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El Papa Benedicto XVI, mesajero de la esperanza

    El Papa Benedicto realizará su primera visita apostólica a los Estados Unidos del 15 al 20 de abril. El viaje de seis días comenzará en Washington, D.C. y terminará en la ciudad de Nueva York. Aunque el Santo Padre estará en nuestro país por pocos días, y no estará físicamente cerca de nuestra arquidiócesis, su viaje tiene un valor histórico para todo Estados Unidos, especialmente para los Católicos.

    El viaje, en efecto, incluirá algunos eventos y lugares emblemáticos para nuestro país y para el mundo: el Santo Padre visitará la Casa Blanca, hablará a la Asamblea General de las Naciones Unidas, y visitará la Zona Cero. Además, participará de varios eventos públicos, incluyendo la Misa en el estadio de los Nationals en Washington y en el estadio de los Yankee en Nueva York. Y también tendrá una reunión con los obispos norteamericanos, en el Santuario Nacional de la Inmaculada Concepción.

    Es importante poner atención en el tema de su visita, “Cristo, nuestra esperanza”.Él mismo lo ha escogido, y yo creo que es más importante que los lugares que va a visitar, o las autoridades con quien se va a reunir.
    ¿Por qué Benedicto XVI escoge este tema? Porque como él mismo ha señalado en su última Encíclica “Spe Salvi” (Salvados por la Esperanza), en nuestros tiempos, corremos el riesgo de caer en un mundo donde las promesas seculares pueden crear muchas ilusiones, pero no son capaces de proporcionar la verdadera esperanza que el hombre necesita para poder vivir.

    Al respecto, el Santo Padre escribía: “Todos nosotros hemos sido testigos de cómo el progreso, en manos equivocadas, puede convertirse, y se ha convertido de hecho, en un progreso terrible en el mal.
    “Si el progreso técnico no se corresponde con un progreso en la formación ética del hombre, con el crecimiento del hombre interior, no es un progreso sino una amenaza para el hombre y para el mundo… Digámoslo ahora de manera muy sencilla: el hombre necesita a Dios, de lo contrario queda sin esperanza”. (Spe Salvi 22-23)

    Ese es pues el gran objetivo de la próxima visita del Papa a nues-tro país: recordarnos que Cristo es nuestra esperanza; que Él es la única esperanza del mundo. No cabe duda que Benedicto XVI será recibido en los Estados Unidos con cortesía e incluso con simpatía.

    Hace poco, los Caballeros de Colón dieron a conocer que el 58 por ciento de los norteamericanos tiene una visión positiva del Santo Padre, casi 60 por ciento dice que de todas maneras seguirá la visita del Papa a través de los medios, y el 42 por ciento, entre ellos muchos evangélicos, está interesado en presenciar por lo menos uno de los eventos programados durante su visita.

    Las cifras pueden ser entusiasmantes, pero para nosotros los Católicos se trata de mucho más que un evento que concluirá cuando veamos partir el avión que llevará al papa de retorno a Roma.

    Para nosotros, por el contrario, la visita papal debe ser una ocasión para acoger las enseñanzas del vicario de Cristo en la tierra. El Papa Benedicto XVI nos ayudará a aplicar en nuestra vida diaria aquella verdad fundamental que estamos celebrando en estos días de Pascua: que Cristo es la fuente, la raíz y la razón de la esperanza cristiana.

    Por eso es que deseo encomendar a las oraciones de todos los fieles de la arquidiócesis los frutos del próximo viaje papal.

    El papa sembrará semillas de esperanza, pero los frutos de caridad sólo los veremos florecer si acogemos las enseñanzas que el papa nos entregará y luego, tras su partida, las aplicamos en nuestra vida personal, en nuestras parroquias, en nuestros centros de estudio y en el ámbito público.

    La visita del papa a nuestro país trae a la memoria la visita del Siervo de Dios, el Papa Juan Pablo II a nuestra ciudad. Por lo tanto, este es un momento oportuno para recordar sus palabras y renovar nuestro compromiso de seguir en nuestra jornada de fe y amor en la esperanza de compartir nuestra fe con la sociedad actual.

    “Ahora”, nos dijo el Papa Juan Pablo II en 1987, “es su turno de ser evangelizadores los unos de los otros y de todos aquellos cuya fe es débil o que aun no se han entregado al Señor. No sean menos celosos en la evangelización y en el servicio cristiano que sus antepasados”.

    Ruego de todo corazón para que nuestra identidad Católica y nuestro sentido de responsabilidad histórica nos preparen de la mejor manera para acoger las enseñanzas que nos traerá el vicario de Cristo.

Fuente: Today’s Catholic Newspaper, 2004