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Una visión Cristiana para el Año Nuevo

    El año nuevo es una fiesta que siempre ha sido especial para mí. Aunque muchas veces se utiliza como excusa para divertirse — a veces en exceso — o para practicar algunas supersticiones que supuestamente nos traerán “buena suerte” en el año que comienza, el Año Nuevo es una fiesta de raíz cristiana.

Por el Arzobispo Jose H. Gomez

    En efecto, nuestro calendario se rige por el año de la llegada de Jesucristo, y por eso es común que a veces se ponga al final de cada año las iniciales “AD” que significan “Anno Domini,” o “Año del Señor”. Por eso es que la iglesia comienza el año con la fiesta mariana más antigua del cristianismo, la de María Madre de Dios, un dogma proclamado en el Concilio de Nicea el año 325 y del que dependen prácticamente los demás dogmas marianos.

    La fiesta de Año Nuevo es usualmente una ocasión en la que brindamos augurando un año de prosperidad y paz. Y también por este motivo, el primero de Enero es el día en que la iglesia celebra, por una tradición establecida por el Papa Pablo VI, la Jornada Mundial por la Paz.
    La razón por la que la iglesia celebra esta jornada es porque entiende que la paz que nos deseamos mutuamente en el brindis de la noche de Año Nuevo no va a llegar por casualidad, o porque los astros se alineen de determinada manera o por un efecto aleatorio.
    Si la paz llega a nuestro mundo, a nuestra sociedad y a nuestra vida familiar y personal no va a ser por casualidad, sino porque los hombres y mujeres de hoy, especialmente nosotros católicos, vamos a cooperar activamente con la gracia de Dios para poder obtener la paz anhelada por todos.

    El Papa Benedicto XVI ha escogido un tema muy importante para promover la paz en el mundo: la promoción de familias sanas, donde sus miembros “experimentan algunos elementos esenciales de la paz: la justicia y el amor entre hermanos y hermanas, la función de la autoridad manifestada por los padres, el servicio afectuoso a los miembros más débiles, porque son pequeños, ancianos o están enfermos, la ayuda mutua en las necesidades de la vida, la disponibilidad para acoger al otro y, si fuera necesario, para perdonarlo”. (Mensaje de la Jornada Mundial de la Paz 2008)
    “Por eso”, dice el Santo Padre en su mensaje, “la familia es la primera e insustituible educadora de la paz.” La promoción de la familia como la gran escuela de la paz y del amor, será la garantía del éxito de nuestros esfuerzos por construir una sociedad pacífica.

     Es costumbre que en cada comienzo de año hagamos algunas resoluciones que nos ayuden a ser mejores. Lamentablemente, muchas de esas resoluciones contemplan solamente aspectos materiales e incluso superficiales: bajar de peso, reparar nuestra casa, comprarnos ropa nueva, etc.

    Pero es bueno recordar que las mejores resoluciones son aquellas capaces de cambiar nuestras vidas desde su raíz, y así convertirnos en mejores católicos, en mejores seres humanos y contribuir así al bienestar y la paz de quienes nos rodean. Solo la paz que nace de un corazón renovado es capaz de contagiar la paz, el amor y la reconciliación en torno suyo, y de transformar nuestra sociedad.

     Al comenzar este nuevo año, deseo a todos los fieles de la arquidiócesis un año 2008 lleno de bendiciones que Dios nos da. Pido al Señor para que nuestras resoluciones Año Nuevo de este nuevo año, más que nunca un “Anno Domini”, un año del Señor.

    Que este espíritu auténticamente católico sea el que esté en el fondo de nuestro corazón cuando digamos a nuestros seres queridos ¡Feliz Año Nuevo!

Escrito en Enero del 2008