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Una latina a la Corte de EU

 

 

 

 

Por Bernardo González Solano / Revista Siempre!

 

El nuevo gran personaje de la vida pública de Estados Unidos se llama Sonia Sotomayor, de 55 años de edad, hija de padres puertorriqueños, nacida el 24 de junio de 1954 en un multifamiliar situado al sur del condado neoyorkino del Bronx, en las inmediaciones del ya desaparecido estadio del equipo de beisbol los Yankees de Nueva York. 
 

De no suceder una desgracia –que en Estados Unidos nunca se puede descartar—, para cuando este reportaje sea publicado Sonia Sotomayor podría convertirse en la primera mujer de la comunidad latina estadounidense en formar parte del exclusivo grupo de magistrados de la Corte Suprema de Justicia de la Unión Americana formada por ocho jueces encabezados por un presidente.

 

Cargo vitalicio

 

El cargo es vitalicio. La propuesta de Sotomayor fue hecha por el presidente Barack Hussein Obama para ocupar la vacante anticipada por la jubilación del magistrado David Souter, de corte liberal como la propia Sotomayor, lo que no alterará los equilibrios políticos dentro del tribunal superior de justicia del vecino del norte. Souter (1939) tiene fama de una integridad marmórea y fue propuesto al cargo por el presidente George Bush Sr., hace 19 años. Souter regresará a su nativo New Hampshire.

 

Duro y severo examen

 

El lunes 13 de julio, cuando el Comité Judicial del Senado de Estados Unidos –compuesto por 19 senadores— comenzó el durísimo examen de la juez Sonia Sotomayor, examen que muchos analistas califican como un viacrucis sin misericordia, uno de sus integrantes, el demócrata Patrick Leahy halagó a la aspirante al cargo de magistrado del tribunal superior estadounidense en los siguientes términos: “Las cualificaciones de Sotomayor son fuera de lo común. Tiene más experiencia en el sistema judicial federal que ningún otro nominado para el cargo en los últimos cien años”. 

Después de la comparecencia de la juez Sotomayor ante el comité examinador, que se alargó más de lo acostumbrado por exigencia de los senadores republicanos que adquirieron a la candidata sin miramientos, el comité aprobó el ingreso al máximo tribunal por una votación a favor de doce senadores demócratas, uno republicano y seis en contra de otros tantos senadores republicanos. 

 

Salvó el escollo

 

El escollo estaba salvado y sólo faltaría que el pleno del Senado aprobara el nombramiento a principios de agosto. En la Cámara Alta, los demócratas tienen mayoría: 60 votos en contra de 40 republicanos. Los analistas daban por cierta la votación a favor de la candidata del presidente Obama.

De hecho, el propio senador Leahy resaltó los esfuerzos de Sotomayor y los suyos por superar las limitaciones económicas de su infancia en el seno de una familia puertorriqueña, máxime que quedó huérfana de padre a los ocho años de edad, amén de superar el duro entorno social en el Bronx neoyorkino. 

Leahy la comparó con otras figuras relevantes de la Corte Suprema, como Thurgood Marshall, el primer negro que accedió al tribunal; Louis Brandeis, el primer judío, y Sandra Day O´Connor, la primera mujer. 

 

Minoría femenil

 

Lo cierto es que en sus dos siglos de existencia —la Constitución de Estados Unidos se escribió en 1787 y ha sido adecuada al paso del tiempo con 25 enmiendas— la Corte Suprema de Justicia ha contado con 111 magistrados, de los cuales 97 han sido hombres blancos, mientras que sólo dos han sido negros, eufemísticamente llamados afroamericanos. 

De la minoría femenil sigue trabajando en la Corte junto a otros ocho magistrados Ruth Ginsburg, quien, al igual que Sotomayor es progresista, ha votado en contra de la pena de muerte y a favor de los homosexuales. Y, aunque parezca increíble, por el contrario, el único magistrado negro en la Corte, Charles Thomas, es totalmente conservador, opuesto al aborto y a los derechos de los homosexuales.

Con poderes e independencia inauditos en la mayor parte de la Tierra, los miembros del Tribunal Supremo Federal estadounidense ya han sido objeto de fuertes críticas, tanto por su condición última en la escala de recursos de la justicia de Estados Unidos como por la permanencia vitalicia de los magistrados. 

 

Hora de cambiar

 

Pablo Salvador Coderch, especialista en derecho civil, en su análisis “Gerontocracia judicial en Estados Unidos” se pregunta si la condición vitalicia de los magistrados estadounidenses es buena. 

