MyCityLinked

Browse By

MyCityLinked

¿Qué le pasa al Presidente?

 

 

 


Editorial Revista Siempre!

El “cambio de fondo”, el “drástico ajuste” a la estructura de la administración federal y los cambios en el gabinete propuestos por Felipe Calderón confirmaron no sólo la pequeñez política de Los Pinos, sino la atadura del Presidente a fuertes intereses.

 

Ante una crisis de tal magnitud —comparada por el Premio Nobel Joseph Stiglitz con la caída del Muro de Berlín y el fin del bloque comunista—, se tienen que tomar grandes decisiones sin importar afectar a las élites. El Ejecutivo federal no está, sin embargo, en esas condiciones. Así lo puso en evidencia el ilógico y contradictorio paquete económico 2010, enviado a la Cámara de Diputados, y las insensatas sustituciones hechas dentro de su equipo de colaboradores.

 

Destacados jefes de Estado y expertos internacionales en materia económica se han cansado de recomendar a países como México tomar, cuando menos, tres decisiones fundamentales en este momento: nombrar a un “gabinete o gobierno de crisis” con suficiente experiencia y capacidad; sustituir o promover el cambio de modelo económico vigente y combatir de raíz la pobreza, sin importar afectar los grandes intereses.

 

Ninguna de esas tres premisas aparece en el “cambio de fondo” de Calderón y las razones son tan dramáticas como simples. Nunca se rodeará de colaboradores competentes porque es incapaz de deshacerse de ese gymboree, de ese kínder que, como bien le dijo su tutor político, Carlos Castillo Peraza, responde a un problema de falta de confianza en su personalidad y en la de los demás.

 

Tampoco puede encabezar una revolución del sistema o del modelo mexicano porque para ello tendría que deshacerse o mandar a la cárcel a personajes como Elba Esther Gordillo; restar privilegios a todos aquellos banqueros, empresarios o políticos que le permitieron ganar la Presidencia de la República y hoy lo sostienen en el poder, a pesar de su debilidad.

 

Ni en su publicitado decálogo ni en el “paquete de la austeridad” —del cual, dijo, iban a salir “chispas”— están presentes las decisiones para combatir las causas más importantes de la crisis mexicana. Nada propone para que México pase de ser una economía especulativa y meramente importadora a una economía de producción y autosuficiencia nacional.

 

Tampoco se refiere ni ofrece mecanismos para corregir la pésima distribución del ingreso —uno de los orígenes de la profunda desigualdad social—. En ningún párrafo habla sobre el papel que deben asumir los bancos y el sistema financiero nacional, por cierto, en manos de extranjeros y tampoco se atreve a proponer se elimine el trato especial que reciben los monopolios en materia fiscal.

 

Cualquiera sabe que ninguna economía moderna puede funcionar sin un buen sistema financiero. Por ello, el actual coordinador de la fracción parlamentaria del PRI en San Lázaro, Francisco Rojas, dijo que su partido propondrá que la banca quede en manos de mexicanos, financie actividades productivas y deje de enriquecerse a partir de las enormes utilidades que obtiene por “préstamos al gobierno, cobro de comisiones o créditos al consumo”, como lo hace Citibank, a través de Banamex.

 

Nada dijo Calderón al respecto. El “cambio de fondo” es —sin buscar la estridencia— hipócrita y perverso. Le apuesta al asistencialismo para preservarle al PAN su clientela electoral y provoca mayor desempleo al matar, mediante el aumento de impuestos, la productividad nacional.

 

¿Dónde está el Presidente? ¿En qué piensa el Presidente? O como dice aquella canción: ¿a qué dedica el tiempo libre? Porque no hay congruencia entre lo que ofrece y lo que decide. Designar como procurador general de la República a quien es señalado por diversas organizaciones civiles y de derechos humanos como responsable de omisiones y negligencias en la investigación de los feminicidios de Ciudad Juárez —cuando era procurador de Chihuahua— no corresponde a un ideal de modernización nacional.

 

El nombramiento de Arturo Chávez Chávez al frente del Ministerio Público Federal no sólo es un error político, sino una muestra clara de que en Los Pinos —en el peor momento de la crisis— se está pensando y decidiendo mal.