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¿Y yo por qué…?

 

 

 

 

 

Existe una paradoja en las estrategias de los negocios: así como pueden ser exitosas, también pueden ser desastrosas. No existe certeza en los actos de administración, los directivos y empleados de las empresas son evaluados conforme a sus resultados; por ello, podríamos decir que todos los integrantes de cualquier organización están de acuerdo y desean lograr el éxito, lo cual incluye: desarrollo profesional, realización personal, mejoramiento del nivel y calidad de vida, entre otras buenas razones.

Ricardo Varela Juárez / El Universal

 

Muchas veces se presentan impedimentos para no alcanzar esos objetivos, uno de ellos lo apoyamos en la segunda ley de Newton: “Cada acción produce una reacción en su contra”. A manera de ejemplo mencionamos: cuando no se quiere reconocer que aún no se ha logrado el éxito. Con facilidad se olvida que el éxito es efecto de una causa, el cambio o cambios que se realicen en las personas; por lo tanto, la pregunta que debe plantearse es: ¿en qué necesito cambiar para tener éxito? Mientras no se tenga la respuesta, no es posible determinar las acciones a realizar para lograrlo.

 

¿Qué hemos hecho para cambiar nuestra realidad? Marchamos para protestar y nos han prometido algo, que esperamos no quede en el papel como tantas cosas; por ello, me parece injusto dejar todo en manos de la Virgencita de Guadalupe, es tiempo de cambiar nuestra actuación; la pasividad nos ha dejado fuera de la construcción de nuestro futuro. Si delegamos la toma de decisiones seguiremos siendo responsables de ellas.

 

No existe ningún problema lejano, todos nos atañen, recuerdo un cuento que me contaron hace tiempo y que comparto con ustedes.

 

Había una granja en la que vivían varios animales, entre ellos un ratón. Un día el dueño puso una ratonera. El ratón de inmediato fue a ver a la vaca suplicándole le ayudara a quitar ese artefacto letal, a lo que la vaca le dijo: “Yo no visito la zona donde está puesta la ratonera, ese no es mi problema”. Ante esa respuesta fue a ver al cordero, quien también le contestó con una evasiva; por último, le pidió ayuda a la gallina que, lejos de escucharlo, lo corrió de su casa diciéndole: “ese no es mi problema”.

 

Pasados unos días, la esposa de granjero escuchó un ruido que venía de la ratonera, como si ésta se hubiese activado. Al acercarse vio que una serpiente era la intrusa. Al ser sorprendida por el reptil, la señora fue mordida y su marido tuvo que llevarla al hospital.

 

Días después del incidente la esposa regresó a su casa y, como estaba enferma, le prepararon un caldo de gallina; para agradecer a todos los vecinos las atenciones que les habían brindado con motivo del accidente, les invitaron una comida cuyo plato principal fue cordero. Después y debido a los días que el granjero no había trabajado, tuvo que vender la vaca.

 

No existe ningún problema que esté lejos, no hay nada demasiado lejos. Como dijo Amado Nervo, cada uno de nosotros es arquitecto de su destino, la pasividad es aceptación, sumisión y obediencia. Me parece incómoda y desafortunada la frase del ex presidente Fox cuando, al tratar de deslindarse de un problema, dijo: “¿Y yo por qué…?”. Si todos contestamos así seguiremos sin lograr el cambio que necesitamos y del cual todos somos parte.

 

 

 

Profesor e investigador de la FCA-UNAM