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El tango de Ahumada; la venganza frustrada


Por RAúL MONGE / Revista Proceso

 

La revista Proceso publico en su número 1460 del 24 de octubre de 2004 un adelanto del libro El tango de Ahumada, escrito por el reportero Raúl Monge actual coordinador de la agencia de información Proceso.

Carlos Ahumada se amafió con miembros del PRD y funcionarios del gobierno del Distrito Federal para lucrar y obtener prebendas, y todos, él y sus cómplices, acabaron en el lodo. Trató de destruir a Andrés Manuel López Obrador y terminó en la cárcel. Se coludió con funcionarios del gobierno federal y con el expresidente Carlos Salinas de Gortari y ni eso lo salvó. El empresario argentino, mexicano por naturalización bastarda, es el protagonista central del peor escándalo político de los últimos años en México. El Tango de Ahumada, del reportero Raúl Monge -una coedición de Grijalbo y Proceso que está ya en librerías-, cuenta una historia en la que no hay inocentes, una historia que arrastra nombres, prestigios, famas, honras, dignidades… Transcribimos aquí fragmentos del capítulo cuatro, cuyo contenido adquiere aún mayor contundencia a la luz del video dado a conocer la semana pasada por el procurador Bernardo Bátiz.

 

En febrero de 2004, la PGJDF comenzó a realizar las primeras detenciones por el quebranto en la delegación Gustavo A. Madero, y como la punta de la madeja conducía directamente hacia él, Carlos Ahumada calculó que había llegado la hora de reventar de una vez por todas al gobierno de Andrés Manuel López Obrador.

Desde septiembre de 2003 a enero de 2004, el empresario argentino se había ocupado en tejer una sólida red de relaciones y de complicidades de la que echaría mano para culminar su venganza.

En ese lapso sostuvo varios encuentros: con el expresidente Carlos Salinas de Gortari y el senador del PAN Diego Fernández de Cevallos; con los abogados de la familia Salinas -Juan Ramón y Antonio Collado Mocelo-; con el dueño de Tv Azteca, Ricardo Salinas Pliego; con el director adjunto a la Presidencia de Televisa, Bernardo Gómez, y con el falso propietario del llamado Paraje San Juan, Enrique Arcipreste del Ábrego, a quien por cierto le compró los derechos del predio en litigio.

Además, Carlos Ahumada tuvo contacto con el procurador general de la República, general Rafael Macedo de la Concha; con la titular de la Fiscalía Especializada para la Atención de Delitos Electorales (FEPADE), María de los Ángeles Fromow; con el diputado federal del PAN Federico Döring, y con el vicepresidente de Relaciones Públicas de Organización Editorial Mexicana (OEM), Carlos Salomón.

La noche del 13 de enero de 2004, Carlos Ahumada citó al líder de la Corriente de Izquierda Democrática, cuyos candidatos ocuparon la mayoría de las delegaciones del Distrito Federal y de las curules en la Asamblea Legislativa; René Bejarano aceptó acudir al restaurante Balmoral del hotel Presidente Intercontinental. El empresario estaba sumamente molesto porque el jefe delegacional en Gustavo A. Madero, Octavio Flores Millán, había despedido a Luis Salazar y María Martha Delgado. Y como conocía perfectamente la fuerza territorial y la influencia que ejercía René Bejarano, le pidió que persuadiera al delegado para que le respetara esos dos puestos de trabajo, o de lo contrario entregaría la información que tenía en su poder al expresidente Carlos Salinas de Gortari, a Diego Fernández de Cevallos y a Marta Sahagún, con quienes presumió de tener una buena amistad.

René Bejarano supuso que Carlos Ahumada se refería al convenio que el PRD había firmado con Televisa vía Bernardo Gómez, el director adjunto a la presidencia de ese medio, y no a la serie de videos de la corrupción de cuya existencia tenían noticia sólo el empresario argentino y un reducido grupo de personas.

