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¿Pusieron condiciones para el golpismo?




Por Alvaro Cepeda Neru / Revista Siempre!

Ebrard, venga o no al caso, hace alarde de una supuesta enemistad ideológica con Calderón (siendo que Marcelo no es de izquierda ni siquiera del ambiguo centro, sino siempre pillado en su oportunismo) pero, ambos, asesorados por sus favoritos Manuel Camacho y Antonio Solá, respectivamente (John Elliott y Laurence Brockliss: El mundo de los validos), sacaron a relucir el animal autoritario, en grado de autócrata, que llevan dentro.
Y abusaron del poder en sus ámbitos de competencia al exagerar con su alarmismo —peor que la epidemia gripal— y convertirlo en una provocación de la peste fascistoide, cuyo fantasma se pasea por las calles con visos de golpismo.
Lo sospechoso no fue las presuntas víctimas de la influenza, y el manejo perverso y tortuoso de las cifras que aumentaban y disminuían según el miedo que le metieron a la población, que se presentó en los hospitales públicos hasta por el mínimo síntoma respiratorio.
Con este alarmismo arrastraron al país, con su deteriorada economía, a un desastre que intensificó el alza de precios, arrojó a la calle a más despedidos que se suman al creciente desempleo y asustaron las protestas sociales. Ebrard, con el chuchismo, quiso detener al lópezobradorismo, mientras Calderón-PAN-Germán intentaron reventar el proceso electoral, aún secuestrado.
Pero a su vez, esto ocasionó reacciones internacionales draconianas y tensiones diplomáticas, que contribuyen a la profundización de la crisis general económica, política, educativa, sanitario (el seguro popular y Córdoba como la carabina de Ambrosio) e institucional, para poner en gravísimo riesgo al mismo Estado.
El último de los males: la posibilidad del golpismo, con o sin uniforme, como sería la permanencia del calderonismo con manu militari o por interpósita persona (Molinar Horcasitas, Lujambio o el enloquecido cancerbero Germán Martínez) o, por parte de Ebrard y sus halcones chuchistas propiciar el golpismo en el PRD para de una vez por todas sacar de la jugada a López Obrador y autoproclamarse candidato único para la sucesión calderonista.
Los extremos, pues, hicieron contacto: la derecha de Ebrard y la ultraderecha de Calderón, aprovechando el miedo que cosechó pánico. Pero, al mirar por la cortina desgarrada por el abuso del poder, el uso de mentiras, la exageración del mal, el pueblo ha iniciado el desenmascaramiento de quienes pusieron las condiciones para el golpismo.

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