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México-EU: el reloj se detiene


ALEJANDRO SALDIVAR / Revista Proceso


9:00 horas. Un vendedor de banderas agita con furia un paño tricolor. En el paso peatonal los autos rugen con prisa. Del otro lado de la calle, un niño-corneta sopla el estribillo victorioso: tu-tu-tututu. En los corporativos, los oficinistas miran con ansia el reloj de la pared. En los bares, las banderas están caídas a falta de viento. 

 

―¡A güeeevo, nos vamos a chingar a los gringos!― dice un joven entre los apretones del microbús.

En la radio, “El Vasco” Aguirre presume la victoria. En un taxi, los pronósticos matinales se apresuran a la derrota:

―En la goliza del domigo pasado los gringos se confiaron y por eso no ganaron, ahora, se va a revertir y vamos a perder.


Génova, Zona Rosa

15:00 horas. Las voces de los comentaristas compiten en los bares: Enrique “El Perro” Bermúdez contra Cristian Martinoli. “El ángulo Televisa, impresionante” contra el vertiginoso ritmo de TV Azteca. En las mesas, las expresiones son tan cortas como el sonido que produce el tintineo de las botellas: ¡ay!, ¡uh!, ¡ea!…

En la entrada de los bares, el talle ceñido de las edecanes no importa, las miradas ceden a los escotes y las gargantas a las cervezas. En su interior, las matracas giran tantas veces como los anuncios publicitarios en la pantalla.

15.21 horas. La espuma serpentea el aire. Los gritos de gol dejan ver las amalgamas y las caries del fanático con la playera de Borgetti. Las repeticiones de Israel Castro minimizan el empate y el gol estadunidense en el minuto ocho. El balón al travesaño y los guantes del portero Tim Howard se multiplican como las órdenes de nachos y tacos placeros en la cocina.

15.26 horas. Las mentadas de madre a flote. La panza de algunos oficinistas permanece apretada detrás del su cinturón. En el televisor Giovanni Dos Santos tira a gol. Las expresiones de los comensales son silábicas: van-a-ver-van-a-ver-gol-gol…

15:41horas. ―Ajabaraja, rola la botana― reclama un grupo de jóvenes con pelucas entintadas. En los bares los vapores etílicos aumentan, en la cancha: sudor tricolor y sofocación extranjera.

Medio tiempo

―De a diez la crayola, órale muchachos que se vea ese ánimo― son las propuestas alrededor del Ángel. En los restaurantes, los oficinistas hacen a un lado su Blackberry y coreográficamente se aflojan la corbata. En sus camisas los gafetes cuelgan de sus prendedores con resorte.

A medio tiempo las crayolas tricolores se derriten en la mano y la afición toma bebidas rehidratantes con sed de futbolista. En los negocios, los tacos placeros chorrean las corbatas de puntitos. Los gafetes siguen colgando.

Lero-Lero

16:34 horas. ¡Ea! ¡Falta! ―Ponte conmigo güey― son expresiones que inflaman la garganta y de paso invocan el espíritu nacional ―Ese cabrón es de Tepito― mascullan los oficinistas.

Cada oportunidad de gol genera tensión en las mandíbulas. Cada contraataque de Estados Unidos resulta en optimismo ―¡Bien defendido!, ¡Lero, lero!― gritan en el restaurante. En la barra, el barman sirve con maestría otra ronda de Bacardí.

16:42 horas. ¡Goool! Miguel Sabah puso el balón en la portería. La masticación de los ejecutivos se interrumpe por la anotación, en las mesas se escuchan las propuestas ―Vamos ir a festejar profesor, tienes que juntar el kilómetro (de cervezas) ― Junto al dominó, las blackberrys siguen parpadeando.

16:51 horas. Más de 100 mil gargantas gritan y beben en el estadio Azteca. Una mancha tricolor en los televisores. ―¿Crisis? ¿Cuál crisis? Tráigame otra― eran las peticiones a los meseros. En la pantalla, Decio de Maria, secretario de la Federación Mexicana de Fútbol besa al técnico Javier Aguirre…

―Ay papá― expresa un televidente, al mismo tiempo que se acomoda el nudo de su corbata, da su veredicto y se limpia el chicharrón de los cachetes ―Nos vamos poniendo la verde abajo― bromea.

Victoria alada

17:30 horas. En una suerte de ritual, la lubricidad de la espuma congrega a cientos alrededor del Ángel de la Independencia. ―Y dónde están, y dónde están, los pinches gringos que nos iban a ganar, Mé-xi-co― cantan los aficionados el clásico estribillo nacionalista.

2-1 el marcador. La selección mexicana ganó. Y también ganaron los 350 patrocinadores del Tri, las televisoras que podrán transmitir el mundial, la Federación Mexicana de Fútbol y la Soccer United Marketing. Los dos goles suman 20 contra Estados Unidos en la historia del estadio Azteca y reafirman la nulidad de triunfos de Estados Unidos en el coloso de Santa Úrsula.

17:50 horas. El sol se trasluce por las banderas y la espuma va hacia el sur. Quedan de testigo los edificios que se erigen alrededor del Ángel: American Express, City Express, Marriott, Starbucks, HSBC, Bancomer…

Quedan de testigo los vendedores de orejas de ratón con la bandera de México. Victoriosas.