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Un líder religioso en Tierra Santa



Por Bernanrdo Gonzalez Solano / Revista Siempre!

A poco más de cuatro años de haber sido elegido papa por los cardenales de la Iglesia católica, apostólica y romana reunidos en cónclave, Benedicto XVI –el sacerdote católico nacido en Alemania hace 82 años con el nombre de Joseph Ratzinger— del viernes 8 de mayo al viernes 15 del propio mes visitó Jordania, Israel y territorios palestinos, jornadas que han sido calificadas como la gira más política de su aún corto pontificado. 

El periplo de la paz

Anteriormente, otros dos pontífices católicos habían recorrido Tierra Santa: Pablo VI en 1964 y Juan Pablo II en 2000.
El recorrido de Benedicto XVI fue casi una copia de la que hizo el pontífice de origen polaco. El periplo papal se inició en Jordania donde el hijo del difunto rey Husein ben Talal, Abdalá II, acompañado de su esposa, la hermosa reina Rania, de origen palestino, lo recibieron con todos los honores.
El pontífice germano —que antes de ser papa ya había visitado la zona en 1964, 1992 y 1994—, dijo al monarca Hachemita: “Estoy aquí para llevar adelante el diálogo entre judíos y musulmanes… Vengo como peregrino en nombre de la paz, en nombre de la Iglesia católica y de la Santa Sede. No somos un poder político, sino una fuerza espiritual”.
En efecto, el Papa no cuenta con divisiones armadas, como alguien preguntó en la Segunda Guerra Mundial.
Aparte de los propósitos religiosos del pastor del catolicismo, con este viaje, que se llevó a cabo pese a todas las opiniones en contra, Benedicto XVI trató de limar el mayor número de asperezas por los comentarios y hechos que ha cometido en su breve pontificado que han causado escozor, tanto entre los musulmanes como entre los judíos y los propios católicos.
Con este viaje, el Vaticano inscribió el peregrinaje papal en Tierra Santa en la tradición pontifical. Deseoso de recorrer la “patria terrenal de Jesús”, a quien dedicó una obra teológica y personal en 2007, Benedicto XVI precisó antes de empezar su viaje que abordaba la región “como peregrino de la paz y de la unidad”.

Virtudes del Islam

En Ammán, la capital jordana, el viernes 8, a la hora en que los muecines llamaban a la oración, el Papa recordó que el monarca Hachemita “promueve la mejor comprensión de las virtudes proclamadas por el Islam”. Refiriéndose a los católicos de Jordania, Benedicto XVI dijo que judíos y cristianos comparten “la misma raíz en la Biblia y los mismos libros del Antiguo Testamento, que son libros de liberación… Naturalmente, cuando durante 2000 años se ha vivido de forma distinta, separados, no hay que asombrarse si surgen malentendidos. Hay un cosmos semántico diferente, y las mismas palabras significan cosas distintas. Tenemos mucho que aprender, pero estamos haciendo grandes progresos”.
En cuatro años de pontificado, Benedicto XVI ha tenido tropiezos. Con el islamismo radical en plena fiebre –algunos líderes musulmanes han hecho llamamientos a la yihad: guerra santa contra el infiel—, Ratzinger dijo en Ratisbona que la “espada” formaba parte de las enseñanzas de Mahoma. En esa ocasión, el rey Abdalá II, educado en universidades católicas de Estados Unidos, terció en el asunto y la “provocación” papal no fue más allá de una apertura de diálogo con 130 líderes musulmanes allí reunidos.

