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Washington y Wall Street premian la corrupción

 


 

La crisis financiera norteamericana es un parteaguas para el mundo, incluso en lo político y social, señala a Siempre!, el ex cónsul general de México en San Antonio, Texas, Humberto Hernández Haddad, quien coincide con el candidato presidencial republicano, John McCain, al decir que, en este momento, se premian en Washington y Wall Street la codicia y la corrupción. Lo paradójico —añade— es que la crisis beneficia a su rival demócrata, Barack Obama, aunque está latente el riesgo de violencia política.

Por Jorge Santa Cruz / Revista Siempre!

Ex diputado federal y ex senador de la República —donde fue presidente de la Comisión de Relaciones Exteriores—, Hernández Haddad resalta el freno puesto por el Congreso del vecino país al presidente George Bush Jr., lo cual no sucedió en México en 1994, cuando estalló la crisis del Fobaproa.

Abogado e integrante de la Academia Mexicana de Derecho Internacional, el tabasqueño rechaza que el Fobaproa mexicano sea igual al Fobaproa americano. Allá van a investigar a los presuntos culpables. Aquí no se hizo eso. Allá el gobierno se quedará con parte de las acciones de los bancos. Aquí se entregó el 90 por ciento de la banca a extranjeros, concluye.
 

Parteaguas
 

¿Qué hay detrás de la crisis en Estados Unidos?
La crisis que vive Estados Unidos es un parteaguas no sólo para ese país. Es el principio de un nuevo ciclo mundial, en lo político y lo económico. Así como los ataques terroristas del 11 de septiembre del 2001 marcaron un cambio en la política internacional, hoy se inicia un cambio en la política económica mundial. Es el cambio de la agenda económica mundial.

Primero veamos que dijo John McCain, el senador por Arizona, candidato republicano a la presidencia de los Estados Unidos. Dijo textualmente: “En este momento, se premian en Washington y en Wall Street la codicia y corrupción”. Tremendas palabras para un candidato republicano que aspira a suceder en la Casa Blanca a George Bush Jr., presidente republicano, hijo de un ex presidente republicano.

El que reconozca John McCain que se premian la codicia y la corrupción en Washington y Wall Street, abdicando de las facultades regulatorias y de supervisión que han conducido a esta catástrofe, son palabras mayores. Hablamos de una confesión política de rango histórico. Es importante que en México reflexionemos sobre lo que ocurrió en el debate presidencial entre McCain y Obama.

Mientras que McCain propone hacerles descuentos fiscales a las compañías petroleras, Obama propone un control regulatorio y no permitir la perforación petrolera en el Artico y en otras zonas que pueden causar una catástrofe ecológico-ambiental.

Mientras que McCain propone estímulos fiscales para las grandes corporaciones, Barack Obama propone apoyar a la clase media que se está hundiendo en un mar de deudas, sin poder pagar sus hipotecas en los Estados Unidos.

Hablamos de dos proyectos, no económicos, sino de proyectos sociales y políticos que ideológicamente, antagonizan. Creo que va a ganar la elección presidencial Barack Obama y la va a ganar porque la crisis financiera que deja George Bush Jr. a su paso por la Casa Blanca, en los últimos ocho años, es de proporciones históricas.

Se equivocan quienes piensan que se trata de un simple rescate bancario tipo Fobaproa mexicano. El Fobaproa de Washington es, prácticamente, una cuasi-estatización de la banca estadounidense.
Quienes creen que sólo va a costar 700 mil millones de dólares se equivocan. Va a rebasar, por lo menos dos veces, esa cantidad. Quienes piensan que el rescate bancario de Washington es sólo por 700 mil millones de dólares, no tienen idea de la magnitud del problema que se ha generado con el autodesfalcamiento y autoengaño en que cayó el manejo político-económico de los Estados Unidos.
Hago una reflexión: un senador por Chicago, de color, Barack Obama, abogado de Harvard, hijo de un keniano-africano, no creen en la doctrina económica de Chicago, de los Chicago boys. Los Chicago boys deben de estar verdaderamente consternados de que hoy un abogado de Harvard, senador por Chicago, no cree en las doctrinas económicas con las que ellos impulsaron el dogma del neoliberalismo, que durante los últimos 25 años, tomó a México como su laboratorio principal, para permitir a Carlos Salinas, a Ernesto Zedillo, a Vicente Fox y a Felipe Calderón, uno de los ensayos de política económica que se han intentado desde Washington, a través del Consenso de Washington.

Ojalá el sector privado reflexione sobre la conveniencia de no entrar a los dogmas. No hacer de la economía un acto de fanatismo. Seamos realistas porque la economía de Estados Unidos encalló. Están en graves problemas y en México debemos estar muy serenos, ser muy cerebrales, y desarrollar una salida práctica para que nos afecte en la menor medida posible el tamaño de crisis financiera que hoy enfrenta Estados Unidos; que políticamente los está dividiendo y no descarto la posibilidad —y lo subrayo— de que pueda haber violencia al interior del sistema político estadounidense.
 

Congreso ignorante

Por un lado, John McCain les reprocha a los grandes bancos, pero, por el otro, los quiere apapachar vía el petróleo…

No puede hacer otra cosa. John McCain es un hombre correcto. Es un hombre decente. Es un héroe de guerra. Es un hombre que tiene un sentido de patriotismo, de dignidad personal, pero está rebasado.
Lo que George Bush Jr., entrega como saldo histórico, después de ocho años de gobierno, no se lo hizo ningún enemigo a los Estados Unidos. Se lo hizo su propio Presidente desde la Casa Blanca.