Dice: “Ya no, de ninguna manera. El sistema federal de jueces vitalicios se diseñó para una época en la cual la gente que había conseguido sobrevivir a las infecciones y evitar el cólico miserere se moría, más o menos, a la edad bíblica de los 70 años. Hoy, cáncer aparte, podemos durar hasta los 90 o más, y yo, que ya tengo nietos, creo que cada generación tiene derecho a un cambio, hasta de jueces. Por lo menos: el poder casi siempre abusa pero, sobre todo, hastía”.

Agrega:” El actual presidente del Tribunal Supremo Federal estadounidense, John Roberts (1955) nombrado en 2005 por Bush hijo, tiene 54 años de edad: bien conservado, podría seguir en su cargo otros 30 años más. Esto no puede ser sano. E igual ocurriría con Sonia Sotomayor (1954), recientemente nombrada por Obama…” “De hecho –abunda—, aunque los medios de información, siempre monótonos, resaltan casi exclusivamente los perfiles étnicos e ideológicos de los designados –Roberts es caucásico y conservador; Sotomayor, latina y progresista—, el rango más destacado de ambos, además de su extraordinaria formación y gran experiencia, es la edad: están para quedarse, pues han sido designados para continuar en el Tribunal décadas después de que los presidentes que les pusieron en él hayan cesado. La combinación de la juventud relativa de los jueces con la naturaleza vitalicia de su función es explosiva. Aburrirán a mis nietos”.
 

Coderch va más allá y dice que es comprensible que el presidente Obama proponga a candidatos a su gusto. 
 

Y tal parece que la propia edad pueda originar otros lugares en la Corte. “¿Quiénes se van a ir? —dice Coderch—. No quiero ser pájaro de mal agüero, pero la gracia de un analista es contar las cosas antes de que sucedan y dejar así al lector con armas letales en la mano: John Paul Stevens (1920), progresista nombrado por un presidente republicano, lleva casi 34 años en el Tribunal, cumplirá 90 en septiembre y prestaría un servicio claro a su país si resolviera retirarse de una vez. Ruth Bader Ginsbur (1933) designada por Clinton… está desde hace 16 años, también podría querer irse, pues su salud es notoriamente frágil, pero a esta mujer no la apodan La Magnolia de Acero por capricho. Y quedan otros 3 magistrados con más de 70 años cumplidos, aunque —prevengo— en los Estados Unidos de América, la jubilación forzosa es discriminación por razón de edad y está pésimamente vista”.

 

Un hito

 

Tópicos gerontológicos aparte, la posibilidad de que Sonia Sotomayor forme parte de la Suprema Corte de Justicia es un hito. Serena y circunspecta, la juez de apelaciones, propuesta para ese cargo en su momento por el presidente Bush, convirtiéndose en la juez más joven del estado de Nueva York y la primera juez federal de origen latino, fue el primer nombre de las opciones que consideró el presidente Obama para ocupar la vacante causado por la jubilación de Souter. 

En parte, el mandatario negro (mulato) cubría así una de sus deudas de campaña electoral y agradecía el voto latino que decidió se elección. Amén de que Obama sabe que el electorado “hispano” ve en la Sotomayor, como en el propio Obama, la encarnación del sueño americano. Yes, I can do, dijera el lema electoral.

 

Ejemplo de superación personal

 

La historia personal de la ahora famosa juez lo demuestra. A los ocho años de edad los médicos le diagnosticaron diabetes tipo I; su padre moriría un año más tarde. Su madre, Selena, la enfermera, también de origen puertorriqueño como su padre, se empeñó con toda el alma a criar a Sonia y a su hermano Juan, que ahora es doctor en medicina. Que sus hijos estudiaran fue la consigna. Ninguno de sus hijos la defraudó. La hija obtuvo una beca para ingresar a la Universidad de Princeton, graduándose summa cum laude en 1976, año en el que contrajo nupcias divorciándose en 1983; posteriormente se graduó como juris doctor en la Escuela de Derecho de la Universidad de Yale. De 1979 a 1984 laboró en la oficina del fiscal de distrito de Manhattan y tras siete años en una firma privada, obtuvo la designación de juez en la corte de distrito sur de Nueva York.
 

Sotomayor demostró su ecuanimidad y experiencia durante el examen del Comité Jurídico del Senado. Y su capacidad jurídica apegada al texto de la ley, sin olvidar que “tiene sentimientos”.

Todo un ejemplo de superación personal.