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La Cuestión Religiosa, Eje del debate Electoral

MADRID,  (IPS) .- La cuestión religiosa se ha convertido un asunto políticamente relevante en España más allá de lo inicialmente previsto. No sólo porque la actual legislatura, iniciada el 14 de marzo del 2004, quedó marcada a fuego en su arranque por el terrorismo yihadista, sino porque el transcurrir de la misma ha topado en los sectores conservadores de la Iglesia Católica con la oposición política más activa.

Por Carlos García de Andoin (*)

Familia y educación, sobre todo, pero también la idea de nación, son las zonas de fricción. Constituyen el núcleo del pensamiento conservador que, en España, por tradición es católico. La presión que en vistas de las elecciones del próximo 9 de marzo están haciendo los obispos más conservadores y con más peso, no es sino el sumario de una legislatura en la que han tomado al Partido Socialista (PSOE) como adversario moral y antropológico del catolicismo, y en la que el matrimonio homosexual constituye la impugnación central, "leyes inicuas" que implican "disolución de la democracia" y "retroceso en derechos".

Los obispos y Roma comparten la visión doctrinal. Sin embargo no es claro que la Secretaría de Estado del Vaticano y un grupo notable de obispos españoles estimen conveniente un clima de confrontación política con el gobierno socialista.

Tales puntos de colisión no pueden ocultar la verdad de la acción política
socialista. Muchas de las políticas socialistas impulsadas por el gobierno
de José Luis Rodríguez Zapatero presentan una gran afinidad con valores
evangélicos. Es preciso destacar la retirada de las tropas de Iraq y la
apuesta por la Alianza de Civilizaciones, la regularización de casi un
millón de inmigrantes y el plan nacional de integración, el aumento de la
cooperación al desarrollo del 0,34% al 0,5% del PIB, la ley que desarrolla
el cuarto pilar del Estado social para garantizar como derecho subjetivo la
atención de las personas en situación de dependencia, la disminución del
paro de un 11% a un 8% o el acuerdo para la reducción de la precariedad
laboral.

El 78,7% del electorado socialista se identifica como católico. El 33% se
considera católico practicante. Es una ciudadanía que aprecia las políticas
sociales avanzadas en favor de la paz, la igualdad y la justicia social.

Además, es necesario situar bien las claves de los encontronazos habidos. No
ha sido una política excluyente de la religión de la vida pública. Desde el
inicio y ante el Papa Juan Pablo II el presidente Zapatero afirmó que
actuaría en conformidad con los acuerdos Iglesia-Estado de 1979. El
conflicto no es laicista sino que radica en el cambio cultural y de valores
que está experimentando la sociedad española. Cuando la economía va
razonablemente bien, la diferencia política entre derecha e izquierda tiene
un ámbito privilegiado en la polarización sobre los valores culturales. Así
el gobierno del PSOE ha representado el cambio de valores, mientras la
Iglesia Católica ha enarbolado la defensa de valores tradicionales, lo cual
hace mejor que el mismo partido conservador, el Partido Popular.

Ejemplo de estas políticas ha sido la centralidad discursiva concedida al
combate contra la dominación por razón de género y la extensión de derechos
a las personas homosexuales, a través del reconocimiento del matrimonio.
Zapatero ha dicho que los obispos "tienen todo el derecho a intervenir en el
debate democrático". Lo que no tienen derecho es a aprobar leyes, ni a
desobedecerlas.

La política religiosa gubernamental ha seguido la concepción constitucional
de laicidad: promoción de la libertad religiosa y afirmación de la soberanía
e independencia del Estado respecto de la religión, pero también cooperación
con las confesiones religiosas. Este mandato constitucional es hoy alabado
por otros países europeos por cuanto faculta para políticas religiosas activas.

La cooperación se ha desarrollado con las confesiones religiosas
minoritarias que han obtenido a lo largo de la legislatura 6.000 millones de
euros para financiar actividades culturales, educativas y sociales, a través
de la Fundación Pluralismo y Convivencia..

También la cooperación se ha dado con políticas de diálogo y acuerdo con la
comunidad católica. Tres acuerdos a destacar. El acuerdo con la enseñanza
católica concertada que en España escolariza casi un tercio de los alumnos y
recibe una financiación al 100% del erario público. Este acuerdo ha
alcanzado al currículo de Educación para la Ciudadanía. El acuerdo respecto
a los profesores de Religión, con un relevante papel de los sindicatos, que
han mejorado notablemente sus derechos laborales, en una fórmula que ha
obtenido la conformidad de Roma.

La falta de acuerdo sobre la enseñanza de la religión en la escuela pública
no debe ocultar que respeta los acuerdos con el Vaticano, bajo un doble
principio: obligación de impartir para el centro, libre elección para el
alumno.

El ejecutivo y el legislativo han oído y respetado la contribución de las
religiones a la deliberación pública propia de una sociedad democrática, no
obstante han hecho valer la responsabilidad con el bien público general y
sobre todo su fidelidad al mandato de la soberanía popular. Así ha sido, por
ejemplo, en el desarrollo de políticas inspiradas en los derechos humanos,
como la extensión en la titularidad de derechos, la igualdad de género o la
educación de niños y adolescentes para una ciudadanía democrática.

En este momento en que la sociedad española ha vivido una acelerada
incorporación de inmigrantes (10% de la población total) la política
religiosa puede y debe ser sobre todo un instrumento inteligente para
afrontar el desafío principal de nuestra sociedad: la integración de los
inmigrantes en el nosotros social. La integración debe tomar al inmigrante
no sólo como mano de obra, sino como persona, con su identidad y
tradiciones. Éstas deben entrar en un proceso de diálogo y recreación desde
la integración en la cultura y las leyes del país que les acoge. Éstas a su
vez deben abrirse al reconocimiento a la diferencia. En estos procesos, no
bastan los agentes económicos y políticos, son decisivos los actores
culturales y religiosos. Hay que crear las alianzas y la integración de los
factores culturales y religiosos suficientes como para neutralizar el
potencial recurso a ellos para la legitimación de políticas reaccionarias y
xenófobas.

Zapatero ha gobernado creando más libertad religiosa, más laicidad y más cooperación. Así es como se combaten las derivas fundamentalistas. Así nuestra sociedad cada vez más plurirreligiosa y luricultural podrá ser viable: en torno a una idea de ciudadanía más universal y una laicidad incluyente coherente con ella. (FIN/COPYRIGHT IPS)

(*) Carlos García de Andoin. coordinador federal de Cristianos Socialistas
PSOE.