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Eligen los jesuitas a su nuevo Papa Negro

Misioneros y educadores; viajeros y descubridores; cartográfos y geógrafos; hombres de teología y espada, de ciencia y espiritualidad; conspiradores políticos o pacificadores, santos y pecadores; rebeldes y, paradójicamente, sumisos a la supremacía del Papa en turno, los jesuitas han sido, desde la fundación de la Compañía de Jesús por Ignacio de Loyola (né Iñigo López de Recalde en 1491 o 1495 en su ancestral castillo de Loyola en la provincia vasca de Guipúzcoa), aprobada por Roma en 1540, una de las órdenes religiosas más importantes, controvertidas y respetadas de la cristiandad.
Así las cosas, después de casi 25 años de que los jesuitas fueron dirigidos por el holandés Peter Hans Kolvenbach, el sábado 19, la 35 Congregación General de la Compañía, reunida en Roma, eligió al 29 Papa Negro de su historia.

Por Bernardo González Solano. Revista Siempre!

En la segunda ronda de los 217 electores, por mayoría simple, eligieron, en forma vitalicia —al políglota: lee 11 idiomas y habla seis, incluyendo el japonés—, a Adolfo Nicolás Pachón, de 71 años de edad, como el nuevo prepósito general de los jesuitas. Palentino de origen, Nicolás Pachón es el séptimo español en ocupar ese cargo en 474 años.

Aunque ni los voceros oficiales jesuitas, ni el periódico vaticano L’Osservatore Romano lo han dicho, el hecho es que la elección de Adolfo Nicolás Pachón es en principio, la continuación de la obra del padre Pedro Arrupe —el bilbaíno que dirigió a la Compañía de 1965 a 1983 y que después del Concilio Vaticano II tuvo serios enfrentamientos con el Papado—, aunque sin que pueda llegar a la rispidez que hubo entre el vasco y Juan Pablo II, que entre otras causas se debió al apoyo jesuita a los curas de la Teología de la Liberación y, en segunda, a la apertura de la Iglesia católica y a su labor misionera en Asia, cuya irrupción mundial es más que evidente. Por coincidencia, tanto Arrupe como Nicolás Pachón vivieron muchos años en el Lejano Oriente, principalmente en Japón.

Al respecto, hay que citar lo que dice Jonathan Wright, en su libro Los jesuitas. Una historia de los “soldados de Dios”: “…En Asia, donde el número de novicios que ingresan en la Compañía crece de año en año; en los ministerios de miles de sacerdotes bienintencionados y que no provocan ningún escándalo, y que frente a un mundo que muchas veces los desdeña por irrelevantes consiguen mantener la visión de Loyola. Como siempre, la historia de la Compañía está marcada tanto por las crisis como por los logros”.

De hecho, el jesuita español Fernando García Gutiérrez, asistente al “cónclave” donde fue electo Nicolás Pachón, declaró, satisfecho por el nombramiento de su paisano que “la Congregación mire en Asia es evidente que hay que plantearse a Oriente como el futuro”. Además, no se olvide que el propio Adolfo Nicolás declaró en 2002 que “Asia tiene aún mucho que ofrecer a la Iglesia, a la Iglesia eterna”.

