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Creemos en una iglesia apostólica


Column by Archbishop Jose H. Gomez 

Cuando recitamos el Credo cada domingo, señalamos públicamente que creemos en una iglesia “santa, católica y apostólica”.
 

Santa, porque nace y se nutre de la santidad de Cristo, católica porque es universal — esto es lo que la palabra “católica” significa en griego; y apostólica, porque está edificada en la sucesión apostólica.
 

En efecto, los obispos, por designio de Dios, son sucesores de los apóstoles, los discípulos escogidos personalmente por el mismo Señor Jesús.
 

San Pablo insistió en esta doctrina central para la iglesia en sus diversas cartas, pero especialmente en las últimas de su epistolario, llamadas “cartas pastorales” porque se enviaron a quienes eran pastores de la iglesia de entonces y estrechos colaboradores de San Pablo: dos a Timoteo y una a Tito. 

Timoteo fue el primer obispo de Éfeso (en la actual Turquía); Tito fue obispo de la isla mediterránea de Creta.
 

En estas cartas, el Apóstol de Gentes, cuyo Año Jubilar el Papa Benedicto XVI clausurará este mes, recuerda a sus dos discípulos que ellos son sucesores de los apóstoles, y que tienen que cuidar de manera especial este don recibido de Dios para el bien de todos los fieles.
 

En efecto, San Pablo advierte a Timoteo: “no descuides el carisma que hay en ti y que se te comunicó por intervención profética mediante la imposición de las manos”. (1 Tm 4:14)
 

En la misma carta, Pablo describirá algunas de las características de un obispo: éste debe ser “prudente”, “de conducta decorosa”, “hospitalario”, “amable” y “apto para enseñar”. (ver 1 Tm 3:2-7)

Es en este espíritu que los obispos norteamericanos que conformamos la Conferencia de Obispos Católicos de los Estados Unidos (USCCB) nos reunimos como hermanos, sucesores de los apóstoles, esta semana en San Antonio.

 

Nuestra arquidiócesis tiene la gran bendición de ser anfitriona de mis hermanos obispos, quienes servimos a la iglesia con nuestro ministerio apostólico. No nos reunimos como “funcionarios”, ni como “administradores”. En el espíritu de San Pablo, nos reunimos como hermanos y como pastores del pueblo de Dios, que quieren celebrar la fe, repitiendo las palabras del Salmo: “Ved qué dulzura, qué delicia convivir los hermanos unidos”. (Sal 133)

 

En nuestra reunión anual de primavera de la USCCB, los obispos norteamericanos queremos poner por obra lo que el Papa Benedicto XVI dijo recientemente explicando las cartas pastorales de San Pablo: “una característica personal especial (de los obispos), es la de la ‘paternidad’. En efecto, al obispo se lo considera padre de la comunidad cristiana”. (Audiencia General del 28 de enero de 2009)
 

Espero que terminemos esta reunión renovados en nuestro objetivo común, listos para enfrentar los desafíos que nos esperan con la misma ternura paternal que tuvo San Pablo. (Gal 4:19) Que tengamos su valentía, para sacrificarnos y competir en la noble competición, conservar la fe y llegar a la meta en la ca-rrera. (cf. 2 Tm 4:7)
 

En estos días de nuestra reunión de primavera, quiero exhortar a los fieles de la Arquidiócesis con las mismas pala-bras con las que el Papa Benedicto concluyó su Audiencia General dedicada a las cartas pastorales de San Pablo: “oremos para que los pastores de la iglesia tengan sentimientos cada vez más paternos, a la vez tiernos y firmes, en la formación de la casa de Dios, de la comunidad, de la iglesia”.
 

Y oremos de manera especial a Dios por la intercesión de San Juan María Vianney, el santo Cura de Ars, a quien el Papa ha señalado como patrono de este año dedicado a la santidad de los sacerdotes, para que inspiremos a los fieles a buscar siempre la verdad.

 

 

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