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Cuba, reto hemisférico de Obama

 

Editorial Revista Siempre!

Sin decirlo, Barack Obama utilizó estratégicamente a México como antesala de la Cumbre de las Américas que se llevó a cabo en Trinidad y Tobago. La gran pregunta es si el gobierno del presidente Felipe Calderón entendió el mensaje, porque el mandatario norteamericano parece estar decidido a darle un giro a la relación de Estados Unidos con la región.

Con la idea de poner delantera a esta estrategia, Obama publicó en el marco de su visita a México un artículo donde reconoce el fracaso, la incomprensión y el distanciamiento de Estados Unidos con respecto a América Latina y el Caribe. “Demasiadas veces, Estados Unidos —dijo— no ha buscado ni mantenido las relaciones con sus vecinos”. Y agrega algo fundamental: “Mi gobierno se ha comprometido con la promesa de un nuevo día. Renovaremos y mantendremos relaciones más extensas entre Estados Unidos y el hemisferio”.

¿Cómo debe interpretarse el nuevo día de Obama. ¿Dónde va a amanecer? Al utilizar la palabra renovaremos, parece dar a entender que por donde va a salir el sol es por Cuba. De alguna forma así también lo da a entender cuando recuerda que su gobierno ha eliminado la prohibición a los cubanos residentes en Estados Unidos a viajar a su país de origen y a hacer transferencias monetarias a la isla.

Estas decisiones, sin embargo, no son suficientes para normalizar las relaciones con un país condenado desde hace 50 años al ostracismo económico, comercial y político. Obama ha asestado un buen golpe mediático al tratar de darle un matiz humanista al bloqueo cubano, pero el gran desafío sigue vigente: levantar definitivamente el bloqueo como prueba irrefutable de que existe voluntad de dar un vuelco a una política exterior imperial marcada por la injusticia y la exclusión.
¿Hasta dónde quiere llegar Obama con Cuba? ¿Qué tanto se puede esperar de él? ¿Hasta dónde está en sus manos normalizar la relación con un país y un gobierno estigmatizados por los más importantes centros de poder?

Resulta interesante saber que la eliminación del bloqueo a Cuba no se resuelve a través de una simple firma, ni de un día para otro. Su estructura jurídica está compuesta por un amasijo de leyes que corren transversalmente de lo económico a lo político y de lo político a lo comercial, a lo migratorio, a lo financiero y a un sinfín de áreas y actividades que se requeriría de un largo proceso jurídico y legislativo para destrabar la telaraña construida por el imperio.

Obama llegó a Trinidad y Tobago en un escenario hemisférico totalmente diferente al de sus antecesores. Por primera vez en la historia de la región, dominan gobiernos de línea socialista que han condicionado el buen entendimiento con Obama a partir de hacer justicia a Cuba.

México, a diferencia de Brasil, Bolivia, Chile, El Salvador, Uruguay y Venezuela, tiene una administración de derecha que ha mantenido, pese a su retórica de aproximación, una relación distante con la isla. El ex presidente Vicente Fox con su famosa frase a Fidel Castro del “comes y te vas” definió con claridad lo que siente el panismo más ortodoxo y dogmático por el socialismo cubano.

Empero, México como país, y no sólo como gobierno, tiene una obligación histórica con Cuba. Primero, por tratarse de una nación hermana, pero también porque la Constitución y la mejor tradición de la política exterior nacional exigen respetar la soberanía y dignidad de ese país. El bloqueo ha dañado social y económicamente al pueblo cubano y ése es un argumento que debe privilegiar México en su posición.

Si el del presidente Calderón es realmente un gobierno democrático; si realmente cree en la defensa de los derechos humanos, en el respeto a las diferencias políticas, y considera que México forma parte geográfica y esencialmente de América Latina y el Caribe, entonces, debe levantar su voz con fuerza para pedir, para exigir, que Estados Unidos ponga fin de una vez por todas a una de las más grandes infamias cometidas contra una nación.