No se doblegarán

Hay que aclarar que aunque en los días anteriores al inicio de la 35 Congregación General de la Compañía de Jesús no se mencionaba el nombre de Adolfo Nicolás, su nombramiento no es totalmente inesperado —contra todo pronóstico—, sobre todo porque ya es un hombre mayor, de 71 años de edad. Así, cuenta Juan José Tamayo, en su excelente artículo titulado “Crítico con el Vaticano”, que “en la Congregación General de 1983, de la que era secretario general, fue uno de los nombres que más sonó para suceder a Arrupe con el que mantiene no pocas similitudes: los dos son españoles; fueron destinados muy jóvenes a Japón (Arrupe en 1938; Nicolás en 1960), donde echaron raíces; se comprometieron con la renovación de la Compañía de Jesús en una triple dirección: la inculturación de la fe frente al imperialismo cultural-cristiano occidental, la lucha por la justicia como criterio de verificación de la fe y el diálogo con el mundo moderno, caracterizado por la secularización… Con la elección de Nicolás entonces la confrontación Vaticano-Compañía de Jesús era más que previsible. Al final se impuso la proverbial prudencia jesuítica y fue elegido el holandés Kolvenbach… Normalizadas las relaciones con el Vaticano, los delegados de la Congregación General han optado por recuperar la línea de Arrupe, adoptada, eso sí, a los nuevos desafíos. Nicolás cuenta con un sólido bagaje teológico, una presencia ininterrumpida durante casi cuarenta años en Extremo Oriente, donde se está produciendo una revitalización del cristianismo, con una prolongada experiencia de gobierno y de talante abierto y moderadamente crítico con el Vaticano, ante quien, bien seguro, seguro no va a doblegarse”.

Buenas cualidades

Sin mayores dramatismos, los jesuitas aceptaron la elección del nuevo prepósito general, así como también lo hizo el Vaticano por medio de una edición especial de L’Osservatore Romano —después de que en el segundo escrutinio, los 217 electores entre los 225 participantes en la segunda Congregación General daban la mayoría absoluta al candidato que escogieron los jesuitas—, en la que se resaltó la personalidad del elegido: “Reúne las cualidades requeridas para una revitalización de la Compañía, según las indicaciones de la carta enviada por el papa Benedicto XVI al padre Peter Hans Kolvenbach al comienzo de la Congregación General”.

Para una orden religiosa como la Compañía de Jesús caracterizada por su “cuarto voto” de obediencia al Papa, la sintonía con el Vaticano es un elemento fundamental para los casi veinte mil sacerdotes jesuitas en todo el mundo, repartidos en 127 países, sobre todo en Asia Meridional y Estados Unidos de América, las regiones con mayor número de jesuitas, orden que su bagaje histórico religioso cuenta con 50 santos (los últimos fueron Alberto Hurtado y José María Rubio) y 146 beatos. Controlan los jesuitas centenares de instituciones educativas, muchas universidades de primer nivel, institutos de investigación, aparte de las obras religiosas.

En declaraciones hechas a la revista de los jesuitas en Australia, Province Express, Nicolás Pachón dijo en diciembre último: “Es necesario una reflexión más profunda sobre nuestra vida religiosa en la actualidad para responder a una pregunta dolorosa: ¿Cómo es posible que despertemos tanta admiración y tan pocas vocaciones?”. Este es, no sólo para los jesuitas, sino para toda la jerarquía eclesiástica, uno de los mayores problemas de la Iglesia católica en todo el mundo: la falta de vocaciones sacerdotales. El clero católico está formado, en su gran mayoría, por sacerdotes viejos y algunos en plena ancianidad. A la Iglesia católica le urgen mayores vocaciones que lleguen a los seminarios.

Adolfo Nicolás Pachón nació el 29 de abril de 1936 en Palencia, España; entró al noviciado de Aranjuez en 1953 y se licenció en Filosofía en Alcalá de Henares en 1960; desde 1964 a 1969 estudió teología en Tokio, donde conoció y trabajó con Pedro Arrupe. Fue ordenado sacerdote en la capital japonesa el 17 de marzo de 1967. Dedicó tres años en Roma para cursar un master en teología en la Pontificia Universidad Gregoriana y, en 1971, regresó como profesor de la Sophia University en Tokio donde pasaría casi todo el resto de su vida —salvo un paréntesis de seis años dirigiendo el Instituto Pastoral de Manila, Filipinas— y del que fue provincial entre 1993 y 1999.

Durante tres años atendió una parroquia de inmigrantes, en su mayoría filipinos, en Tokio. En 2004 volvió a Manila como presidente de la Conferencia Jesuítica de Asia Oriental y Oceanía.
Ahora, Ad Maiorem Dei Gloriam (AMDG), como  dice el motto de la Compañía será prepósito general de la Compañía, hasta que Dios quiera. Nuevo Papa Negro sin fumata blanca.