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Farewell to Bishop Zurek — vaya con Dios

Monseñor Patrick Zurek, vaya con Dios
 
    Cuando recibí la noticia de que el Papa Benedicto XVI había nombrado a Mons. Patrick Zurek como Obispo de Amarillo, tuve una mezcla de emociones. Personalmente, voy a echar de menos su amistad, sus prudentes consejos, sus muchos dones, y su trabajo incansable en la Arquidiócesis de San Antonio.Sé que ustedes se unen a mí para felicitarlo, mientras él se prepara para empezar este nuevo capítulo en su generoso servicio a la Iglesia.

    Cuando fue consagrado obispo en 1998, Monseñor Patrick Zurek escogió “Secundum Cor Tuum” que significa “Según Su Corazón” como su lema episcopal. Este lema ha sido inspirado en Jeremías 3, 15: “Os daré pastores según mi corazón”, de donde también sale el titulo de la Exhortación Apostólica de Juan Pablo II sobre el sacerdocio, Pastores Dabo Vobis.

    En la explicación dada por el Diácono Paul Sullivan sobre los símbolos del escudo de armas y del lema episcopal de Mons. Zurek, se lee: “como alguien que ha estado muy involucrado en el apostolado vocacional, Monseñor Zurek sabe que es su responsabilidad ser líder él mismo, y ayudar a formar líderes para la Iglesia, siguiendo las palabras y acciones de Cristo cuando dice: “Os daré pastores según mi corazón”; haciendo lo que Cristo nos ha pedido a todos”.

En sus diez años como obispo auxiliar en la Arquidiócesis de San Antonio, y sus treinta y tres años como sacerdote, Monseñor Zurek ha vivido el espíritu de su lema en su servicio fiel y liderazgo. Una vez más, en Pastores Dabo Vobis, el Papa Juan Pablo II menciona el Prefacio de la liturgia de la Misa del Crisma y las palabras que se refieren a la vocación sacerdotal: “Ellos renuevan en nombre de Cristo el sacrificio de la redención, y preparan a tus hijos al banquete pascual, donde el pueblo santo se reúne en tu amor, se alimenta de tu palabra y se fortalece con tus sacramentos.” En este espíritu, Monseñor Zurek ha dado testimonio de su amor por el sacerdocio y de su dedicación al llamado a ser pastor en Cristo.

    Por una década Monseñor Zurek ha realizado un variado ministerio en la Arquidiócesis de San Antonio. Su habilidad para trabajar en espíritu de cooperación, ha ayudado en la implementación del Sínodo Arquidiocesano, ACTS Missions, el Seminario de la Asunción, CTSA y muchos otros ministerios e iniciativas.
    También ha trabajado incansablemente por la Arquidiócesis de Tegucigalpa, Honduras, ayudándolos a reconstruir sus vidas después del Huracán Mitch. Por medio de su liderazgo, muchas personas de nuestra arquidiócesis han podido ayudar aquellos que perdieron todo en el tercer país más pobre de América Central, a través de un proyecto de construcción de viviendas llamado “Divina Providencia”, ofrecido en paralelo con otros servicios materiales y espirituales.

    Monseñor Zurek siempre estuvo dispuesto a asumir nuevos desafíos cuando necesario. Su ayuda al Arzobispo Flores y a mí en el establecimiento de políticas y procedimientos para la implementación del Estatuto para la Protección de Niños y Jóvenes ha sido muy importante. Su compasión y dedicación nos han ayudado a implementar el Estatuto en un verdadero espíritu de reconciliación.

    La supervisión y guía que ha brindado a la Oficina de Asistencia a Víctimas y de Ambiente Seguro ha sido muy importante para que todas las parroquias, escuelas y ministerios católicos de nuestra Arquidiócesis sean un lugar seguro para nuestros niños.