¿Cómo dejaron a Bush hacer todo eso?

Ahí es en donde en México debemos reflexionar. Cuando un Congreso ignorante, irresponsable, no cumple con la facultad constitucional de ponerle un freno y contrapeso al Ejecutivo, es cuando ocurren estas cosas.

Por eso hoy, la responsabilidad ya no está en la Casa Blanca. La responsabilidad la tiene el Congreso de los Estados Unidos.

Llama la atención que el secretario del Tesoro de los Estados Unidos, el secretario de Hacienda en Washington, Paulson, ha propuesto que lo autoricen a tomar medidas de rescate bancario sin que sea sujeto de responsabilidad penal o administrativa en el futuro. Es algo insólito.

En un sistema constitucional, nadie puede pedir semejante extensión de responsabilidades. Es tanto como decir “permítanme gobernar sin rendición de cuentas” y eso no creo que lo apruebe el Congreso.
En un sistema democrático, la transparencia y la rendición de cuentas son dos instrumentos indispensables para legitimar la actuación del gobernante. Si un gobernante pide que no sea sujeto de transparencia ni de rendir cuentas, puede hacer lo que quiera con el país que gobierna.
 

Las seis diferencias


Muy parecido a México, ¿no?
Pues esto va a llevar a que Ernesto Zedillo, ex presidente, y Angel Gurría, ex secretario de Hacienda, terminen por rendir cuentas del Fobaproa, que en México nunca se ha transparentado; porque la crisis financiera que estalló en Estados Unidos es, exactamente, un Fobaproa, pero en dólares, veinte veces más grande que el mexicano.

Lo curioso es que la noche del debate, quien dijo la verdad fue John McCain, cuando señaló que “esta crisis es el resultado de que en Washington y en Wall Street se premian la codicia y la corrupción”.
Esta crisis es el resultado de una desregulación irresponsable que buscó estimular a los mercados a través de la codicia y la corrupción. Y lo que tenemos a la vista es una catástrofe financiera más grave que la de 1929.

Hay semejanzas con el Fobaproa mexicano, pero también profundas diferencias, ¿no le parece?
Pues sí. Insisto. Estamos viendo la importancia que tiene el papel del Congreso. El Congreso en Washington acaba de dar una lección de para qué sirven las representaciones de la nación, convertidas en parlamentos, en congresos, en auténtico Poder Legislativo. Sucede que el pasado lunes 29 de septiembre, dos terceras partes del voto republicano estuvieron en contra del presidente republicano, George Bush, y 40 por ciento de los demócratas, contra la iniciativa de rescate de Bush. O sea: votaron más republicanos contra su propio Presidente, que demócratas.

Algo me recuerdo cuando en el gobierno de Ernesto Zedillo, se votó el Fobaproa con José Angel Gurría Treviño como secretario de Hacienda. ¿Y quiénes eran los líderes de las fracciones en la Cámara de Diputados? Por el PAN, Felipe Calderón; por el PRI, lo era el tabasqueño Arturo Núñez, hoy senador por el PRD; y por el PRD era el entonces diputado y hoy ex senador, Jesús Ortega.

Hay seis puntos fundamentales entre lo que hizo Washington y México cuando se aprobó el Fobaproa: la primera es que el Fobaproa americano, pedía 700 mil millones de dólares y sólo le autorizaron 250 mil, con una partida posterior de 100 mil y, a partir de ese momento, una revisión de cuentas minuciosa. En cambio, el Fobaproa mexicano costó 120 mil millones de dólares, lo cual nos lleva a una segunda diferencia.
El Fobaproa de Estados Unidos representa el cinco por ciento del producto interno bruto; el de México representó el 20 por ciento del Producto Interno Bruto.

La tercera diferencia es que, en Washington, el rescate limitó tajantemente los ingresos y ganancias de los ejecutivos bancarios a un tope de 400 mil dólares anuales. En México es sin límite. Puede ganarse cualquier cantidad y no hay problema.

La cuarta diferencia es que el gobierno de Washington asumirá parte de las acciones de las empresas rescatadas. En el caso mexicano, el gobierno se quedó con la deuda, absorbió la deuda, y sin las acciones de los bancos.

La quinta, es que se inició ya una investigación en el FBI —Departamento de Justicia— sobre presuntos defraudadores que causaron esta crisis. En México nunca hubo tal investigación.

Y la sexta es que Washington decidió que el sistema financiero va a seguir bajo el control de los Estados Unidos. En cambio, en México, Zedillo y Gurría entregaron el 90 por ciento del sistema bancario a la banca extranjera.

Por lo que se refiere a los bancos, tres son los grandes ganadores: el Bank of America que se llevó Merril Lynch; el Citigroup, que se llevó Wachovia, el tercer banco comercial de los Estados Unidos, que se declaró en quiebra; y el tercer gran jugador es J.P. Morgan. Esos tres grandes bancos entran —por medio de las fusiones y rescates internos— a demostrar que Estados Unidos puede tener cualquier defecto que quieran atribuirle, pero su nacionalismo ya lo quisieran prestado para un domingo, aquellos que entregan hasta las banderas de sus patrias, creyendo que con ello se modernizan.

El nacionalismo estadounidense se verá en toda su capacidad cuando veamos cómo reconfiguran su sistema bancario, no permitiendo la entrega de sus medios de pago. Algo que no entendieron en su momento Ernesto Zedillo y José Angel Gurría, cuando entregaron el 90 por ciento del sistema bancario mexicano a la banca extranjera.