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Alucinan a Peña Nieto


Editorial Revista Siempre!

El gobernador del Estado de México, Enrique Peña Nieto, se ha convertido no sólo en un caso de mercadotecnia, sino en un fenómeno sociopolítico que desde hoy tiene a muchos —tres años antes del 2012— en el diván del psiquiatra.

La insistencia de Acción Nacional por ventilar durante la Permanente que el mexiquense pretende llevar a cabo una “elección de Estado en la entidad”, de ser un “peligro para México porque no tiene nada debajo del copete” y de “frivolizar” su administración por sobreexponer tanto su imagen como su obra de gobierno y vida personal en Televisa, demuestra la preocupación que existe en el gobierno por un personaje indudablemente carismático para el pueblo de México.

Durante el debate afloró esa doble moral, esa actitud amnésica e incongruente que no era propia del panismo original, defensor de principios humanistas, pero que hoy caracteriza a esa generación conservadora, facciosa y con arranques de intolerancia fascistoide, que ha llegado al poder para dejarse perturbar por él.

El diputado panista Juan José Rodríguez Prats dijo, con su acostumbrada oratoria pasional y desbordada, que Peña Nieto encarnaba una de las amenazas más serias para el país —remember López Obrador—; que se trataba de “un títere movido por una serie de gentes. Un hombre amarrado por una serie de intereses por concentrar poder y destruir nuestra incipiente democracia”.

Los argumentos de Rodríguez Prats no tienen desperdicio. Constituyen una radiografía de la psicosis padecida por quienes gobiernan. Ya tienen conocimiento de que la guerra sucia implementada desde Los Pinos se le ha revertido al PAN a grado tal que el 5 de julio puede perder en el Estado de México parte importante del famoso y emblemático “corredor azul”. El discurso de Rodríguez Prats, más que un llamado a la legalidad, es un grito que busca evitar la fuga de simpatizantes: “¡Por favor —parece decir—, no nos abandonen!”.
Acción Nacional acusa a Peña Nieto de utilizar las obras de gobierno para promover a los candidatos de su partido. ¿Acaso Felipe Calderón no hace lo mismo desde la Presidencia de la República? Peor aún, mientras el mandatario local inaugura puentes, calles y avenidas, el jefe del Ejecutivo utiliza al Ejército y a la Procuraduría General de la República con fines evidentemente electorales.

Se queja el PAN de que Peña Nieto pretende adelantar el 2012. ¿Ya se le olvidó que Vicente Fox anunció su candidatura a la Presidencia desde el momento en que tomó posesión como gobernador de Guanajuato, que utilizó los recursos públicos de la entidad para recorrer el país y posicionar su imagen? ¿Ya olvidó también —por aquello de la frivolidad— que el hombre de las botas fabricó en Los Pinos una boda estilo La Cenicienta y delegó tanto poder en su esposa que la convirtió en una especie de vicepresidenta, quien pretendía —con toda la ambición e ignorancia que le caracteriza— emular a Eva Perón?

Peña Nieto no los deja dormir por una razón concreta y de fondo: en una supuesta contienda, donde el mexiquense sea candidato para el 2012, no existe, hasta este momento, un panista que pueda ganarle en las encuestas.
¿Cuáles son las propuestas actuales del PAN? ¿Germán Martínez Cázares, quien se ha prestado a todo tipo de estrategias y negociaciones para que su partido gane a toda costa el 5 de julio, pero cuyos excesos lo han colocado ante la ciudadanía como un hombre antipático, fanático e intolerante? ¿Qué secretario de Estado o qué legislador panista ha destacado lo suficiente como para suponerlo un buen producto electoral?

El problema de Peña Nieto no está afuera, en el PAN o en el PRD, sino adentro del PRI. Si las crónicas periodísticas no mienten, mientras los priístas apenas tocaron al candidato panista a la alcaldía de San Pedro Garza García, en Nuevo León, quien —según una grabación dada a conocer— mantiene negociaciones con los cárteles de su estado, los legisladores azules se le fueron de frente al gobernador del Estado de México, sin que alguien los detuviera.

Peña Nieto es un fenómeno indudable de aceptación. Ha logrado colocar al Estado de México en el centro de la geografía nacional. Su mayor gracia no es ser bien parecido ni tener copete, sino hacer olvidar, tal vez por su juventud, el partido al que pertenece. Su carisma rompe paradigmas y eso tiene al PAN alucinando, en consulta con el psiquiatra.