    El Papa Pablo VI, quien ordenó a Monseñor Zurek sacerdote, es citado en Pastores Dabo Vobis, hablando del compromiso pleno que implica el sacerdocio: “Hace falta hacerse hermanos de los hombres en el momento mismo que queremos ser sus pastores, padres y maestros. El clima del diálogo es la amistad. Más todavía, el servicio”. Los fieles de Amarillo serán enriquecidos por su nuevo Obispo que llega lleno de fe, dedicación y con el corazón de un profesor y pastor.

    Al comienzo de sus nuevas responsabilidades como Obispo de Amarillo, ofrezco por Monseñor Zurek esta oración de San Rafael Guízar y Valencia: “Dios lo colme de Sus bendiciones y lo llene de Su santo amor”.
 

 Farewell to Bishop Zurek — vaya con Dios 

    When I first heard that Pope Benedict XVI had appointed Bishop Patrick J. Zurek as the bishop of Amarillo, I received the news with mixed emotions. I will personally miss his friendship, his trusted counsel, his many gifts and his tireless work on behalf of the people of the Archdiocese of San Antonio. I know you join me in congratulating Bishop Zurek as he begins this new chapter in his distinguished service to the church.

    Ordained a bishop in 1998, Bishop Zurek adopted as his motto “Secundum Cor Tuum,” which means “After your own heart.” The motto was inspired by Jeremiah 3:15, “I will give you shepherds after my own heart,” which also became the title of Pope John Paul II’s Apostolic Exhortation on the priesthood, Pastores Dabo Vobis.

    In Deacon Paul Sullivan’s essay that explains the meanings behind the symbols of Bishop Zurek’s coat of arms and his motto, he wrote, “As one who has been so involved in the apostolate of vocations, Bishop Zurek knows that it is his job to be and to help develop leaders of the church by imitating the words and actions of Christ, “I will give you shepherds after my own heart, in doing what Christ has called us all to do.”

    In his 10 years as auxiliary bishop in the Archdiocese of San Antonio, and his 33 years as a priest, Bishop Zurek has lived the spirit of his motto through his faithful service and inspired leadership.
    Again, in Pastores Dabo Vobis, Pope John Paul II points to the preface of the liturgy of the Chrism Mass and its words concerning the priestly vocation, “He calls them to lead your holy people in love, nourish them by your word and strengthen them through the sacraments.” In that spirit Bishop Zurek has witnessed to his love for his priesthood and his dedication to his role as a shepherd in Christ.

    For a decade Bishop Zurek ministered effectively in a variety of areas throughout the Archdiocese of San Antonio. His ability to work with a collaborative spirit enriched the implementation of the archdiocesan Synod, ACTS Missions, Assumption Seminary, CTSA and many other ministries and initiatives.

    He has continued to work tirelessly as a powerful advocate for the Archdiocese of Tegucigalpa, Honduras, helping them to rebuild their lives in the wake of Hurricane Mitch. As a result of Bishop Zurek’s leadership, the people of the archdiocese have helped many of those who were left homeless in this, the third poorest country in Central America, building a housing project called, Divina Providencia, in addition to other material and faith centered ministries.

    Bishop Zurek has been willing to take on other challenging jobs when needed. He was instrumental in helping both Archbishop Flores and me establish policies and procedures to conform to the Charter for the Protection of Children and Young People. Bishop Zurek’s compassion and dedication helped the archdiocese to implement the Charter in a true spirit of reconciliation.

    His supervision of the Office of Victim Assistance and Safe Environment guided them in their efforts to make every Catholic parish, school and place of ministry a safe harbor for our children.

    Pope Paul VI, who ordained Bishop Zurek as a priest, is quoted in Pastores Dabo Vobis concerning the complete commitment of the priesthood, “We must become brothers to all at the very same time as we wish to be their shepherds, fathers and teachers. The climate of dialogue is friendship. Indeed it is service.”

    The people of Amarillo will be greatly enriched by their new bishop as he comes to them with great faith, dedication and the heart of a teacher and shepherd.

     As Bishop Zurek begins his new role as bishop of Amarillo, I send this prayer with him, as it was offered by St. Rafael Guízar y Valencia, “May God overwhelm you with his blessings, and fill you with his holy love.”
 
Search: Today’s Catholic Newspaper, 2004