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Antiguas iglesias, moderna polémica

LALIBELA, Etiopía,  (IPS)  .-   Las 11 iglesias de
Lalibela, la segunda ciudad santa de Etiopía
después de Aksum, permanecieron a lo largo de
centurias como una de las visiones más impactantes de este país.

        Por Michael Deibert

   Talladas en la roca de las montañas del norte
del país, estas estructuras representan quizás la
máxima expresión de la creatividad de los
feligreses de la iglesia ortodoxa de Etiopía, una
de las comunidades cristianas más antiguas del mundo.

   Gebre Mesqel Lalibela, soberano de la
dinastía Zagwe, comenzó la construcción de las
iglesias luego de vivir durante un largo periodo
en Jerusalén. Cuando esa ciudad fue capturada por
fuerzas musulmanas en 1187, se le reveló en un
sueño la orden de recrear su esplendor en Etiopía.

   En un tributo a la visión de Lalibela, y al
esfuerzo de una cantidad desconocida de
trabajadores, el lugar no ha perdido nada de su
poder sobrecogedor en 800 años de su creación.

   Entre esos templos figura la Iglesia de la
Virgen María, la primera de todas, decorada con
lujosas alfombras y tapices con imágenes de ángeles, querubines y 
serafines.

   Los lugares destinados a la oración tienen
cruces de oro, cobre y hierro, cuyos intrincados
diseños están envueltos de simbolismo religioso.
Tambores religiosos conocidos como keberos
descansan contra las paredes de piedra.

   La Iglesia de San Jorge, la última en ser
construida, tiene la forma de una gigantesca
cruz, de cuatro pisos de altura, y procura
representar simbólicamente el arca de Noé.

   Su poder espiritual es tal que los muros que
la rodean albergan los cuerpos de peregrinos que,
durante centurias, la eligieron para su descanso
final. Se dice que el propio Lalibela está
enterrado en la catedral Bete Golgotha.

   Las iglesias de Lalibela también cuentan con
un sofisticado sistema de drenaje, el cual impide
que el agua quede dentro de ellas a pesar de que
están talladas profundamente en la roca.

   Pero una estridente estructura de acero
aparece amenazadora sobre cinco de los templos,
interrumpiendo su esplendor religioso y arquitectónico.

   Debajo del edificio, como una nave espacial
que se dispone a aterrizar, un cartel proclama
que el Fondo de Desarrollo de la Unión Europea
(UE) financia ese proyecto, a cargo de un equipo de arquitectos italianos.

   "La gente esperaba algún diseño hermoso, no
este techo plástico que todavía tiene agua
estancada", dijo Desale Sisay, un sacerdote
ortodoxo etíope encargado de custodiar las llaves
de la iglesia Bete Gabriel. "Y ni siquiera
protege completamente a las iglesias de la lluvia o los rayos del sol", 
agregó.

   Ese proyecto, iniciado en 1997, ha sido
fuente de controversias desde su comienzo. Según
las críticas, la iniciativa no toma en cuenta la
importancia de Lalibela como un sitio histórico de culto.

   El lugar fue designado patrimonio de la
humanidad en 1978 por la Organización de las
Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y
la Cultura (Unesco), ahora responsable de
supervisar las construcciones en el lugar.

   "Para los etíopes es una cuestión importante.
Éste es un lugar sagrado", señaló el experto de
Unesco Nada Al Hassan. "Creemos que la protección
fue construida sin dañar el sitio y, además, puede ser desmantelada."

   Hubo, sin embargo, gran agitación tras la
destrucción del decorado de una ventana y de la
capilla Bete Amanuel. En consecuencia, los
residentes de Lalibela formaron una comisión de
10 miembros para observar los esfuerzos de restauración y protección.

   "La cubierta fue favorecida por Unesco porque
no requería perforar en las rocas, lo que habría
sido necesario si se llevaba a la práctica el
diseño arquitectónico ganador", según Markus
Theobald, director del área de infraestructura de
la delegación de la Comisión Europea, rama ejecutiva de la UE, en Etiopía.

   "La solución elegida es menos bella que el
diseño arquitectónico ganador, pero mucho más
agradable que los andamios con lona alquitranada que había antes allí", 
agregó.

   Los residentes son conscientes de que debe
hallarse una solución para proteger este legado
único, aunque no se encuentran a gusto con los
planes, ejecutados por arquitectos de Italia
–nación que estuvo dos veces en guerra con
Etiopía– y supervisados por organismos
gubernamentales en la capital, Addis Abeba, y en Bruselas.

   "No es hermoso, pero es mejor que nada", dijo
Getaye Mengiste, un guia de turismo que trabaja
en el lugar. "Estas iglesias han sufrido mucho
tiempo la lluvia y la arena. Colocar alguna clase de protección es 
esencial."
(FIN/IPS/traen-jsp-mj/md/tg/af cr ae fe/08)