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Monseñor Robles Ortega, símbolo del conservadurismo

Monterrey, N.L.,  (apro).- A menos de seis meses de haber obtenido el birrete cardenalicio, Francisco Robles Ortega se ha convertido en uno de los símbolos del conservadurismo católico en el norte del país.

Por arturo rodríguez garcía  / Revista Proceso

Afincado en Monterrey desde 2004, el sucesor del cardenal recientemente fallecido, Adolfo Suárez Rivera, en la Arquidiócesis regiomontana, ha sido el principal impulsor de cambios dentro y fuera de la curia y en la propia legislación estatal, en áreas como la educación y la familia.

Investido como Cardenal por Benedicto XVI el 24 de noviembre de 2007, Robles Ortega fue, por ejemplo, un defensor de la llamada Ley de la Familia que el Partido Acción Nacional (PAN) adoptó como suya y, valiéndose de su mayoría en el Congreso estatal, logró que fuera aprobada por el Congreso del estado.

Sin embargo, la polémica legislación, que reproducía párrafos íntegros de una encíclica de Juan Pablo Segundo, fue vetada por el gobernador Natividad González Parás.

Ese fue el comienzo.

En abril pasado, se pronunció en contra de la educación laica al fragor de la discusión sobre la reforma educativa; elogió el despliegue del Ejército para combatir el narcotráfico, horas después de una balacera que protagonizaron dos militares ebrios, con saldo de seis muertos, y censuró la toma de las tribunas del Congreso de la Unión que encabezó el PRD, en demanda del debate energético.

Robles Ortega egresó del seminario de Guadalajara (bastión de grupos de ultraderecha); fue alumno del cardenal Juan Sandoval Íñiguez, y férreo opositor de la teología de la liberación, a cuyos simpatizantes ha perseguido.

Más:

A Robles Ortega le bastaron menos de seis meses para desarticular el trabajo del Secretariado Arquidiocesano de Pastoral Social de Monterrey (con presencia en 10 obispados del noreste), que no pudo ser sometido en cuatro décadas por el empresariado aglutinado en la Organización Nacional de El Yunque, los Legionarios de Cristo y el Opus Dei.

Conformada por sacerdotes y religiosas progresistas, la Pastoral Social en la región sobrevivió a las presiones de esos grupos que llegaron a pedir al Vaticano la remoción del anterior arzobispo, el fallecido cardenal Adolfo Suárez Rivera, por la protección que brindaba a los clérigos de la liberación.

Esa es la conclusión a la que llegan sacerdotes consultados por el reportero que prefieren guardar el anonimato, para evitar ser objeto de represiones. Y es que algunos de ellos, por manifestar abiertamente su inconformidad, han sido relegados a parroquias ubicadas en comunidades pequeñas y alejadas o, bien, marginados o relevados de sus cargos dentro de la Arquidiócesis.

Es el caso de Pedro Pantoja, excoordinador del Secretariado de Pastoral Social del Noreste, quien resume así su salida:

“Fui relevado por alguien que tiene su propio esquema de trabajo que no coincide con la nuestra y por eso quedamos fuera. El esquema del cardenal Robles Ortega no tiene la misma metodología ni el mismo proceso de acercamiento ni compromiso con el pueblo.”

La exclusión

En entrevista, el actual encargado de una Casa del Migrante en Saltillo, Coahuila, el sacerdote Pantoja tiene claro que el cardenal Francisco Robles sigue una línea en la cual no tienen cabida los pobres.

Cuenta que antes de su llegada la Pastoral Social operaba sobre cuatro ejes temáticos: derechos humanos; lucha contra el empobrecimiento mediante el fortalecimiento de la economía solidaria popular; construcción de ciudadanía, y fundación de comunidades eclesiales de base.

“Estos ejes ya no entraron y se me pidió que dejara la coordinación del noreste a nivel institucional”, explica.

El del padre Pantoja no es el único caso de exclusión dentro de la Arquidiócesis regiomontana.

Los sacerdotes, Luis Eduardo Villarreal y Francisco Gómez, fueron obligados a renunciar a todos los cargos que tenían en la Arquidiócesis y fueron enviaron a distintas parroquias.

Además, a la religiosa Marianela Madrigal recibió la ordend e regresar al convento y, en el caso de Beatriz de la Vega, una laica que colaboró con ellos, fue despedida de la curia.

El sacerdote Pedro Pantoja afirma que el cardenal Suárez Rivera mantuvo una línea abierta y respetuosa con esos ejes temáticos, ya que “tenía un magisterio social admirable y una capacidad de escucha tremenda”.

–¿Y con el arzobispo Robles Ortega? –se le pregunta.

–Han cambiado las cosas, estamos muy lejos de comprender una lucha social integral contra el empobrecimiento. Ya no se tiene esa óptica y tampoco la opción por los pobres.

Pantoja considera que la acción pastoral de Robles Ortega, es una propuesta más institucional, que trata de evitar conflictos para que no se llegue a supuestos enfrentamientos.

