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La crisis de Mahoma no ha terminado

Si alguien creyó que la llamada Mahoma-Krisen (La crisis de Mahoma), entre la comunidad musulmana y la sociedad danesa, iniciada en el mes de septiembre de 2005, cuando el caricaturista Kart Westergaard, con otros publicó, en el periódico Jyllands Posten, unas caricaturas del profeta que consideraron sacrílegas, estaba totalmente equivocado. Hace un año y cinco meses apenas se desarrolló el primer capítulo de ese delicado enfrentamiento. Los creyentes islámicos, inmigrantes en Dinamarca y en otras partes de Europa, no quieren pasar la hoja. Quieren cobrarse la “ofensa” a como dé lugar, incluso asesinando al ofensor o los ofensores. Los graves disturbios —incendios y destrozos— de los últimos días en ciudades danesas así lo demuestran.

Bernardo González Solano

La historias

Todo comenzó el 30 de septiembre de 2005 cuando el periódico citado publicó las doce caricaturas de Mahoma, Kart Westergaard, de 73 años de edad, es uno de los autores de las debatidas viñetas. La más debatida representaba al profeta armado con una bomba metida en el turbante. Al día siguiente el Yihad Islámico exhortó a los escandinavos de la franja de Gaza a salir de aquella región en 78 horas. Los gobiernos nórdicos recomendaron a sus ciudadanos que abandonaran el área. El 12 de octubre de 2005 once embajadores de otros tantos países árabes visitaron al primer ministro danés exigiendo que su país pidiera perdón por la “blasfemia”. Anders Fog Rasmussen se negó por completo basándose en que en Dinamarca la libertad de expresión es absoluta, así como la libertad de prensa. El 1 de noviembre del mismo año una delegación de musulmanes hace una gira propagandística por el mundo árabe encendiendo los ánimos populares contra Dinamarca y los países nórdicos. El 4 de febrero de 2006 grupos extremistas islámicos prendieron fuego a la bandera danesa y destruyeron parcialmente las embajadas de Dinamarca y Suecia en Irak, Líbano e Irán. Posteriormente, de vez en cuando, algunos grupos extremistas hacían alusión a la “blasfemia” de los incrédulos daneses.
En el ínterin, los musulmanes ofendidos realizaron en Irán una exposición de caricaturas en contra de Occidente y de su fe cristiana. Así las cosas, el martes 12 de este mes, los daneses amanecieron con la noticia de que el Cuerpo de Inteligencia de la Policía Secreta (Efterrethingentjenester) en una operación realizada en la zona de Aarhus, había detenido a varias personas con “antecedentes islámicos” que planeaban asesinar al caricaturista Kurt Westergaard. Un portavoz oficial informó que la policía evitó un terrible atentado a sangre fría. De hecho, desde septiembre de 2005 el cuerpo de inteligencia no dejó de vigilar a los elementos más relevantes de la comunidad musulmana que provocaron la Mahoma-Kristen. Se dijo también que los planes para asesinar a Kurt, y a su esposa, Gitte, de 66 años de edad, eran “concretos”, por lo que la pareja permanece desde aquellas fecha en sitio desconocido y bajo severa vigilancia policial.

