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Fernando Lugo, de obispo católico a Presidente de la República



 

La toma de posesión del nuevo Presidente de Paraguay, el 15 de agosto en Asunción, Fernando Lugo, de 57 años de edad, el ex obispo de San Pedro del Paraná (donde llegó al mundo en el seno de una familia de pocos recursos), significa el fin de seis décadas del monopolio político (61 años) del Partido Colorado y, en cierta manera, consolida el mecanismo democrático de la alternancia en el ejercicio del poder. Lugo inicia su mandato de cinco años, con un nivel de popularidad del 93 por ciento, sin manipulaciones por parte del gobierno. Algo fuera de lo común.

Por Bernardo González Solano / Revista Siempre!

Indudablemente, Paraguay quería un cambio radical en su gobierno. La pobreza y la corrupción son los principales problemas a los que enfrentará el nuevo mandatario, antiguo sacerdote católico que siempre luchó al lado de los más pobres y que ahora sabrá que no es lo mismo “predicar que dar trigo”.
Ser gobernante es algo muy diferente a predicar en la Iglesia o en la calle, sobre todo en un país de poco más de seis millones de habitantes donde sólo el 1 por ciento de la población es propietaria del 77 por ciento de las tierras cuya extensión es de 406 mil 750 kilómetros cuadrados, siendo un país mediterráneo. La asunción de Lugo a la Presidencia paraguaya repite la presencia de obispos, teólogos, sacerdotes y religiosos católicos en la vida política como una constante en Hispanoamérica desde los inicios de la Conquista hasta nuestros días. Fernando Lugo no es el primer ex sacerdote en incursionar en la política iberoamericana, ni será el último. 

Muchas ilusiones

Su llegada al poder ha provocado muchas ilusiones en las clases pobres paraguayas. ¡Ojalá no termine con una desilusión! Fernando Lugo renunció hace tres años al episcopado para dedicarse a la política y, en aquel momento, el Vaticano le puso todas las trabas posibles como acostumbra con los sacerdotes que se saltan las trancas.
Sin embargo, cuando el Vaticano se percató de que el asunto no tenía remedio y que el obispo de San Pedro había triunfado en los comicios del pasado mes de abril, con mucha “sabiduría” y “colmillo”, el propio papa Benedicto XVI lo dispensó definitivamente de sus obligaciones —algo totalmente inusual eclesiales desde el 30 de julio.
Además, Lugo tampoco quería un enfrentamiento total con sus antiguos jefes. Motu proprio declaró que continúa siendo ferviente católico. Como candidato presidencial a la cabeza de la Alianza Patriótica para el cambio, apoyado por varios grupos de izquierda desde el inicio de la campaña.
Muchos analistas previeron que el ex sacerdote católico podría ganar los comicios al Partido Colorado que llevaba más de 60 años en el poder, incluyendo la dictadura de Alfredo Stroessner.
Al conocer su triunfo, Lugo resumió su propio programa de gobierno en los siguientes términos: “A partir de hoy, mi gran catedral será todo mi país. Hasta ahora estuve en una catedral enseñando compartiendo, sufriendo, construyendo. Hoy me pongo a disposición de todos los ciudadanos de Paraguay para construir desde la política esa nación que nos merecemos todos los paraguayos, una nación más justa y fraterna, reconciliada, donde la justicia no sólo sea un objeto de lujo para algunas personas, sino para todos y todas por igual”.
De tal suerte, como escribió Juan José Tamayo, director de la cátedra de Teología y Ciencias de las Religiones de la Universidad Carlos III de Madrid, y autor del libro Para comprender la teología de la liberación, aparecido este mismo año publicado por la editorial Verbo Divino: “Para ello ha tenido de seguir a Jesús, que parece incompatible con el ejercicio del poder.
Lugo reconoce que muchas veces los políticos usurpan el poder o se aferran compulsivamente a él y cree que el poder es un proceso de construcción ideológica. Pero él ha optado por construir desde abajo, a partir de la realidad sangrante, desafiante de miseria, pobreza y exclusión en que viven los pueblos de América Latina”.

