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Esclavos de un plástico…. ¿Será posible?

 

 

Por Alvaro Alarcón Cisneros

 

 

Desde un principio el hombre ha librado una lucha incesante por un término que llamó Libertad. Está palabra que engloba sin duda alguna todos los derechos y al mismo tiempo los deberes que le son inéditos al ser humano. Pero aunque nos parezca increíble el hombre se hace esclavo bajo su propia voluntad, debido a decisiones que sin duda alguna no son acertadas. Pensemos por un momento en aquellos compromisos financieros que hemos adquirido, sin que nadie nos haya puesto una soga en el cuello y que ahora no podemos salirnos ellos. Particularmente tengo ésta preocupación en mi corazón y me refiero al uso inadecuado de las Tarjetas de Crédito o Dinero Plástico.

Las tarjetas de crédito son un instrumento indispensable para el mundo globalizado en el que vivimos. Podemos acceder a través del Internet a mercados internacionales donde la posesión de la misma nos brinda todas las comodidades para realizar cualquier compra. El uso de la misma nos dá seguridad al no tener que manipular en efectivo o si al momento de realizar una compra no tenemos los fondos disponibles en una cuenta corriente o de ahorros; la línea de crédito que se dispone en la misma nos sacaría del apuro. Son innumerables los beneficios que podrían brindarnos una tarjeta de crédito.
 

Pero analicemos ahora el lado negativo. La mayoría de los tarjetas habientes ignoramos en realidad el principio básico de la misma, el cual es: “lo que se consume debe cancelarse al momento de su facturación”. Si partimos del presupuesto del hogar, que no es otra cosa que repartir los recursos entre una variedad de gastos posibles durante el mes, sería errado pensar que como ahora, disponemos de un límite de crédito con una tarjeta, podríamos tener gastos mayores que lo que hubiésemos tenido anteriormente sin la misma. Sino prevemos de ante mano en el presupuesto los gastos acarreaos por los consumos de ella, la solución inmediata sería el pago mínimo y caer en un financiamiento que no esperábamos.

Al mes siguiente volvemos a consumir y el saldo deudor se hace aun más grande y así sucesivamente. En conclusión se entra en un círculo vicioso que se sabe cuando se entra pero no cuando se sale. En el libro de los Proverbios 22: 7 encontramos: “los ricos son los amos de los pobres; los deudores son esclavos de sus acreedores”.
 

Dios le ha dado al hombre las habilidades y el éxito para crear, diseñar y producir lo inimaginable, introduciendo en los mercados un sin fin de insumos que junto a los mensajes subliminales de la publicidad nos inducen al consumo. Paralelamente en cualquier sitio donde vayamos encontramos los avisos publicitarios de aceptación de tarjetas de crédito como forma de pago. Seguramente nos preguntaremos, ¿ qué podremos hacer para evitar gastar?.

La respuesta es muy sencilla y es que cada uno de nosotros deberíamos aprender a ser felices en el lugar económico en el que Dios nos ha colocado. Aceptar lo que Dios ha escogido para nuestra actual vida financiera. Y esto sólo se logra cuando tengamos esa paz interior que debe ser el norte de cada uno de nosotros, apoyados en esa palabra que encontramos en Hebreos 13:5 que dice: “Manténgase libres del amor al dinero, y conténtese con lo que tiene, porque Dios ha dicho: Nunca te dejaré; jamás te abandonaré”.