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Viaje al vudú

SAUT D’EAU, Haití, jul (IPS)  – Cada julio, miles de haitianos se dirigen 

a Saut d’Eau, una cascada situada 60 kilómetros al norte de Puerto 

Príncipe, en el peregrinaje más importante de la religión Vudú de este 

país caribeño.

Por Valeria Vilardo

 

Llegan después de muchas horas de camino a pie, en burros y en "tap tap", 

los coloradísimos y típicos autobuses, en busca de buena suerte y 

beneficios.

 

  En el país más pobre de América, el costo de este viaje puede 

significar días o meses de trabajo, sacrificio que será recompensado por 

las bendiciones que les llegarán a los peregrinos al bañarse en las aguas 

místicas de la cascada de Saut d’Eau (salto de agua, en francés), en Ville 

Bonheur, departamento del Centro.

 

  Según la leyenda popular, en 1847 Erzulie Dantor, diosa vudú de la 

belleza y el amor, se apareció en el lugar sobre un árbol y empezó a curar 

enfermos y ejecutar milagros. Los sacerdotes católicos vieron en ello una 

blasfemia, talaron el árbol y erigieron una iglesia a pocos metros de 

distancia, en honor de la Virgen.

 

  Por obra y arte del sincretismo, Erzulie se camufló en la católica 

Virgen de Mont Carmel, o Virgen de los Milagros. Desde entonces, los 

haitianos consideran las aguas de Saut d’Eau, cercana a la iglesia, 

benéficas y curativas de todos los males.

 

  Trepar hacia la cascada, de una altura de 30 metros, no es fácil. Este 

16 de julio, Annette emprende el camino para que Erzulie le dé la gracia 

de concebir el hijo que anhela. Hace muchos años sueña con llegar a estas 

aguas, dice a IPS.

 

  Como ella, los peregrinos se dirigen a Saut dÂ’Eau para asistir a la 

primera de las tres grandes celebraciones católicas-vudúes que atraen a 

gente procedente de todas las partes del país y de todas las clases 

sociales.

 

  Los cuerpos, los cantos y la música "rará", común en las celebraciones 

vudúes, se mezclan con perfumes de hierbas y pociones preparadas para 

pedir favores a los espíritus. Los creyentes pasan horas bajo en el agua, 

rezan, extienden los brazos al cielo, se abrazan.

 

  Muchos lanzan al cielo su ropa vieja, símbolo de un pasado que quieren 

dejar atrás, y traen consigo hierbas medicinales. Algunos consultan a los 

"hougan" (sacerdotes) o a las "mambó" (sacerdotisas) que estarían poseídos 

por algunos de los loas, divinidades del Vudú.

 

  De hecho, los hougan y mambó son los encargados de la dirección del 

culto, jefes máximos de los altares consagrados a los santos y, a la vez, 

"son interpretes de la voluntad de los loas", afirma el autor Rafael 

García Grasa en su artículo "Elementos de la cultura haitiana en 

Camagüey", escrito en 1982.

 

  "Tengo un hijo inválido y pido que lo sanen y que le den el uso de sus 

piernas", implora Marie dirigiéndose a una mambó que le habla con los ojos 

cerrados y tomándole las manos.

 

  Según los estudiosos, cualquier persona puede ser sacerdote si cumple 

con los requisitos necesarios, como ser iniciado y conocer la liturgia, 

los atributos de los dioses y sus símbolos.

 

  "Generalmente son las divinidades las que designan al futuro sacerdote 

mediante la aparición, o un sueño, o la posesión", señala el libro "El 

Vudú en Cuba", publicado en 1998 por  Joel James, José Millet y Alexis 

Alarcón, que contiene un capítulo dedicado al culto en Haití.

 

  "Mi abuelo y mi padre eran hougan, heredé estos poderes de ellos. En 

principio no quería ser hougan, no quería entrar en contacto con esto", 

asegura André, de 61 años, al que IPS encuentra delante de un altar con 

velas y ofrendas para los espíritus.

 

  Pero "perdí tres hijos, y me decían que yo mismo había vendido a mis 

hijos a los loas. El loa Damballah (rey de los santos guerreros) me 

reclamó como hougan y no acepté. Por ello la venganza de este dios contra 

mis pobres hijos. Ahora que soy hougan, tengo mucho poder y sé que nada me 

puede pasar", explica mientras hace un tejido de sogas que, según dice, 

representa la infinita fuerza de  Damballah.

 

  Cuando cae el sol, el ambiente se hace más calmado y el aire está pleno 

de religiosidad. Una mujer arroja en un árbol perfume hecho con las hojas 

de "trois parole" (tres palabras) para la buena suerte, mientras reza con 

las manos juntas y da vueltas alrededor del tronco.

 

  Cerca de la cascada, hombres y mujeres venden velas, cordones azules y 

blancos que representan a los loas e imágenes de la Virgen de los 

Milagros. Los tambores tocan ritmos sincopados, y algunas personas entran 

en trance, hablando en voz alta y moviéndose frenéticamente.

 

  Más allá de los estereotipos, que describen al Vudú como pura magia 

negra, rituales con muñecas, sacrificios de animales y muertos vivientes, 

ésta es básicamente una religión pacífica, en la que los ritos constituyen 

una experiencia mística para los iniciados.

 

  Existe también el Vudú Congo, que se distingue por el uso de 

maldiciones, males de ojo y "polvos maléficos".

 

  Más de 60 millones de personas practican el Vudú en todo el mundo. Los 

rasgos de esta religión proceden de la cultura animista de un pueblo 

africano, los yorubas, provenientes de Nigeria, Benín y Togo.

 

  Hoy en día el vudú, bajo distintas formas, se practica en Benín, Haití, 

Republica Dominicana y en Cuba, donde se lo conoce como Santería o Regla 

de Ocha. Cultos similares, como Umbanda, Macumba, Quimbanda y Candomblé, 

se practican en varios países de América Latina y el Caribe. 

(FIN/IPS/vv/dcl/la ca cr ae sl/08)