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¡Basta de ETA!: clama España

 

 

 


Por Bernardo González Solano / Revista Siempre!

 

 

Aunque los datos oficiales indican que la organización terrorista vasca Euskadi ta Askatasuna (ETA: Patria Vasca y Libertad) empezó a asesinar nueve años después de su fundación, el 31 de julio de 1959, feriado de San Ignacio de Loyola, fundador de la Compañía de Jesús, lo cierto es que la primera víctima mortal de los terroristas etarras fue una niña de seis meses de edad, Begoña Urroz Ibarrola, muerta al estallar una bomba en la estación ferrocarrilera de Atocha de San Sebastián el 28 de junio de 1960. Celosos de su horripilante estadística criminal, los terroristas vascos no reivindicaron la muerte de la inocente criatura porque la consideraron accidental. ¡Vaya prurito!

 

Lo único que sabe es matar

 

A medio siglo de distancia, de su nacimiento en pleno franquismo, los terroristas de ETA no saben más que una sola cosa: matar o tratar de hacerlo, sin importar que las víctimas sean niños. La marca de la casa.

Así, como macabra celebración, ETA volvió a indignar a España y realizó su actividad preferida: dos atentados en el lapso de 24 horas (uno el 30 y el otro el 31 de julio pasado). El primero en Burgos contra un cuartel de la Guardia Civil, en el que más de 60 personas resultaron heridas, en un edificio de 14 plantas donde vivían 120 personas, entre ellas 41 niños. Los daños fueron mayúsculos pero el propósito, indudablemente, era causar una gran matanza que afortunadamente no se realizó. En el atentado, la banda terrorista utilizó una bomba de más de 300 kilos de amonal.

En el segundo atentado, el jueves 31 de julio, en la localidad mallorquina de Palmanova, Islas Baleares, centro turístico por excelencia de España, víctima de una bomba-lapa colocada en un vehículo todoterreno, murieron los guardias civiles Carlos Sáenz de Tejada y Diego Salva, de 28 y 27 años de edad respectivamente. Carlos Sáenz era originario de Burgos. Con el asesinato de estos dos agentes, ETA ha matado 206 miembros de la Guardia Civil, su blanco preferido. Esta ha sido la celebración de su quincuagésimo aniversario. El balance de medio siglo suma 850 asesinados.

 

Guerra sin cuartel en España y Francia

 

Aunque las autoridades españolas consideran que ETA es una organización muy debilitada, casi moribunda, lo cual es cierto, los terroristas han querido demostrar —por lo que no se descartan otros atentados en los próximos días— que disponen de una fuerza criminal capaz de causar todavía mucho dolor y destrucción. A finales de julio de este año, la justicia ha llevado a la cárcel en España aproximadamente a 550 etarras, y en Francia, alrededor de otros 150 terroristas. En ambas naciones se mantiene el consenso de que la lucha en contra del terrorismo de ETA debe mantenerse utilizando todos los recursos que disponen las leyes. El Estado de derecho en contra del estado de terror.

Los servicios de inteligencia antiterroristas en Francia y España trabajan las 24 horas no sólo en busca de los que ya han cometido actos criminales, sino fundamentalmente anticipándose a los atentados. Por fortuna este trabajo inconmensurable ha desactivado infinidad de atentados, muchos de los cuales pudieron haber provocado más víctimas mortales, heridos y, sobre todo, infinito dolor.

La lucha del Estado español en contra de ETA no admite tregua porque, a fines del mes de junio pasado, la propia televisión de Euskadi (TVE) dio a conocer que la organización terrorista decidió, en su última asamblea “virtual”, que seguiría cometiendo atentados. El informe, que no citó fechas concretas, hizo referencia al proceso de consulta interna que ETA ha llevado a cabo entre los distintos sectores de la organización, incluidos los prófugos de la justicia y refugiados, que están localizados especialmente en Hispanoamérica (algunas fuentes calculan en más de un centenar y medio) y los presos en cárceles españolas y francesas.

Por cierto, un sector creciente de etarras presos y de refugiados en países iberoamericanos ya han manifestado su deseo de que cesen los actos terroristas que causen muertos, a lo que el radical núcleo dirigente se ha opuesto decididamente; incluso dictó expulsiones.

 

Ultimos atentados en Burgos y Mallorca, canto del cisne

 

Los expertos en el problema del terrorismo vasco están persuadidos de que los últimos atentados en Burgos y en Mallorca constituyen el canto del cisne de la organización terrorista. Desde la ruptura de la supuesta tregua en junio de 2007 —a la que dio pábulo el gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero, con el indudable deseo de pasar a la historia como el firmante de la paz con ETA, anhelo que otros gobernantes también han buscado, por lo menos— ETA ha visto disminuir sus medios humanos y materiales a medida que aumentan los arrestos policiacos. En cuatro ocasiones en un año ETA ha sido decapitada. La “cabeza loca” de Txeroki, principalmente, cayó en manos de la policía en noviembre de 2008. Sin embargo, también hay que decir que ETA conserva su capacidad de reconstituirse rápidamente y de mantener en reserva potenciales jefes de comando. Estos últimos cada vez son más jóvenes y menos experimentados, como lo prueba el atentado por fortuna fallido, contra el cuartel de la Guardia Civil en Burgos, donde por poco se evitó una matanza.