Agrega:

“Nunca hemos buscado conflictos, pero creo que la lucha social contra la pobreza, siempre tiene espacios sucios y conflictivos, en los que se tiene que discernir en qué forma se deben explicar los procesos educativos para que el pueblo tenga la capacidad de enfrentar la injusticia.”

No obstante, el sacerdote asegura que la pérdida de esquemas institucionales no limita el trabajo por los pobres, no los detiene ni les provoca ningún resentimiento, ya que en la actualidad hay espacios de participación como la sociedad civil, en los que no hace falta la jerarquía.

“Ya no podríamos tener como tribuna solamente el templo, tenemos que caminar por las calles y en esto nadie nos puede detener. La presencia de la Iglesia se da ahora fuera de todo esquema que nos puedan presentar… así hemos encaminado nuestro trabajo, fuera del esquema institucional; pero sin detener nuestro camino”, explica.

–¿Aunque los quieran detener las jerarquías conservadoras?

–Yo creo que hay otros procesos eclesiales que están surgiendo y no nos preocupa tanto si hay este esquema de jerarquías. Nos preocupa la lucha por la justicia, nos convence tanto la presencia del Evangelio en la lucha contra la pobreza, formar parte de procesos educativos con la gente, que no tenemos por qué entrar en enfrentamiento con las jerarquías.

“Tenemos una fidelidad con el evangelio y con el pueblo, y eso nos preocupa más. Ya cambió el esquema. De otra manera, sería seguir atados a algo de lo que estamos desatados porque ya no tenemos esas cadenas. Estamos en un destino eclesial, pero las dimensiones son otras.”

Según él, el autoritarismo institucional quedó desbordado y el que no lo entienda está fuera de la historia:

“Si no trabajamos esa propuesta (de la jerarquía conservadora y del cardenal Francisco Robles) es porque hemos encontrado una riqueza muy grande, porque tenemos cerca de 40 años de trabajo con la gente. El hecho de ejercer un autoritarismo eclesial sería inútil, ni siquiera nos desgastaría, estamos muy fuera ya de los años sesenta o setenta”.

Como en la Colonia

Durante el cardenalato de Adolfo Suárez Rivera, quien fue arzobispo de Monterrey hasta 2004, la cátedra de Teología de la Liberación fue censurada por empresarios miembros del Opus Dei. Estos últimos fueron quienes exigieron la expulsión de los curas, Francisco Gómez y Luis Eduardo Villlarreal, por impartir esa cátedra.

Luego, los Legionarios de Cristo, pidieron la remoción del cardenal Suárez Rivera por proteger a los sacerdotes y, durante el gobierno del panista Fernando Canales Clariond, se desató una persecución legal en contra de la religiosa Consuelo Morales Elizondo, quien encabezaba la comisión de religiosas en la Arquidiócesis y el organismo “Ciudadanos en Apoyo a los Derechos Humanos A.C.”.

Suárez Rivera tuvo a su lado siempre al sacerdote Miguel Narváez, un cura liberal fallecido a finales de 2005, con quien murió también el último aliento institucional de la Pastoral Social, aseguran los sacerdotes consultados por el reportero.

En entrevista, Luis Eduardo Villarreal, confirma que su salida de la curia obedeció a presiones externas.

Cuenta: “Esa gente que se dedica a asesorar a empresarios nos vio como un peligro, porque no entendían nuestra labor. Fuimos durante mucho tiempo la oveja negra de la Iglesia de Monterrey. El método de ver, juzgar y actuar, siempre se vio como sospechoso, por lo que el secretariado siempre navegó contra corriente.”

Con influencia en las 10 diócesis asentadas en Tamaulipas, Nuevo León y Coahuila, en los años 60, la Pastoral Social se solidarizó con los grupos maoístas “Línea de Masas” en movimientos populares, con “Línea Proletaria” en los movimientos del sindicato minero en Fundidora Monterrey. Además, en Altos Hornos de México, en Monclava. Dichos movimientos tuvieron una activa participación de los curas Pedro Pantoja y Alejandro Castillo.

En la Laguna, los sacerdotes José Batarse Charur, Armando Sánchez (quienes ya renunciaron al sacerdocio), Benigno Martínez y Jesús de la Torre de la Torre, apoyaron la creación del ejido Batopilas; los movimientos campesinos cardenistas la región; los llamados “movimientos de la basura” en Torreón y el movimiento de huelga Cinsa-Cifunsa en Saltillo, en 1971.

Cercanos a luchas universitarias de autonomía en los tres estados, también acudían a la zona carbonífera y a las maquiladoras de la frontera desde Matamoros, Tamaulipas, hasta Ciudad Acuña, Coahuila, donde propiciaban estudios de derechos laborales en las comunidades eclesiales de base o mantenían refugios para migrantes en tránsito.