Planes de asesinato

En la edición digital del Jyllands Posten, Kurt Westergaard declaró que la Policía Secreta le puso al tanto de los planes para asesinarlo lo que demuestra que los musulmanes habían descubierto su paradero. Dijo, además, sentirse “indignado y con ira” por el hecho de que se haga uso de su persona para sembrar tanto odio y locura. Aseguró tener miedo, ya que esa fatwa —decreto religioso musulmán que se hizo famoso cuando el ayatollah Jomeini, de Irán, sentenció a muerte al escritor Salman Rushdie por haber escrito un libro, Versos satánicos, que consideró blasfemo contra Mahoma—, dictada por los fundamentalistas, es de por vida y, añadió, que es “muy triste que por hacer mi trabajo y pintar unos dibujos, algo que he hecho miles de veces, mi familia y yo tengamos que vivir escondidos el resto de nuestra existencia”. De hecho, el propio Rushdie continúa viviendo con vigilancia personal en el extranjero. En un descuido, cualquier día lo matan los fundamentalistas.
El anuncio policiaco caló muy hondo en Dinamarca. Los analistas dijeron que habría que mirar a la década de los cuarenta del siglo pasado, durante la Segunda Guerra Mundial, para encontrar una nación tan sumida en la preocupación y discordia como la presente. El caos provocado por las mentadas caricaturas del profeta Mahoma que dieron paso a violentas reacciones, están originando otros gravísimos problemas en progresión geométrica. Los profundos antagonismos entre la sociedad árabe y la nórdica han hecho fracasar los buenos propósitos de algunos políticos y convertido esta crisis en un choque de civilización en el odio como componente que podía haber tenido un final sangriento en la actuación del comando antiterrorista de la policía danesa.
Dos días después del anuncio de la operación policíaca, en un acto de solidaridad, espontáneo, los diarios daneses publicaron en sus portadas las caricaturas de Mahoma que tanto odio han levantado en el mundo islámico. El objetivo del periodismo danés era reafirmar que el concepto de la libertad de expresión es sagrado, concepto que, entre los islámicos no tiene el mismo respeto, con sus contadas excepciones.
Junto a las caricaturas se publicaron editoriales firmados por los directores de los periódicos. Con diferentes palabras y estilos, todos a una expresaron su convicción de que nadie debe temer por su vida por hacer libremente su trabajo. Manifestaron, además, que el plan de asesinar al caricaturista y su esposa no es solamente un ataque en contra de ellos, sino en contra de la sociedad danesa y la forma de vivir y de pensar occidental y democrática. Así se entendió, en su momento, la postura del jefe de Gobierno conservador danés, Anders Fog Rasmussen, que recordó que la libertad de prensa es “sagrada”, tal como se dispone en la Constitución del reino.
Pero el asunto no se detuvo ahí. El jueves 14 y el viernes 15, los cuerpos de bomberos y de policía de Estocolmo y Aarhus, no se daban abasto para sofocar incendios y disturbios provocados por grupos extremistas de jóvenes, inmigrantes e hijos de inmigrantes árabes en su mayoría, que incendiaron y destrozaron todo lo que encontraron a su paso en marchas fanáticas, arremetiendo contra los agentes del orden con piedras y cocteles Molotov.

Desmanes sin precedentes

No se recuerdan actos semejantes en la historia de Dinamarca en el pasado reciente. Durante la noche del jueves 14, se declararon nada menos que ciento diez incendios de gran envergadura en Aarhus, ciudad donde el Jyllands Posten tiene sus oficinas centrales; y otros 33 igualmente graves en Copenhague. Además en la primera se quemaron más de una docena de coches totalmente destrozados por bombas caseras de gasolina; el centro escolar Varebro-skolan ardió hasta los cimientos, incendio que dejó a más de 500 alumnos sin lugar donde recibir clases. Esa noche ha sido comparada con aquella otra fatídica de los “cristales rotos” (Kristal-nacht) en la que los nazis arremetieron contra los judíos y sus propiedades en Berlín.
Todo esto obligó a que Dinamarca se declarara en Estado de excepción. Aparte de la detención de dos tunecinos y un marroquí implicados en el complot para asesinar al caricaturista “blasfemo”, la policía informó que en Aarhus y Copenhague detuvo a más de 50 personas implicados en los incendios y destrozos. Así, la organización árabe domiciliada en Dinamarca, Hizb-ut-Tahrir, convocó a sus adeptos de otros países incitándoles a reunirse en la capital danesa para “derrotar a la policía fascista y racista”.
Mientras, en el mundo árabe, miles de radicales quemaron la bandera danesa en Islamabad, Pakistán, y recorrieron las calles lanzando consignas contra occidente. También hubo protestas contra Dinamarca en Gaza,  El Cairo y Argel, por lo que las autoridades danesas pidieron a sus conciudadanos que se encuentran en aquellos lares vuelvan a su país sin demora. ¿Hasta dónde llegará esta efervescencia musulmana? Nadie lo sabe. Los extremismos religiosos nunca han abierto las puertas para el entendimiento humano.