Los jóvenes dirigentes etarras, con promedio de veinte años de edad, únicamente se han formado en la violencia de las calles (la kale borroka —lucha callejera— que en los últimos tiempos también ha disminuido en frecuencia y su salvajismo). La mayor parte son considerados por la policía española como legales, los “legales” que no son fichados aún por la policía, lo que hace más difícil su batida.

Ojalá y se confirmara la tesis de que con estos dos atentados ETA quemó sus últimos cartuchos, motivados, más que nada, para “celebrar” su quincuagésimo aniversario, pero, infortunadamente esto no es más que buenos deseos. Los expertos en el terrorismo vasco explican que “ETA sabe utilizar sus símbolos por lo que tiene que redinamizar a sus tropas”, aunque no todos sus atentados resulten como los planea.

Los especialistas en antiterrorismo saben que ETA ha utilizado, con resultados, sus “bases” en terrorismo francés, de donde provienen más de la mitad de los vehículos “trampa” que han hecho estallar desde la ruptura de la tregua en junio de 2007.

 

Opiniones

 

Al paso del tiempo es indudable que ETA ya no cuenta con “abogados” que la defiendan y apoyen como cuando nació hace medio siglo, cuando decía que combatía a una de las últimas dictaduras europeas no comunista. El hecho es que, como se explica en el libro Euskadi, del sueño a la vergüenza, publicado por la Iniciativa Ciudadana ¡Basta ya!:

“Es falso que ETA haya sido una organización que luchó durante el franquismo por las libertades democráticas. Desde el principio fue crear un Estado vasco independiente. No lucha tanto contra Franco y la Dictadura como contra España, acusada de actuar como una potencia ocupante. Esta es la razón de que no abandonara el terrorismo en 1977, cuando se reinstauró la democracia, pues según los terroristas la democracia española, incluido el Estatuto de Autonomía, no es otra cosa que franquismo con otro nombre. De hecho, comete la inmensa mayoría de sus asesinatos, 799 de un total de 842 (a 31 de diciembre de 2003), entre 1976 y 2003, cuando España ya es una democracia equiparable a cualquier país occidental en lo bueno y en lo malo”.

Así, ETA cometió en un solo año, 1980, el mayor número de sus crímenes mortales: 98 asesinatos.

De tal suerte, aquellos que se escudan hoy en día atrás del lema Patria Vasca y Libertad, y que lo desnaturalizan con tanto derramamiento de sangre (que algunos idiotas seudoperiodistas y vividores de organismos internacionales en contra de la contaminación afirman que “son muy pocos muertos”) no son más que supervivientes anacrónicos de un pasado ya superado donde la violencia regía la política. ETA tiene el triste privilegio de ser la organización terrorista más vieja de Europa. En una España convertida en una de las más pujantes democracias —con vicios y defectos así como virtudes—, el pasado totalitario de aquel país no subsiste sino entre estos jóvenes iluminados, cegados por su propia violencia.
 

Por fortuna, una gran parte de la izquierda española y de otras partes del mundo, que en sus inicios apoyó a ETA, ha abierto los ojos atreviéndose a mirar la cruda realidad: la bizarra imagen de la “lucha por los derechos del pueblo vasco” se hizo añicos.
 

La propia Dolores González Catarain, Yoyes, la primera mujer que llegó a la jefatura de ETA, escribió en su Diario: “¿Cómo me voy a identificar con dirigentes que lo único que saben hacer es aplaudir los atentados de ETA y pedir más muertos?”. El gesto le costó la vida a Yoyes.

Al abandonar la organización —algo imperdonable—, Dolores fue asesinada el 10 de septiembre de 1986, frente a su pequeño hijo, mientras lo paseaba en la feria de su pueblo, Ordizia. “ETA te manda matar”, le dijo el sicario al oído.
 

A partir de entonces, de la muerte de uno que fue de los suyos, ya no queda un rastro de piedad en la organización terrorista, sólo crueldad, porque toda barrera moral ha sido abolida.

Bien dice José María Guelbenzu, escritor español en su ensayo “ETA, la costumbre de odiar”:

“Tampoco queda rastro de lucha por la causa vasca que sólo se mantiene como coartada: es la hora del terror. ETA se ha convertido en el enemigo de todos”.
 

Finaliza el autor del libro Un asesino piadoso: “Yo creo que no es que no les guste España sino que a todo lo que no les gusta lo llaman español… Demasiada gente en Euskadi se ha acostumbrado a odiar. ¿Qué se puede esperar de generaciones educadas en el odio? No ha habido nación que se haya hecho grande edificando su identidad sobre el odio. La Arcadia feliz y la costumbre de odiar contienen cada una el germen de la degeneración: juntas son una bomba de relojería”.
 

El grito unánime en contra del terrorismo de ETA es único: ¡ya basta! Aunque ETA ya puso tres bombas más en Palma de Mallorca sin causar muertos. El cuento de nunca acabar.