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El acoso a la prensa

 

 

 

 

 

 

Bernardo González Solano / Revista Siempre!

 

 

Aunque la libertad de expresión y la de prensa están inscritas en prácticamente todas las Constituciones del mundo como un derecho indiscutible del ser humano, la verdad es que al paso del tiempo ambos derechos se han convertido en los tópicos preferidos para los discursos de los gobernantes y políticos de todos los ismos —de derecha o de izquierda—, en los que se desgarran las vestiduras para su pretendida defensa, pero en la realpolitik, la mayoría de los gobernantes hacen hasta lo imposible para controlar ambas libertades.

Con las excepciones del caso, que las hay, en muchos países del globo, la libertad de expresión y de prensa se han convertido en el blanco preferido de las autoridades.

Por ende, la profesión de periodista está calificada por organismos internacionales como un trabajo de alto riesgo.

En México, por ejemplo, en los últimos dos años han sido asesinados alrededor de medio centenar de periodistas, víctimas de la delincuencia organizada, del narcotráfico, que actúan con impunidad porque las autoridades no cumplen con su obligación de castigar a los culpables. Ni el uno por ciento de los responsables han sido condenados. De acuerdo a las estadísticas el asunto ni tiene para cuando mejorar.

El colmo, el presidente legítimo —Andrés Manuel López Obrador— acaba de dictar un acuse —de acuerdo a su imperial costumbre— mediante el cual prohíbe a sus súbditos leer o escuchar a los periodistas que lo critican.

 

Italia: Silvio Berlusconi

 

El ejemplo más ofensivo es el del primer ministro de Italia, Silvio Berlusconi, que en aras de defender su honor y de tratar de impedir que los medios de comunicación, sobre todo los impresos, continúen exponiendo su crapulosa forma de vivir y de corromper a propios y extraños, incluyendo prostitutas y narcotraficantes, ha dispuesto demandar, por la vía legal, a todos los periódicos europeos que hayan escrito sobre su “vida privada”, que se volvió pública, debido a la demanda de divorcio presentada por su esposa, acusándolo de mantener relaciones carnales con menores de edad.

Hasta el momento, el ministro italiano ya demandó a los siguientes periódicos: L´Unitá por el equivalente a 57 millones de pesos mexicanos por presunta difamación. El rotativo romano informó de la demanda y aclaró que las publicaciones sobre los escándalos sexuales del funcionario fueron consideradas “lesivas” al “honor” de Il Cavalieri.

La demanda incluye que se condene a cinco integrantes del periódico: la directora, Concita de Gregorio, las reporteras Natalia Lombardo y Federica Fantozi; la editorialista María Novella y la escritora Silvia Ballestra.

Los otros periódicos demandados son La Reppúbblica por 19 millones de pesos; Le Nouvel Observateur por su artículo “Poder, sexo y mentiras”, y El País por la publicación de fotografías de hombres y mujeres desnudas en Villa Cerdeña, una de las casas de descanso del primer ministro.

Además, Berlusconi tiene amenazado a otros dos periódicos, el británico The Times y el francés Le Monde.

En tanto, a través de Internet, La Reppúbblica hizo un llamamiento a favor de la libertad de prensa firmado por tres eminentes juristas, denunciando el “intento de reducir al silencio la prensa libre y de anestesiar la opinión pública”.

Aproximadamente 200 mil personas, muchos artistas e intelectuales italianos y de otros países europeos, han dado su apoyo al llamamiento del periódico.

Berlusconi no se conforma con demandar periódicos que lo critican, sino que ataca medios católicos que tradicionalmente le habían sido afines. Ya logró la denuncia del director de Avenire, Dino Boffo, que dirigía el periódico de la Conferencia Episcopal Italiana que se convirtió en una de las voces más críticas del mundo católico con los escándalos sexuales protagonizados por Berlusconi y con la política de inmigración de su gobierno.

El primer ministro utilizó uno de sus periódicos —Il Giornale, dirigido por Vittorio Feltri— para acusar a Dino Boffo de haber sido condenado en el año 2004 por acosar telefónicamente a la esposa del hombre con quien mantenía una relación homosexual. El expediente más rápido: calumnia que algo queda.

En este enfrentamiento de medios, Ezio Mauro, director de La Reppúbblica explica el problema de la siguiente manera: “Berlusconi ataca a la iglesia porque concibe su poder como un poder absoluto ajeno a todo control. Italia es una anomalía entre las democracias europeas y occidentales. Ni siquiera Richard Nixon usó estos métodos contra la prensa. El problema es que Berlusconi utiliza los suyos para tapar la boca a sus enemigos. Y eso no pasa en ningún otro sitio”.