Ya preso, Carlos Ahumada declaró que en la reunión del Balmoral el entonces presidente de la ALDF le pidió dinero. Lo único seguro es que en ese entonces el dueño del diario El Independiente ya había cultivado relaciones con Carlos Salinas de Gortari, quien libra una guerra no declarada contra Andrés Manuel López Obrador desde que regresó a México. Por ejemplo, hacia finales de 2003, el expresidente no tuvo empacho en invitar a su casa de Camino a Santa Teresa a todo aquel a quien consideraba digno de escuchar sus denuestos contra el jefe de Gobierno del Distrito Federal.

El semanario Proceso documentó puntualmente, en la segunda semana de abril de 2004, los seis encuentros que estos personajes sostuvieron de septiembre de 2003 a febrero de 2004, el último de ellos sólo 14 días antes de la difusión del primero de los tres videos de la corrupción conocidos hasta ahora.

De ello dieron fe Julio Carrasco Romero y Ricardo Torres de la Cruz, dos de los seis escoltas que Carlos Ahumada tenía a su servicio y de su familia hasta antes de que difundiera los "videoescándalos".

Adscritos a la Policía Bancaria e Industrial (PBI), los guardias de seguridad afirmaron que en el año 2003 su patrón sostuvo al menos cuatro reuniones con Carlos Salinas de Gortari, la última de ellas el 22 de diciembre, a las 8:30 horas, en su casa de Camino a Santa Teresa número 480, colonia Bosques del Pedregal, delegación Tlalpan.

Ese día Carlos Ahumada le pidió a Julio Carrasco que lo trasladara a esa dirección. El dueño del Grupo Quart iba en el asiento trasero, junto con una persona más a la que los guardias nunca habían visto. Ricardo Torres y Julio Carrasco ocuparon los asientos delanteros.

En el trayecto, Carlos Ahumada recibió una llamada telefónica y respondió: "Ya vamos para allá, tocayo". Colgó y minutos después llegaron a su destino. Julio Carrasco detuvo el automóvil frente al número 480, en espera de que el guardia de seguridad apostado en la caseta de vigilancia les franqueara el paso.

Una vez en el fraccionamiento, el empresario argentino dirigió a su escolta hacia la casa donde los esperaban, pero lo hizo mal porque salieron a otro lugar. Furioso, recriminó al conductor: "Bájate del auto, pendejo, hijo de la chingada".

Ese trato al personal era común en él. Julio Carrasco y Ricardo Torres refirieron que Carlos Ahumada es una persona camaleónica:

"Por cualquier cosa cambia de carácter. Había ocasiones en que, sin deberla ni temerla, pagábamos los platos rotos. Recibíamos gritos, humillaciones, insultos y golpes."

Luego del incidente, Ricardo Torres tomó el volante y su jefe le pidió que siguiera a un auto que pasaba cerca del suyo. El jefe de escoltas del empresario y antes responsable de la seguridad de su esposa Cecilia Gurza, y de sus tres hijos -dos mujeres y un varón-, maniobró rápidamente y pronto dio alcance al vehículo. Cuatro calles adelante, el empresario le ordenó que se detuviera frente a una casa con un portón de madera. Éste se abrió a su paso casi inmediatamente, sin que hubiera necesidad de avisar de su llegada, y Ricardo Torres estacionó el vehículo en batería, con otros autos que había en la cochera. Carlos Ahumada y su acompañante descendieron, caminaron por un pasillo y entraron en la casa. Contratado en 1999 por la empresa Pagoza Urbanizadores y Constructores, el encargado de la seguridad de Carlos Ahumada permaneció en el auto y al cabo de 10 minutos vio pasar al expresidente Carlos Salinas de Gortari, quien se dirigió al mismo sitio que su patrón.

Después de 45 minutos, Carlos Ahumada y su acompañante salieron. El empresario argentino le ordenó a Ricardo Torres que le dejara el auto y se trasladara en una camioneta Cherokee que estaba estacionada fuera del fraccionamiento, con una persona a bordo. El jefe de escoltas siguió a su patrón en ese vehículo hasta las oficinas del Grupo Quart.

Tres días después de ese encuentro, el 25 de diciembre de 2003, Carlos Salinas de Gortari viajó a La Habana, Cuba, la misma ciudad que sirvió de refugio a Carlos Ahumada cuando la procuraduría capitalina descubrió que el producto del fraude cometido en la delegación Gustavo A. Madero había sido depositado en la cuenta bancaria de una de sus empresas.