El sacerdote Luis Eduardo Villarreal, quien fuera removido en enero de 2006 como titular del Secretariado Social Arquidiócesano de Monterrey (un mes después de la muerte de Miguel Narváez), recuerda que el obispo Sergio Méndez Arceo, titular de la Diócesis de Cuernavaca, visitó Monterrey en 1987, al cumplirse 25 años de la Pastoral Social y les dijo a manera de reconocimiento:

“Este Secretariado Social fue el único que quedó como institución reconocida por la Iglesia católica”.

Según Villarreal, los demás secretariados del país dejaron de trabajar, haciendo prevalecer el secretariado social mexicano que concentró las actividades de Pastoral Social.

 

El Cardenal y la liberación

El 18 de octubre de 2007, apro entrevistó al cardenal Francisco Robles, quien negó ser un conservador.

Añadió en aquel tiempo:

“Yo vivo muy consciente de mi identidad: soy un pastor, un servidor fiel, que tiene la misión de anunciar el evangelio, como seguro medio de liberación personal y de muchos aspectos que nos dividen y conflictúan como sociedad.”

En la entrevista, Robles opinó sobre la llamada Teología de la Liberación. “La liberación hay que entenderla como un concepto integral. Al hombre hay que liberarlo de estas manifestaciones de opresión como es la injusticia, pero desde adentro, donde tienen origen esas manifestaciones de injusticia, de egoísmo, de ambición o de instrumentalizar al otro.

“Si el hombre no penetra en su corazón y se da cuenta de que ahí está esa decisión de servirse del otro, de instrumentalizar al otro, muy difícilmente viene el cambio sino sólo el conflicto, se genera el conflicto pero no se produce el cambio”, dijo.

–¿Cuál será su relación con el poder secular?

–De respeto, de apertura y de diálogo, porque al fin y al cabo, el poder de la perspectiva del Evangelio, que tiene la Iglesia, y el poder que da la relación de un cargo público, va destinado al bien de la sociedad.

Para Robles Ortega, el reto de su posición como cardenal, implica encontrar la forma de hablarle al hombre, en un momento histórico de marcado secularismo.

–¿Criticar el secularismo implica un cambio en la laicidad del Estado? –se le preguntó.

–No. La laicidad es un derecho inalienable e irrenunciable. Yo personalmente soy de la opinión de que al mismo tiempo que abogamos por el pleno reconocimiento de la libertad religiosa, debemos ser pacientes y que los tiempos nos vayan indicando el mejor momento, porque, a lo mejor, presionando de más, puede ser que perdamos más que consigamos

“El problema está en la coherencia, pues no se puede profesar una fe y actuar en sentido contrario a ésta, para convertirse en agente promotor de esperanza.”

Paradójicamente, el pasado 27 de abril, el purpurado se pronunció en contra de la reforma educativa que prevé imponer la educación laica en escuelas privadas.

El argumento de Robles Ortega tiene que ver con una supuesta necesidad de estimular los valores.

En esa cruzada, el trabajo del cardenal se ha orientado a la conformación de asociaciones civiles, así como en incrementar su presencia en escuelas privadas.

Dos sacerdotes consultados respondieron a Apro que desde el inicio de su acción pastoral, los grupos cercanos a los Legionarios de Cristo han proliferado en la zona metropolitana de Monterrey. Éstos se han agrupado en al menos 55 asociaciones civiles, que empiezan a filtrarse en consejos ciudadanos, organismos públicos y partidos políticos. Uno de ellos fue el Grupo Interdisciplinario de Apoyo a la Mujer (GIAM), cuya dirigente, Norme Treviño de Villarreal, elaboró la iniciativa y el estudio justificativo de la iniciativa de Ley de la Familia.

Treviño de Villarreal fue expositora en la Conferencia del Episcopado Latinoamericano, en Aparecida Brasil, donde expuso:

“Con todo respeto, hago un llamado a todos ustedes y a todos los hombres y mujeres de buena voluntad para no dejar este campo (la familia) en manos de los lobbies de género y homosexualismo que se originan desde los organismos internacionales y llegan hasta nuestros pueblos para someterlos.”

La iniciativa fue respaldada por otros grupos como el Colectivo Nuevo León Incluyente, Familia Mundial A.C. –presidido por el empresario Juan Daubdoub Giacomán–, que realizó una campaña homofóbica.

En medio de la polémica, Robles Ortega expresó, a pregunta de los reporteros: “No la conozco; pero la respaldo”.

El pasado 20 de abril, más de 10 mil Legionarios de Cristo se reunieron en Monterrey. Robles Ortega dirigió una homilía a la muchedumbre, en la que se encontraban representantes de exclusivos colegios católicos de la zona y algunas asociaciones civiles.

El mensaje versó sobre la búsqueda de un camino y el prelado dijo que “Cristo es el camino, la verdad y la vida”.

Luego, pontificó sobre la filosofía política:

“Pero tristemente, cuántos hermanos andan buscando el camino, la verdad y la vida en ideologías de los hombres. Y por más que queramos encontrar la verdad, la vida, la felicidad, el camino en las ideologías humanas no lo vamos a encontrar.”