Combatir el antisemitismo

La gira del Papa a Tierra Santa fue planeada con todo cuidado y el sacerdote de origen alemán pronunció 29 discursos que fueron leídos y analizados con lupa. No poco esfuerzo para una persona de 82 años. El lunes 11 al llegar a Tel Aviv y ser recibido por el presidente israelí, Shimon Peres, cuatro años mayor que Benedicto XVI; por el primer ministro, el derechista Benjamín Netanyahu y casi todo el gabinete, excepto los dirigentes ultraortodoxos judíos cuya inasistencia era previsible, Benedicto XVI dijo a sus anfitriones palabras que deseaban escuchar. Buen paso dio el pontífice en el mismo aeropuerto, empezó con pie derecho: “Todo esfuerzo se debe hacer para combatir el antisemitismo donde quiera que se halle y para promover el respeto a los miembros de todo pueblo, tribu, lengua y nación en la Tierra… Trágicamente, el pueblo judío ha experimentado las terribles circunstancias de ideologías que niegan la dignidad fundamental de cualquier ser humano… El antisemitismo continúa asomando su repugnante rostro en muchas partes del mundo. Esto es totalmente inaceptable”.
Más tarde, ese mismo día, en la Sala del Recuerdo del Museo del Holocausto Yad Vashem, memorial dedicado a la memoria de los más de seis millones de judíos asesinados por los nazis durante el Holocausto (Shoah) en la Segunda Guerra Mundial, Ratzinger —que se abstuvo de entrar en el museo propiamente dicho porque en él hay una placa en la que se acusa a Pío XIII de no hacer nada por salvar a los judíos del exterminio (la participación de Eugenio Pacelli para tratar de salvar a los judíos de la persecución nazi ha sido muy debatida, en pro y en contra, aunque algunos judíos prominentes se han manifestado a su favor; además, hay un proceso de santificación pendiente en el que Benedicto XVI tiene particular interés)—, satisfizo a algunos de sus interlocutores —otros dijeron que habían sido muy parco y frío— que tiene presente su participación en las juventudes hitlerianas aunque haya sido forzado a ello, y que tampoco olvidan la reciente polémica por el levantamiento de la excomunión de los obispos lefebvrianos, uno de ellos negacionista del Holocausto.
Nunca negar el Holocausto
Ratzinger dijo: “He venido aquí, a este monumento erigido en memoria de los millones de judíos asesinados en la horrible tragedia del Holocausto. Perdieron sus vidas, pero nunca perderán sus nombres… Que su sufrimiento nunca sea negado, empequeñecido u olvidado. Y que todos los pueblos de buena voluntad permanezcan vigilantes para desterrar del corazón de la humanidad todo lo que pueda conducir a tragedias como ésta”.
Benedicto XVI caminó al Muro de los Lamentos, a la gruta de la Natividad, en Belén, a un campo de refugiados en Aida, donde condenó las políticas represivas de Israel contra los palestinos. También llegó al domo de la Roca, el más antiguo monumento del Islam, situado en Jerusalén.
En su encuentro con el presidente de la Autoridad Palestina, Mahmud Abbas, Benedicto XVI pronunció tal vez el discurso más político y valiente de su complicada visita al Oriente Medio. El Papa afirmó: “En esta Tierra Santa están los que siguen construyendo muros de separación en vez de puentes; los que intentan empujar a musulmanes y cristianos a abandonar esta tierra… Aunque los muros pueden ser fácilmente construidos, todos sabemos que no duran para siempre, pueden ser derribados”.
Antes de que la visita terminara, el Papa recalcó en el campo de refugiados: “La solución a largo plazo de un conflicto como éste no puede dejar de ser política”.

El Papa fue contudente: OLP

Dando prueba de un realismo desconocido en el pontífice, el tema central de la visita ha sido la paz en el Oriente Medio. “Nadie espera que los pueblos palestino e israelí la alcancen solos”, puntualizó Ratzinger, recordando, de paso, que “es vital el apoyo de la comunidad internacional”.
De tal suerte, aunque algunos líderes judíos no quedaron satisfechos con las denuncias del antisemitismo y del Holocausto, los dirigentes musulmanes, como los de la Organización para la Liberación de Palestina, manifestaron su beneplácito por las expresiones papales, aunque varios de ellos aconsejaron a la Santa Sede que cancelara su visita a la región. El portavoz de la OLP dijo: “Pensábamos que la visita sólo serviría para lavar la imagen de Israel tras la invasión de Gaza. Pero el Papa ha sido muy claro al llamar muro al muro y no valla, y ha renovado la política de Juan Pablo II respecto a los derechos de los palestinos. No esperábamos que fuera tan contundente”.

Al finalizar la visita, en el Santo Sepulcro, Benedicto XVI quiso dejar clara su posición respecto del Holocausto y de la situación en el Oriente Medio. El pontífice dijo que nadie puede negar nunca el Holocausto y que la paz en la zona debería implantarse en sendos Estados que vivan en armonía.
Benedicto XVI ratificó en Tierra Santa su calidad de líder religioso.