Ésa fue la única vez que Ricardo Torres tuvo a la vista a Carlos Salinas de Gortari, porque en las siguientes visitas que su patrón hizo a la casa del expresidente "el señor siempre nos pedía que lo dejáramos a una cuadra de la casa, que permaneciéramos en el auto y que no volteáramos".

Antes de su encuentro con Carlos Salinas de Gortari en Camino a Santa Teresa, Carlos Ahumada había estado otras tres veces con él pero en la casa ubicada en Dulce Oliva número 157 B, colonia Villa Coyoacán, DF. La primera visita la hizo el 26 de septiembre después de las 13:00 horas; la segunda, el 20 de octubre después de las 15:00 horas y, la última, el 18 de diciembre a las 15:00 horas.

En los primeros días de 2004, cuando más desesperado estaba porque los dineros habían dejado de fluir y tenía en curso una investigación por fraude con altas posibilidades de alcanzarlo, Carlos Ahumada reanudó sus encuentros con el expresidente y, al mismo tiempo, tocó las puertas del senador panista Diego Fernández de Cevallos y de los abogados Collado Mocelo.

Al parecer, Carlos Ahumada se entrevistó con Carlos Salinas de Gortari otras dos veces, el 8 y el 15 de febrero, también en la casa ubicada en Dulce Oliva número 157-B. En la última visita a la residencia con barda de piedra al frente y una malla ciclónica de seguridad cubierta por la hiedra, Carlos Ahumada permaneció alrededor de 45 minutos.

Al salir, le pidió a Julio Carrasco que se dirigiera al Sanborns de Palmas, donde fue al encuentro de una persona a la que el chofer y guardia no conocían. Posteriormente, los dos subieron al Mercedes Benz y Julio Carrasco escuchó al desconocido preguntarle a su patrón si podían ir a la "casa de la hermana del tocayo". Carlos Ahumada asintió, por lo que los dejó frente a la residencia marcada con el número 2394 de Prolongación Reforma.

Mejor conocida fue la manera en que Carlos Ahumada logró establecer contactos con la Procuraduría General de la República.

Bajo el supuesto interés de sumarse al programa nacional contra las drogas, el 18 de enero de 2004 invitó al general Rafael Macedo de la Concha a jugar un partido de futbol con los directivos de El Independiente en la cancha que se encuentra en las instalaciones del diario, ubicadas en Virginia número 68, Parque San Andrés, delegación Coyoacán.

A principios de febrero, Carlos Ahumada volvió a buscar al general Macedo de la Concha, esta vez para invitarlo a un partido de futbol de su equipo Santos Laguna, correspondiente a la Copa Libertadores. Al no hablar personalmente con el funcionario federal, le pidió a María de los Ángeles Fromow que le transmitiera la invitación a su jefe.

El hombre de negocios que financió las contiendas internas y las campañas de por lo menos seis candidatos del PRD en los comicios de 2003, y la servidora pública que investigó el trasiego de recursos en la campaña electoral del presidente Vicente Fox -que, increíblemente, no pasó de una multa al PAN por rebasar los topes de campaña-, se conocían desde el año anterior.

"Rosario Robles me lo presentó y en alguna ocasión coincidimos en algunos eventos. Pero, definitivamente, no tenía yo una relación frecuente ni de amistad con él, absolutamente nada de eso", declaró María de los Ángeles Fromow a mediados de mayo, después de que trascendiera al público que había sostenido dos conversaciones telefónicas con Carlos Ahumada en los días previos a la difusión de los "videoescándalos".

Arrinconado por las autoridades capitalinas, Carlos Ahumada intensificó sus encuentros con el círculo de personajes clave en el desenlace de la videotrama: Carlos Salinas de Gortari, Diego Fernández de Cevallos, los Collado, Salomón Cámara y, así mismo, con Rosario Robles y Lidia Uribe.

Con Diego Fernández de Cevallos se entrevistó cuatro veces en menos de 10 días, según la versión de los escoltas Julio Carrasco y Ricardo Torres.