 

El proyecto bolivariano

 

Lo malo del caso es que, pese a lo dicho por el periodista italiano, la represión a la prensa libre sí se presenta en otras partes del mundo. Sobre todo en tierras del Nuevo Mundo. Tal parece que los autollamados gobiernos de izquierda no cantan mal las rancheras. El acoso contra los medios se agrava en Venezuela, Ecuador, Bolivia, Nicaragua y Argentina. Las organizaciones periodísticas iberoamericanas están en permanente estado de alarma debido a la creciente censura y amenazas contra el periodismo.

En un reciente artículo, Maite Rico —con el título “La prensa estorba al eje bolivariano”— informa: “La Sociedad Interamericana de Prensa, que agrupa a 1,300 publicaciones del continente, ha dado la voz de alarma: «En los tres últimos años se está imponiendo un patrón de acoso sistemático a los medios independientes en Venezuela, Ecuador, Bolivia, Nicaragua y en menor grado, Argentina», explica desde Bogotá Enrique Santos, presidente de la SIP. Los presidentes emplean contra ellos un lenguaje agresivo y beligerante, ligándolos a los complots, minando su credibilidad. Todo ello acompañado de medidas específicas para asfixiarles»”.

En otros lugares, como México, Centroamérica, Brasil o Colombia —agrega Rico—, la violencia contra los periodistas está ligada sobre todo al crimen organizado o la corrupción. Lo preocupante con Hugo Chávez y sus aliados, insiste la SIP, es que se han embarcado en una ofensiva de Estado contra la libertad de expresión.

Da la impresión de que la prensa estorba al socialismo del siglo XXI, agrega Maite Rico. Los medios, afirman los dirigentes bolivarianos, responden a intereses de la oligarquía y el imperialismo y “tergiversan la realidad. Hay una serie de vicios que tiene la prensa que son un atentado a los intentos de cambio para bien de nuestra América”, declaraba recientemente Rafael Correa, que ha anunciado que, desde la presidencia de turno de UNASUR, propondrá un organismo regional para “vigilar” a los medios.

Se pregunta: ¿tienen algún fundamento esas denuncias? ¿Está la prensa demasiado “politizada”?

“En Venezuela, Ecuador, Bolivia o Nicaragua vivimos un proceso de polarización extrema, y es inevitable que eso se refleje en los medios”, asegura Marco Dipp, presidente de la Asociación Nacional de la Prensa de Bolivia. Además, la falta de una oposición articulada y la fragilidad institucional han convertido a la prensa “en uno de los principales instrumentos de fiscalización del poder”. Y eso tiene sus riesgos.

Continúa: “Claro que hay errores y excesos”, afirma Enrique Santos, pero son parte “de la dinámica de la libertad de información, de la lucha de opinión. Para eso están los instrumentos legales”. Sin embargo, las acciones emprendidas por los mandatarios bolivarianos van mucho más allá de los roces tradicionales entre el poder y los medios, y apuntan a una estrategia de control de la información y limitación de la libertad de prensa.

Tal parece que se ha establecido una política común en contra de la prensa entre Chávez y sus principales aliados. Hay una estrategia que repite el mismo esquema: “Empieza con insultos y descalificaciones, sigue con agresiones físicas (sobre todo en Venezuela, Bolivia y Nicaragua) por parte de grupos de choque oficialistas, acoso judicial, medidas de asfixia (como el reparto de pautas publicitarias o los impuestos al papel fijados en Ecuador) y el cierre de medios (Venezuela lleva la pauta en este sentido)”.

Simultáneamente, estos gobiernos, denuncia la SIP, están conformando poderosas redes de prensa con fondos públicos para usarlos como aparato de propaganda. Pero, sobre todo, para contrarrestar las denuncias de la prensa libre, a semejanza de lo que hace Silvio Berlusconi con su imperio informático, sobre todo de televisión, y sus periódicos y editoriales de libros.

Las principales medidas en contra de la prensa en Centro y Sudamérica se han dado en las siguientes naciones: Nicaragua: concentración de publicidad en medios propiedad de la familia presidencial. Persecución judicial y agresiones físicas.

Venezuela: clausura de Radio Caracas TV y de 34 emisoras. Acoso a Globovisión. Ley mordaza contra la prensa. Agresiones físicas.

Ecuador: descalificación presidencial a periodistas. Persecución judicial a los medios. Revisión de licencias de radio y TV.

Bolivia: agresiones físicas (más de 90 en los últimos nueve meses). Descalificación a periodistas. Creación de una red de medios bajo control estatal.

Argentina: el Congreso debate una ley que refuerza el control del gobierno sobre el sector audiovisual y de prensa.

En fin, cuando se trata de pretender controlar la libertad de expresión y de prensa, no importa que los regímenes sean de derecha o de izquierda. Todos son iguales o peores.