Las promesas

En una ceremonia realizada frente al edificio del Congreso nacional, en la principal plaza de Asunción, rodeado de aproximadamente 50 mil personas, Fernando Lugo —tal y como lo había prometido vistió una camisa blanca, con cuello Mao, sin corbata ni saco, calzando un nuevo par de sandalias franciscanas de cuero marrón, con rasurada barba canosa que ha lucido durante muchos años— juró el cargo al asumir la Presidencia número 48 desde la fundación de la República en 1844, para un periodo que terminará en 2003.
Primero en guaraní —en el país sobreviven 17 etnias que suman aproximadamente 100 mil personas— y después en castellano, Lugo dijo: “Hoy termina un Paraguay exclusivo, un Paraguay secretista, un Paraguay con fama de corrupción. Hoy se inicia la historia de un Paraguay cuyas autoridades y pobladores serán implacables con los ladrones de su pueblo, con acciones que nublen la transparencia y con aquellos pocos dueños feudales de un raro país del ayes enclavado en el presente… Yo renuncio a un Paraguay con jóvenes tristes. Yo anuncio, con la colaboración de todos, un Paraguay con jóvenes protagonistas de su destino… invito a la población juvenil a sumarse al proceso de cambio que se inicia, un cambio que no es una cuestión electoral… El camino en Paraguay es una apuesta cultural, quizás la más importante en su historia”.
“Nuestro gobierno —agregó Lugo— no perseguirá a nadie por ser pobre… Desde la administración se trabajará por la línea de la seguridad alimentaria y no se dejará que nadie muera de hambre a consecuencia de un abordaje escultural o por eternizar la miseria con acciones asistenciales”.
Con particular énfasis citó a los indígenas, a los campesinos, a los paraguayos en situación de emigrantes, a los niños de la calle y a los pobladores del cinturón de pobreza de la capital Asunción como los sectores que serán prioritarios en el próximo quinquenio. Ofreció su atención personal “para tumbar definitivamente el monstruo de la miseria que los condena”.
Asimismo, dos días antes de su ascensión, Fernando Lugo anunció que renunció a sus estipendios (6 mil dólares mensuales) como jefe de Estado para destinarlos a un fondo social; y aclaró que los 500 mil dólares anuales destinados a “gastos reservados” serán administrados con transparencia. Dijo que no necesitaba sueldo para trabajar por el pueblo.
Según los analistas, el discurso de Fernando Lugo fue triunfalista. Todo lo contrario.
Pintó un panorama de duro trabajo para su gobierno, centrado en la lucha contra las desigualdades sociales y la corrupción. Además, el ex obispo no abundó en el modelo de izquierda sobre el que optará, el socialdemócrata brasileño y chileno. O el populista venezolano y boliviano, aunque hizo algunas menciones específicas.
En primer lugar citó al brasileño Luiz Inacio Lula de Silva y a la chilena Michelle Bachelet (ambos presentes en la ceremonia), y más adelante se refirió a Salvador Allende. Propuso a la derrotada oposición un pacto social y prometió evitar el despilfarro y el “secretismo del Estado”. Luego sabe, además, que el Partido Colorado es la principal fuerza —con 15 escaños, uno más que su formación política— en el Senado, algo similar sucede en la Cámara de Diputados. Fernando Lugo no busca ni quiere pleitos anticipados con la oposición.

Agradecimiento a Argentina

En fin, agradeció a la Presidencia argentina, Cristina Fernández, el asilo que le hadado su país a los paraguayos. Dijo: “Cuántos habrán cantado con Carlitos Gardel el tema Volveré…, pero cuántas veces no pudieron retornar al país… Presidenta Cristina, esta es la oportunidad histórica de decir: muchas gracias”.
En Buenos Aires hay más de millón y medio de paraguayos. ¡Que la confianza no se vuelva desilusión. Suerte, Lugo!
Presunto complot golpista
Apenas habían transcurrido 16 días de su toma de posesión, el presidente paraguayo Fernando Lugo denunció, el 1 de septiembre, la existencia de un complot contra su gobierno presuntamente urdido por su antecesor, Nicanor Duarte —ahora senador vitalicio— y por el general golpista retirado Lino Oviedo, quien fue candidato del Partido Colorado a la Presidencia en los pasados comicios. Oviedo negó la acusación de Lugo calificándola como “una absoluta mentira”.
El hecho es que todos los embajadores iberoamericanos adscritos en Asunción fueron convocados por el canciller de Paraguay para informar detalladamente sobre la denuncia de la presunta conjura. Todos los embajadores presentes, incluyendo el de México, Ernesto Campos Tenorio, portavoz del grupo, manifestaron su solidaridad al presidente Fernando Lugo. Así como la OEA, el Grupo de Río y la Comunidad Andina.
El panorama no se presenta muy tranquilo para el ex obispo Fernando Lugo en Paraguay. Soplan vientos de fronda en el país de las arpas monumentales.