La primera visita que hizo el empresario argentino al despacho de Virreyes 845, colonia Lomas de Virreyes, fue el 9 de febrero. El senador del PAN salió a recibir a su invitado y justo en ese momento llegaron los abogados Juan Ramón y Antonio Collado Mocelo. La reunión se prolongó hasta la 1:00 del día siguiente.

Antes de encontrarse con Diego Fernández de Cevallos, Carlos Ahumada había estado en la casa de Explanada número 100, colonia Lomas de Chapultepec, con el gobernador del Estado de México, Arturo Montiel Rojas, con quien conversó por dos horas y media.

La noche del 10 de febrero, el dueño de El Independiente volvió a reunirse con Diego Fernández de Cevallos, con quien estuvo dos horas. Previamente, Carlos Ahumada había acudido, en compañía de Raymundo Riva Palacio, a las instalaciones de Tv Azteca, donde se entrevistó con Jorge Mendoza. 

Más tarde se trasladó al hotel Marriot y conversó durante dos horas aproximadamente con el exdirector de la Lotería Nacional en el sexenio zedillista, Carlos Salomón.

El 11 de febrero, Carlos Ahumada sostuvo dos entrevistas con Diego Fernández de Cevallos, la primera a las 13:25 horas y la segunda después de la medianoche, a su regreso de un viaje que hizo a León, Guanajuato, en compañía de su esposa Cecilia Gurza. En la mañana, el empresario había estado en las oficinas del Grupo Modelo, en Polanco, donde conversó con el director de Administración, Abastecimiento e Importación de la cervecera, René Saracho.

Carlos Ahumada salió 10 minutos después y ordenó a su escolta que lo trasladara a su casa, mientras que Rosario Robles hizo maletas y voló a La Habana, Cuba, en el jet XA-TVK, propiedad del empresario argentino. El viaje de la exsindicalista universitaria coincidió, sospechosamente, con el que hicieron a la isla un día antes los artífices del quebranto de 31.2 millones de pesos en la delegación Gustavo A. Madero, Luis Salazar y María Martha Delgado.

El exdirector de Recursos Financieros y la exsubdirectora de Planeación, Programación y Presupuesto en esa delegación huyeron de la Ciudad de México antes de que la policía los aprehendiera por su participación en el fraude maquinado por Carlos Ahumada.

Luis Salazar y María Martha Delgado estuvieron ocultos un tiempo en la ciudad de Querétaro y de ahí se trasladaron en un vuelo privado a Cancún, Quintana Roo. El 11 de febrero, el avión que los llevó a Cancún los transportó a La Habana. Luis Salazar viajó con su esposa Griselda y su hijo José Carlos, y en la lista de pasajeros había dos nombres más: Alejandro y Alejandra Villegas. Como ya se dijo, se trataba de la misma aeronave utilizada por el expresidente Carlos Salinas de Gortari durante los últimos meses de 2003.

La buena suerte acompañó a los dos exfuncionarios a su regreso a México. Pese a que existía ya una orden de aprehensión en su contra, el 14 de abril de 2004 ingresaron a territorio mexicano en un vuelo comercial e, ¿inexplicablemente?, ni la PGR ni la Secretaría de Gobernación movieron un dedo para detenerlos.

El 13 de febrero, el dueño de grupo Quart comió en el restaurante Tezca del hotel Royal del Pedregal, con la prima de su esposa, Cristina Híjar González, cuyo progenitor es Alberto Híjar, historiador y restaurador de arte, exmilitante del Frente de Liberación Nacional y fundador de la agrupación Izquierda Democrática Popular, de la que fue secretario general hasta 2002.

El día de la amistad, el 14 de febrero, Carlos Ahumada lo pasó fuera de la Ciudad de México. Viajó a Durango en compañía de su mujer, Cecilia Gurza, y regresó por la noche. El día siguiente estuvo toda la mañana en su casa, luego comió con Rosario Robles en San Jerónimo y a las 17:00 horas visitó, solo, al expresidente Carlos Salinas de Gortari. Fue la última vez que estuvo con él en la casa de la calle Dulce Oliva.

