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Hasta que las canonjías separen a los perredistas



Por Raúl Cremoux / Revista Siempre!

 

Conspicuos perredistas acordaron no expulsar a los traidores. ¿Y quiénes son esos? Pues son, por un lado, los que se unieron a la mafia del PRI y del PAN, es decir, los llamados Chuchos y, por el otro, a quien quiso imponer a Encinas como líder del PRD y no pudo.

Sí, exactamente el mismo que se lanzó contra la dirigencia del PRD que resultó después de ocho meses de lavar lo que ellos mismos calificaron de cochinero, el mismo que hizo una larga y tenaz campaña contra el PRD, promoviendo candidatos del PT y de Convergencia.

El mismito que impuso a Juanito para que ceda su banda a Clara Brugada, el acérrimo adversario de quien fue su coordinador de campaña, el iluminado Obrador.

Las fotos nos muestran los rostros de Navarrete, Jesús Ortega, Marcelo, Pablo Gómez, González Garza, Amalia García y otros entre los que seguramente se ocultan los de Dolores Padierna, Martí Batres y el imprescindible dueño de la capital, René Bejarano. Entre ellos se juraron que no volverían a reñir ni a ofenderse. Dijeron que todos son útiles: los corruptos como René y el esposo de la Sheinbaum o el economista y contador Ponce, el asiduo visitador de Las Vegas.

También el socarrón Bátiz al igual que Sosamontes al que también le gustaban las maletas cargadas de dólares. La ex azafata Barrales y la corredora Ana Gabriela.

Todos pueden ayudar, tengan o no principios; todos son útiles, aunque ni idea tengan de lo que es ideología como Guadalupe Loaeza o el clavadista Platas.

Con esa idea rectora, los perredistas darán por cerrado el expediente de la elección pasada y a partir de ahora ya nadie será traidor ni habrá formado parte de ninguna insurrección o maquinación.

Fracturada la autollamada izquierda y ajena a cualquier concepción filosófica, se han prometido amor hasta que el presupuesto y las canonjías los separe.