sus presidentes acaban de estar allí y uno de ellos se entrevistó además con Fidel Castro. El Salvador reanudará las relaciones cuando asuma su nuevo presidente y hasta el derechista Oscar Arias, presidente de Costa Rica, lo acaba de hacer porque estaba aislado en esa zona.
El vicepresidente de Colombia declaró fracasado el Plan Colombia que, al parecer, sólo ha servido de tapadera para el narcotráfico y se habla de nacionalizarlo. Por su parte, la Corte Suprema de ese país se negó a extraditar a Estados Unidos a dos narcotraficantes porque de esa manera se los sustrae del juicio en su propio país y nunca rinden cuenta donde han cometido sus delitos. El embajador estadounidense presentó una inusual protesta y la Corte está disgustada porque hay crímenes que no se castigan.
El Banco del Sur entrará a funcionar este año con un capital inicial de 10 mil millones de dólares aportados por Argentina, Brasil y Venezuela, por su parte Bolivia, Ecuador, Uruguay y Paraguay aportarán cien millones cada uno.
Mientras tanto, Obama está copado por la crisis económica y las guerras, y porque será en su gobierno cuando se defina si Estados Unidos conservará o perderá su hegemonía, cuestión a la que suele referirse y que preocupa a los distintos sectores del país del norte, pero hasta ahora no hay indicios de que se situen en la realidad.
El diario The Washington Post se demoró seis días en editorializar sobre el triunfo de Mauricio Funes en El Salvador, para terminar repitiendo argumentos que perecían sacados de discursos de miembros del gobierno de Bush. El propósito del editorial era demostrar que aunque los pupilos de Washington fueron derrotados Estados Unidos ganó la elección salvadoreña porque el presidente electo ha dicho que respetará las leyes, lo que “podría ser la consolidación del sistema político al que Estados Unidos le estaba apuntando cuando intervino en la guerra civil de El Salvador en los años 80”.
Pero como The Washington Post cree que el vicepresidente electo y otros miembros del FMLN “son más militantes y antiamericanos” y eso podría afectar el sistema democrático, considera que Obama “debería dejar en claro al nuevo gobierno que pasos en esa dirección dañarán las relaciones con Estados Unidos”. Si se portan bien habría cooperación “con un gobierno que tiene el potencial para completar una victoria para la democracia latinoamericana y la política exterior de Estados Unidos”.

Como se ve, en el país del norte todavía no asumen ni su nueva realidad ni la realidad latinoamericana de hoy. Estados Unidos nunca buscó la democracia en El Salvador, impuso y apoyó dictaduras y eso costó, sólo desde 1980 a 1992, setenta y cinco mil muertos.