La mañana del jueves 19 de febrero se reunió a las 9:30 horas con Antonio y Juan Ramón Collado en el Sanborns de Palmas. Carlos Ahumada llevaba consigo una maleta chica, un rollo de cinta adhesiva transparente y un fólder. Los tres se trasladaron luego al despacho de Lomas de Virreyes donde, como de costumbre, el propio Diego Fernández de Cevallos salió a recibirlos. Ahí estuvieron de las 11:00 a las 13:00 horas.

Carlos Ahumada pasó el resto de la tarde en las oficinas de Quart. A las 19:00 horas llegó Rosario Robles y minutos después ambos salieron rumbo al aeropuerto de Toluca. Según quedó asentado en el plan de vuelos del jet Star matrícula XA-TVK, esa tarde volaron a Miami.

El 1 de marzo, Televisa detonó la primera de las tres cargas explosivas contra el gobierno de Andrés Manuel López Obrador que Carlos Ahumada había dejado antes de huir del país. A esas horas, Andrés Manuel López Obrador estaba en su casa, en compañía de Nico.

El jefe de Gobierno del Distrito Federal y su círculo más cercano aún no se reponían del primer golpe, cuando la mañana del miércoles 3 de marzo Televisa accionó la segunda carga contra el poder perredista en la capital: otro video, pero ahora con imágenes de René Bejarano concentrado en guardar fajos de billetes en un maletín y las ligas en el bolsillo izquierdo de su saco, al tiempo que conversaba con Carlos Ahumada.

La cinta fue divulgada ahora por el segundo noticiario con mayor rating en la televisora, El Mañanero, conducido en el Canal 4 por Víctor Trujillo en su caracterización del payaso Brozo. Al mismo tiempo, en el noticiario En Contraste, transmitido por el Canal 2, René Bejarano se llenaba la boca de lemas anticorrupción, pues Adela Micha y Leonardo Kourchenko lo estaban entrevistando sobre el escandaloso video de Gustavo Ponce.

A partir de la publicación de varios reportajes en el semanario Proceso, el gobierno de Andrés Manuel López Obrador se enteró de que la difusión de los videos estuvo compaginada con una sucesión de vuelos a La Habana que realizaron los aviones de Carlos Ahumada -especialmente el que Carlos Salinas de Gortari utilizó en la recta final de 2003-, así como con una sospechosa triangulación de llamadas telefónicas realizada desde números registrados a nombre del empresario argentino, del expresidente, de los abogados Collado Mocelo, de José Córdoba Montoya, de los servicios de espionaje del gobierno federal, del PRI y de la PGR.

Otra nave que registró una intensa actividad en los días más aciagos del gobierno de la ciudad fue el jet matrícula XA-CVE. Entre el 5 y el 24 de marzo, antes de que Carlos Ahumada fuera detenido por la policía cubana, los abogados Collado Mocelo volaron cuatro veces a La Habana en esa nave de lujo. 

Señalado por el jefe de Gobierno del Distrito Federal como autor intelectual del complot fraguado en su contra, en contubernio con funcionarios del gobierno federal, el expresidente Carlos Salinas de Gortari también estuvo en La Habana por lo menos tres veces, la última en los primeros días de febrero, poco antes de que se hicieran públicos los videos de la corrupción.

Carlos Salinas de Gortari viajó solo y estuvo apenas unas horas, según se desprende de la bitácora de vuelos del jet Star XA-CVE, propiedad de CESA, la supuesta empresa familiar fundada hace poco más de 10 años y dirigida por Severino Soto.

El expresidente hizo al menos dos viajes más a la isla en el mismo avión, de marzo a diciembre de 2003. El 24 de junio partió del aeropuerto de Toluca a Cuba, previa escala en Cancún, y el 25 de diciembre voló de la terminal aérea de Acapulco a la de Toluca, y después de ahí a La Habana, en compañía de su familia.

Un elemento más que estuvo presente en la trama de los "videoescándalos" fue el sospechoso intercambio de llamadas que se registró entre una serie de personajes relacionados directa e indirectamente con Carlos Ahumada: Carlos Salinas de Gortari, José Córdoba Montoya, los abogados Collado Mocelo, la PGR, el Cisen y el PRI. 

