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Carlos Pascual viene a evitar la caída de Calderón


Editorial Revista Siempre!

El artículo que Carlos Pascual, próximo embajador de Estados Unidos en México, publicó en la revista Foreign Affairs, de octubre-diciembre de 2005, titulado “Para remediar la ingobernabilidad de los Estados”, puede ayudar a explicar las razones de su nombramiento.

Cabe destacar que el trabajo lo redactó cuando era coordinador para la Reconstrucción y la Estabilización del Departamento de Estado norteamericano, una oficina que inventó el ex presidente George W. Bush —en la primavera de 2004— después de la invasión a Afganistán e Irak, y cuyo primer titular fue, precisamente, Carlos Pascual.

El objetivo y función de esta oficina la explica con toda claridad el diplomático: “En un mundo interrelacionado, los Estados débiles y fallidos, representan un riesgo para los Estados Unidos y la seguridad global.”

El término “Estado fallido” salió de la incubadora de Pascual y la frase “México puede estar a punto de ser un Estado fallido” proviene de funcionarios y despachos vinculados a ese laboratorio, desde donde se pretende prevenir conflictos que puedan poner en riesgo los intereses de Washington.
El propósito de su nombramiento no puede ser, entonces, más claro. Carlos Pascual viene a México a tratar de evitar la caída del gobierno calderonista, debilitado institucionalmente por el poder alcanzado del crimen organizado.

Y si hubiese alguna duda para entenderlo no hay más que leer a Carlos Pascual: “La falta de buen gobierno en Estados débiles —escribió—significa con frecuencia que no tienen capacidad de manejar grupos criminales dentro de sus propias fronteras.”

Pero el recién nombrado embajador dice muchas más cosas. Por ejemplo, anuncia al mundo que después de la mala experiencia en Irak, Estados Unidos ha tomado la decisión de darle un giro radical a su política exterior. “Las herramientas tradicionales de la diplomacia —las representaciones, los tratados, el diálogo— a menudo tienen una influencia limitada sobre los actores a los que no les interesa su imagen internacional o su legitimidad.”

Lo que trasladado al caso mexicano significa que es necesario venir a decirle al gobierno de Calderón cómo gobernar para frenar el avance de los cárteles. Para Carlos Pascual, los conflictos internos —léanse guerras civiles, terrorismo, guerrillas o narcotráfico— “son más probables en países que padecen pobreza, una distribución de ingresos muy desigual, instituciones débiles y fuerzas policíacas ineficaces.”

La presencia de este cubano-norteamericano en las oficinas de Paseo de la Reforma indica que Estados Unidos tiene una lectura muy diferente a la del gobierno mexicano en materia de violencia. Que su diagnóstico es tan grave que llega para prevenir un mayor desbordamiento de la actividad de los grupos delictivos en la frontera norte. El senador independiente Joseph Lieberman, presidente de la Comisión de Seguridad Interior, confirma lo anterior al declarar que los cárteles mexicanos alcanzan ya a 230 ciudades estadounidenses.

Otra consecuencia que, sin duda, se desprende de la cifra anterior es que México se ha convertido en un peligro para Estados Unidos y que Carlos Pascual viene a tratar de revertir la situación actual. La pregunta es cómo lo hará. Si las herramientas tradicionales de la diplomacia están totalmente rebasadas y no sirven para contrarrestar los efectos de los Estados fallidos, entonces, ¿qué tipo de instrumentos o soluciones aplicará?
Lo que es absolutamente seguro es que el gobierno norteamericano se prepara para evitar que a lado de su casa haya un segundo Afganistán. El ahora embajador de Estados Unidos en México lo deja así asentado en su análisis: “…en 2001 uno de los países más pobres del mundo, Afganistán, se convirtió en la base del ataque más mortífero de que hay sido objeto el territorio estadounidense, lo que ilustra gráfica y trágicamente que los problemas de otros países a menudo no sólo los afectan a ellos.”

Conocidos los antecedentes de Carlos Pascual, salen sobrando los pétalos de rosa que vino a repartir la secretaria de Estado, Hillary Clinton. Se otea en el horizonte una estrategia bilateral que —como lo ha dicho el presidente Barack Obama— estará sustentada en la corresponsabilidad, pero también y sobre todo en tratar de evitar que caiga sobre la seguridad de Estados Unidos un gobierno fallido.