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Acuerdo en el horizonte brumoso


        Análisis de Mel Frykberg

RAMALAH, 17 mar (IPS)  .- La posibilidad de un
acuerdo entre Siria e Israel es cada vez más
real. Mientras, sucede lo contrario en Palestina:
la reconciliación entre las distintas facciones
es esquiva y la paz con el Estado judío se desdibuja.

   Hace varias semanas, Estados Unidos despachó
a dos altos funcionarios a Damasco, en un claro
indicio de deshielo inminente de las relaciones.

   Washington retiró a su embajador de Siria en
2005 tras el asesinato del ex primer ministro
libanés pro estadounidense Rafiq Hariri, del que
se acusó a los servicios de inteligencia sirios.

   Hariri fue dos veces primer ministro, de 1992 a 1998 y de 2000 a 2004.

   Siria e Israel mantienen conversaciones
indirectas, con la mediación de Turquía, desde el
ataque israelí contra Líbano de 2006. Pero
Damasco suspendió los intercambios en protesta
por la sangrienta ofensiva israelí contra Gaza,
del 27 de diciembre al 19 de enero.

   Hasta ahora, Washington trataba de desalentar
las negociaciones entre sirios e israelíes. El ex
presidente estadounidense George W. Bush
(2001-2009) sostenía que Siria estaba muy cerca
de lo que él denominó "eje del mal", integrado
por Corea del Norte, Irán e Iraq.

   Desde hace tiempo, los dos principales
protagonistas de Medio Oriente, Estados Unidos e
Irán, están distanciados por diferencias
políticas y el apoyo que dan a sus aliados
regionales, mediante el que fortalecen su táctica
de "divide y triunfarás" mediante la cual aseguran sus intereses 
geopolíticos.

   Washington expresó varias veces su
preocupación por el fortalecimiento de la media
luna chiita, que se extiende de Irán al Líbano, y
la ambición de poder regional de Teherán.

   La República Islámica es el principal aliado
político de Siria. Además, ambos países
financian, arman, entrenan y brindan apoyo
político a numerosas organizaciones resistentes
como el movimiento libanés chiita y pro sirio
Hezbolá (Partido de Dios) y el palestino Hamás
(acrónimo árabe de Movimiento de Resistencia Islámica).

   Siria es un país sunita, pero bajo el
presidente Bashar Assad, la mayoría de los
gobernantes son alawita, corriente escindida del
Islam chiita. Hamás también es sunita, pero su
ideología es afín a la teocracia iraní.

   Estados Unidos, por su parte, ha sido el
principal partidario de Israel, al que apoya
económica y militarmente desde hace décadas. Pero
ofreció su ayuda a los países árabes hostiles o
temerosos de Irán, incluidos Arabia Saudita,
Egipto, Jordania y las naciones del Golfo Pérsico o Arábigo.

   En el marco de la política de distensión,
dispuesta por el presidente Barack Obama,
Washington tantea a las autoridades sirias en su
intento por comenzar a resolver los problemas sin recurrir a la 
confrontación.

   El presidente sirio aplaudió la decisión de
Washington de enviar a dos altos representantes a
Damasco para reunirse con el canciller Walid
Moallem y estudiar la forma de mejorar las relaciones diplomáticas.

   Al comentar la actitud más conciliadora de
Washington, el embajador sirio en Estados Unidos,
Imad Mustapha, declaró que ese país "abandonó su
idea de que Siria tiene que hacer esto y aquello".

   Estados Unidos necesita a Siria. Ni las
amenazas ni las  intimidaciones lograron que se
reconciliara con Israel. Al contrario lo
empujaron a los brazos de Irán, lo que terminó
por fortalecer a la media luna chiita.

   Además de la influencia que Damasco pueda
ejercer sobre Hamás y Hezbolá, un acuerdo de paz
entre Israel y Siria sería un elemento de presión
para que Líbano siga el mismo camino y el Estado
judío deje de estar rodeado de vecinos hostiles.

   Estados Unidos también necesita a Siria para
que impida a insurgentes islámicos
anti-estadounidenses cruzar la frontera con Iraq,
lo que ahora no hace, según Washington.

   Siria, por su parte, quiere que Estados
Unidos levante las sanciones contra el régimen
del Partido Árabe Socialista Baaz, que bloqueó
las transferencias bancarias, las importaciones
de productos tecnológicos y obligó a permanecer
en tierra a muchos aviones por falta de repuestos.

   Pero la principal prioridad para Siria es
recuperar las Alturas del Golán, capturadas por
Israel durante la Guerra de los Seis Días de
1967, para lo que Washington es fundamental.

   Para el Estado judío la zona tiene una
importancia estratégica y sólo consideraría su
devolución a condición de que, primero, Siria cese el apoyo a Hamás y 
Hezbolá.

   Además, hay más de 15.000 colonos israelíes
en la zona y más de 70 por ciento de población se
niega a un acuerdo. Israel depende del agua de las Alturas del Golán.

   Pero las autoridades israelíes reconocen la
importancia de un acuerdo con Siria porque no
sólo socavaría la influencia de Irán en la
región, sino que también eliminaría el apoyo
económico y militar a las organizaciones resistentes.

   Para Israel, un pacto significaría también
abrirse a la región desde el punto de vista
económico, diplomático y turístico. Siria, por su
parte, recuperaría su territorio, tendría
estabilidad a largo plazo, apoyo económico y una
situación interna más estable y próspera.

   Además, si decide abandonar la media luna
chiita podría unirse al club sunita y obtener
nuevo prestigio político entre países con
ideologías afines. Esa posibilidad existe, pues
Siria es laico y no un aliado natural del fundamentalismo islámico.

   Pero para que eso ocurra, Siria tendría que
redefinir su relación con Irán, y debe estar
convencido de que es la opción correcta.

   En ese punto, Turquía podría oficiar una vez
más de mediador y, de hecho, ya se ofreció.

   Con una población mayoritariamente musulmana,
Turquía tiene muy buenas relaciones políticas,
económicas y de seguridad con Irán, pero no está
atado a una alianza política ni militar.

   Las principales diferencias entre Israel y
Siria quedaron resueltas en negociaciones
anteriores. Pero el punto final y la
implementación de un acuerdo, en especial el
retiro israelí del territorio sirio, pueden
demorar años en concretarse y probablemente deba hacerse en varias etapas.

   Por último, para que el acuerdo de paz entre
Israel y Siria sea exitoso es necesario que
Estados Unidos participe de forma totalmente
imparcial. Eso significaría, entre otras cosas,
presionar a Israel para que haga las concesiones necesarias.

(FIN/IPS/traen-vf-mj/mf/ss/mm na ip pi fe/09)