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Y el Gigante Habló…


 

 

Fue un día especial, diferente. Fiesta patria en agosto. El sol de mediodía acompañó la celebración. Esta vez fue distinta a las demás, quizá fue la rivalidad, quizá el clima, tal vez el lleno absoluto, quizá la ola que lució más verde que nunca o el sonido agudo de las cornetas para intimidar al oponente. Cuando el Gigante está presente es día de victoria.

 

Sudáfrica estuvo de visita. No sólo la presencia de Danny Jordaan, Director Ejecutivo del Comité Organizador del Mundial o la aparición de Zakumi, mascota de Sudáfrica 2010, acercaron a México a la justa del próximo año. Fue el ambiente, fue ver al equipo en la cancha, fue saberse ganadores, fue sentirse superiores. La fiesta fue en México pero se sintió en Sudáfrica.

 

El Azteca se llenó más rápido de lo normal. Para los 100 mil que inundaron el escenario, el juego sabía diferente. Atípicos el día y la hora, pero tradicional el ambiente que el Coloso mexicano irradia con su grito único: ¡México, México!

La afición de Estados Unidos llegó con anticipación a la cita, se colocaron en la parte superior de una de las esquinas del estadio y pese al inminente respeto de la afición mexicana, cada aplauso, cada porra, cada apoyo para los suyos fue desaprobado por los verdes. Es algo normal, común en el futbol, guerra de aficiones.

 

Afuera, las personas hicieron su fiesta y pintaron de colores su casa. Las gafas oscuras para no sufrir con el sol, las banderas mexicanas enrolladas por todo el cuerpo, las cervezas y refrescos en las manos, las cornetas por todos lados, las máscaras, las pelucas de tres colores, las cintas en la cabeza y el sudor en las frentes,  fueron los ingredientes para la mezcla mexicana. Nada como este país para vivir el futbol.

El momento del calentamiento, como era de esperarse, fue de contrastes, bienvenida sonora y desaprobatoria para Estados Unidos y rendición total ante el Tri. Incomodidad para los norteamericanos; hospitalidad, acojo y plena comodidad para los locales. La fiesta estaba por comenzar.

 

Llegó un momento de impaciencia. Ida a los vestidores y regreso para el partido. Faltaba poco y con el sol a plomo era difícil aguantar. Apenas se asomó la bandera del Fair Play y sí, todo estaba por comenzar. La ceremonia de los himnos fue imponente, vibrante y emotiva como siempre. El de Estado Unidos fue difícil escucharlo ante el júbilo de la gente; el himno mexicano lo cantó el Gigante, el Estadio, los verdes al unísono. Tembló el Azteca, el sol en pleno estuvo presente e hizo brillar las banderas.

El juego estaba apunto de comenzar, los 22 equipos se pararon en la cancha y se dispusieron a iniciar. El primer movimiento del balón fue desaprobado por el Gigante, movió la visita y de inmediato llegó la presión. Fueron sólo unos segundos los que Estados Unidos tuvo la pelota y los decibeles se elevaron, como no había sucedido hasta el himno.

 

Con el calor de las tres de la tarde, llegó un balde de agua fría, como si hubiera comenzado a llover, como si una nube hubiera cubierto el estadio: Gol de Estados Unidos. Se suprimieron por un segundo el ánimo, la alegría y los festejos. Fue un golpe del que se sacudieron los de playeras verdes para volver a gritar: ¡México, México! No había de otra era su fiesta y no podía terminar pronto, el mexicano no es así.

Se reinstaló el chip de lo positivo y comenzó de nuevo el empuje. ¡Ole! Para cada pase de los once de Javier Aguirre y presión para los de Bob Bradley. Así transcurrieron unos minutos, momentos de asimilación y de secarse “el agua fría sobre el cuerpo”. Por fin ¡Salió el Sol!

 

Ayer decía el técnico nacional que quería que el primer Gol lo hiciera la afición. Así fue. Las más de 100 mil voces que atraparon las localidades del lugar, no pararon, brindaron confianza, se pararon de sus asientos para hacerse sentir, aplaudieron para impulsar y derribaron el muro norteamericano. En los pies del guerrero con el número 8, estuvo la solución, el baño de sol que se requería. Disparo de larga distancia y Gol. Monumental anotación, apenas a la medida de la fiesta. Todo equilibrado, todo desde el inicio otra vez.

Por cierto, ¡cuánto cuesta traer el 10 en la espalda! Si hablamos de futbol siempre será un número que ocupe el futbolista diferente, del de nivel, el de clase y claro, los efectos con las aficiones son únicos. Por un lado, Cuauhtémoc Blanco, por el otro, Landon Donovan…

Estos detalles son los que hacen grande a este deporte, vivir rivalidades y que la afición las haga sentir en un partido: el 10 mexicano, está presente en las playeras de muchos de los aficionados, es el ídolo en el Coloso, al mencionar su nombre en la alineación es el más reconocido, toca la pelota y se rinden ante él, sale del campo y lo despiden de pie. El otro 10, Donovan, vivió esta tarde, todo lo contrario.

 

La segunda parte tuvo más dudas. El aficionado mexicano se volvió más analítico y no faltó la plática con el de al lado para revisar al equipo, sugerir cambios, proponer movimientos y buscar opciones, sin olvidar la bebida en mano para que todo se digiera más fácil.

Nervios. Con las cosas igualadas, hay que tomar precauciones, seguir alentando pero seguir presionando al rival.  El equipo seguía insistiendo, pero no se veía nada claro…el Estadio Azteca estaba a reventar, tapizado de verde, inundado de pasión.

Año, día, hora y minuto para recordar: el miércoles 19 de agosto de 2009, a las 16:40 horas, explotó el Gigante. Un Gol de México, obsequiado por Miguel Sabah, arrancó de sus asientos a todos, los hizo gritar, abrazarse, saltar y aplaudir como nunca. Era el de la victoria. Indescriptible ovación. Inyección de confianza. Tranquilidad y gusto.

 

Bienvenidos a la fiesta mexicana: ¡Sí se pudo! ¡Viva México! ¡Canta y no llores! ¡Olé, Olé! ¿Dónde están los que nos iban a ganar? ¡El que no salte…! ¡Sigo siendo el rey!  Y simplemente: ¡México, México!

Ganamos. México derrotó a Estados Unidos y habrá fiesta para rato. El Estadio Azteca habló, el país se hizo sentir, los jugadores lo consiguieron, la afición es inigualable. Es momento de abrazos, de dar la mano, de suspirar porque hay tranquilidad. Gran partido para una gran fiesta.

Todo valió la pena, faltar a la escuela, no ir al trabajo, comprar un boleto, prestar a la Selección unas horas. Este país es puro futbol, no hay duda.

Sudáfrica está más cerca, es definitivo. Allá vamos. Y ¡cuidado! Que México, el Estadio Azteca y su enorme afición ya hablaron… el Gigante está presente.

Fuente: Femexfut / Dirección de Comunicación