El mismo día que Televisa difundió el video de Gustavo Ponce en Las Vegas, José Córdoba, el poderoso jefe de la Oficina de la Presidencia en la administración salinista, estuvo en permanente contacto con el expresidente vía telefónica.

Con base en un reporte técnico de comunicaciones correspondiente al mes de marzo, Proceso documentó que José Córdoba habló cuatro veces ese día con su expatrón, lo que echó por tierra versiones en el sentido de que ambos personajes estaban distanciados.

Fueron llamadas breves, de un minuto cuando mucho, y se hicieron desde un teléfono Nextel número 55 2123 23 78, registrado a nombre de quien fue el cercanísimo asesor presidencial, y que por cierto reapareció en la escena pública en julio de 2003, en la ciudad de Puebla, con la doble vertiente de empresario del sector energético y consejero político del alcalde panista en la capital poblana, Luis Eduardo del Corazón de Jesús Paredes Moctezuma.

Pero Carlos Salinas de Gortari no fue el único interlocutor. José Córdoba también estuvo en contacto con los abogados de Carlos Ahumada y con los servicios de inteligencia del país, que en la administración salinista estuvieron bajo su mando.

El 11 de marzo, Córdoba recibió una llamada hecha desde la casa paterna de la familia Salinas, en Súchil número 159, colonia El Rosario, Coyoacán (número 55 56 18 12 05); la mañana del 12 de marzo, una llamada más provino del bufete de abogados Collado Asociados (55 55 75 55 65) y cinco días más tarde, el 17 de marzo, otro telefonema salió del Cisen (55 56 52 86 53). 

El flujo de comunicaciones telefónicas con Carlos Salinas de Gortari creció en los días subsecuentes. De acuerdo con el reporte técnico, el expresidente habló 13 veces con José Córdoba desde el número telefónico 55 55 28 04 31; nueve veces lo hizo desde del número 55 55 28 04 34; cuatro veces desde el 55 56 52 76 42 (registrado a nombre de la familia Gérard, a la que pertenece Ana Paula, la actual esposa de Salinas); tres veces desde el número 55 55 28 32 55, y una vez desde el 55 56 1812 05. Además, dos de esas llamadas tuvieron como destino en Londres, Inglaterra, el número 44 20 72 24 52 24, el cual está registrado a nombre del mismo Carlos Salinas de Gortari.

La primera llamada se hizo el 13 de marzo a las 14:44 horas y tuvo una duración de tres minutos; la segunda, el 16 de marzo a las 16:02 horas, con una duración de dos minutos. Estas últimas se hicieron desde el número 55 56 16 51 29, cuyo titular es Luz María Paz González, aunque José Córdoba suele acudir al domicilio de esa persona con cierta regularidad.

José Córdoba también sostuvo tres contactos telefónicos con los abogados Collado Mocelo durante el mes de marzo. La primera conversación la tuvieron el día 1, poco antes de que Televisa difundiera el primero de los tres videos de la corrupción. La segunda charla se produjo el 9, a las 14:03 horas, y la tercera el 12 de marzo a las 10:37 horas. Las tres llamadas se hicieron desde el número 55 55 75 55 65. 

Los servicios de espionaje del gobierno foxista no se quedaron al margen de la trama telefónica. El reporte técnico detectó la salida de una llamada originada en el Cisen; se hizo el 8 de marzo de 2004 a las 12:43 horas y duró 21 minutos. El punto de destino fue el número de teléfono de Carlos Salinas de Gortari en Londres (442072245224).

Los Collado Mocelo también mantuvieron contacto con Carlos Salinas de Gortari. El 12 de marzo hicieron dos llamadas al número telefónico del expresidente en Londres, la primera a las 10:56 horas y la segunda a las 10:59 horas, con duración de dos minutos y 17 minutos respectivamente.

El reporte técnico registró otras dos conversaciones que sostuvieron la titular de la Fiscalía Especializada para la Atención de Delitos Electorales, María de los Ángeles Fromow, y Carlos Ahumada. Las dos comunicaciones se produjeron el 6 de febrero de 2004, la primera a las 10:20 horas, durante un minuto, y la segunda a las 13:54 horas, con duración de seis minutos.  l