MyCityLinked

Browse By

MyCityLinked

En la Festividad de Cristo Rey: Misericordia quiero y no sacrificios

“La Iglesia Madre y Maestra”

 

En 1900, el Rancho Santa Ana de Guadalupe, enclavado en Jalostotitlán, Jalisco, fue testigo del nacimiento de José Toribio Romo González, el tercero de cinco hijos, de un matrimonio de campesinos y quien fuera uno de los sacerdotes más jóvenes del México, gobernado por Plutarco Elías Calles.

 

Dedicado a la atención de los obreros y jóvenes, de 1922 a 1927 ejerció su ministerio en la localidad de Tequila, uno de los municipios donde se perseguía con mayor rencor a los sacerdotes. Fue el presidente municipal José Cuervo quien, enterado de que el joven ministro celebraba una Misa diaria a escondidas, fraguo una emboscada en la que Toribio Romo fue acribillado sobre los brazos de su hermana María. Para entonces, el sacerdote se había ganado la fama de santidad.

 

El 21 de mayo fue elevado a los altares por el Papa Peregrino Juan Pablo ll de Feliz memoria, junto con otros 24 compañeros mártires, encabezados por el sacerdote Cristóbal Magallanes.


Patrono de los Migrantes

 

Tras la muerte de José Toribio Romo, solo algunos devotos visitaban la Capilla de Santa Ana, donde reposan sus restos, pero en poco tiempo comenzaron a arribar fieles de Jalisco, Zacatecas, Aguascalientes, Tabasco, Sinaloa y Michoacán. En breve fue que las faldas del “Cerro la Mesita”, donde se encuentra erigida la capilla, se convirtiera en un improvisado estacionamiento de automóviles con placas estadounidenses. Peregrinos Mexicanos de Norteamérica visitan al Santo Patrono, para agradecer su intermediación.

 

Y es que muchos de los favores atribuidos a Santo Toribio tienen que ver con la ayuda a los migrantes. Destaca el testimonio de un Zacatecas que había salido de México con la intención de trabajar en Estados Unidos, pero fue asaltado y abandonado en el desierto por un “pollero”. Al quedar desamparado y al borde de la muerte, pidió a Dios su auxilio y el milagro ocurrió, pues cuenta que un hombre delgado y de ojos azules, a bordo de una camioneta, lo invito a subir.

 

Luego de escucharle, le dijo que no se preocupara y que el lo ayudaría…. ¡Y así lo hizo! Ya en territorio estadounidense, le obsequio unos dólares y lo condujo a una fabrica donde fue contratado.

 

El indocumentado le pregunto como podía pagar el favor y el respondió que cuando tuviera dinero para hacerlo fuera a Santa Ana, Jalisco, y preguntara por Toribio Romo.

 

Tiempo después, regreso a México y en Santa Ana busco a su bienhechor con la intención de retribuirle el favor. Un lugareño le dijo: “Esta en la Iglesia”. El joven se dirigió al templo donde encontró su imagen en el retablo del altar principal.

 

Lo reconoció y estupefacto cayó de rodillas. Mas tarde, se entero que Toribio Romo, había muerto 70 años atrás. Como este existen muchos testimonios cuyo principal protagonista es el santo de los Saltos de Jalisco.

 

Evangelio en la Festividad de Cristo Rey

 

+Mt 25,31-45)

 

"Y cuando viniere el Hijo del hombre en su majestad, y todos los ángeles con él, entonces se sentará sobre el trono de su majestad: Y serán congregadas ante él todas las gentes y apartará los unos de los otros, como el pastor aparta las ovejas de los cabritos: Y pondrá las ovejas a su derecha y los cabritos a la izquierda. Entonces dirá el Rey a los que estarán a su derecha: Venid, benditos de mi Padre, poseed el reino que os está preparado desde el establecimiento del mundo: Porque tuve hambre, y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber; era huésped, y me hospedasteis; desnudo, y me cubristeis; era enfermo, y me visitasteis; estaba en la cárcel, y me vinisteis a ver. Entonces le responderán los justos, y dirán: Señor, ¿cuándo te vimos hambriento y te dimos de comer, o sediento y te dimos de beber? ¿Y cuándo te vimos huésped y te hospedamos, o desnudo y te vestimos? ¿O cuándo te vimos enfermo o en la cárcel y te fuimos a ver? Y respondiendo el Rey les dirá: En verdad os digo, que cuando lo hicisteis a uno de estos mis hermanos pequeñitos, a mí lo hicisteis. Entonces dirá también a los que estarán a la izquierda: Apartaos de mí, malditos, al fuego eterno, que está aparejado para el diablo y para sus ángeles. Porque tuve hambre y no me disteis de comer, tuve sed y no me disteis de beber. Era huésped y no me hospedasteis; desnudo, y no me cubristeis; enfermo y en la cárcel, y no me visitasteis. Entonces ellos le responderán, diciendo: Señor, ¿cuándo te vimos hambriento, o sediento, o huésped, o desnudo, o enfermo, o en la cárcel y no te servimos? Entonces les responderá diciendo: En verdad os digo, que en cuanto no lo hicisteis a uno de estos pequeñitos, ni a mí lo hicisteis". 

 

Reflexión 

 

Ya los profetas en todas partes anunciaban: Misericordia quiero y no sacrificios?

 

Jesús advierte en el Evangelio como ellos descuidaron no una ni dos, sino todas las obras de misericordia. Pues no sólo no dieron de comer al hambriento, ni vistieron al desnudo, pero ni siquiera visitaron al enfermo, que era la cosa más fácil y ligera. 

 

Y mira cómo abandonaron la misericordia no en un sólo concepto, sino en todos.

 

Primero, la facilidad en dar lo que se pide (pues era pan); segundo, la miseria del que pedía (pues era pobre); tercero, la compasión de la naturaleza (pues era hombre); cuarto, el deseo de alcanzar lo que se prometía (pues prometía el reino); quinto, la dignidad del que recibía (pues era Dios el que recibía por medio de los pobres); sexto, la superabundancia del honor (porque se dignó recibir de mano de los hombres); séptimo, lo justo que era dar (pues recibía de nosotros lo que es suyo): mas los hombres ante todas estas cosas son cegados por la avaricia. 

 

La recompensa no es recibid el Reino, sino poseed, o por mejor decir, heredad; como bienes familiares, o más bien paternos, como bienes vuestros que se os deben desde hace mucho tiempo, por esto se dice: El reino que os está preparado desde el establecimiento del mundo. 

 

Y por qué méritos los escogidos reciben los bienes del reino celestial, lo manifiesta cuando añade: "Porque tuve hambre, y me disteis de comer".

 

En un sentido místico observa las leyes del verdadero amor, quien al que tiene hambre y sed de justicia le alimenta con el pan de la palabra, o bien le da de beber la bebida de la sabiduría, y el que recibe en la casa de la Madre Iglesia al que anda errante por la herejía o por el pecado, y el que admite al que está enfermo en la fe. 

 

"Son hermanos míos, los que hacen la voluntad de mi Padre"