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Japón: el cambio

 

 

 

 

 

 

Por Bernardo González Solano / Revista Siempre!
 

 

El mes de agosto de 2009 pasará a la historia como uno de los más calientes del Japón moderno. No debido a las altas temperaturas que sorprendentemente fueron clementes este año, sino por los comicios legislativos del domingo 30 de agosto, cuyos resultados pusieron término a más de medio siglo de gobierno del gobierno conservador del partido Liberal Democrático (PLD) que durante cinco décadas y un lustro (exactamente 54 años dirigiendo los destinos de la nación japonesa excepto los once meses que estuvo fuera del poder entre 1993 y 1994) fueron los amos y señores de la sociedad nipona. 

El Partido Demócrata de Japón (PDJ) entró por la puerta grande en el gobierno de la segunda economía del mundo. Dicho partido cuenta apenas con 11 años de existencia, formado principalmente por disidentes del PLD y pequeños grupos de distintas tendencias políticas, desde socialista a ecologistas, pasando por la derecha. 

El propio dirigente del PDJ, Yukio Hatoyama, de 62 años de edad, fue militante del PLD y uno de sus abuelos fue fundador del Liberal Democrático. 

Al conocer los primeros resultados, el futuro primer ministro japonés, que será elegido por la Dieta (Parlamento) el 15 de septiembre, atribuyó, como causa determinante del vuelco político “el enfado del pueblo japonés” con el gobierno del PLD. 

 

Los nipones se hartaron

 

En pocas palabras, los japoneses se hartaron de su anterior gobierno. No tiene parangón el inicio de esta transición política desde la Segunda Guerra Mundial. El sistema democrático impuesto por el gobierno de Estados Unidos al vencido Japón conocerá otros derroteros.

La Cámara baja japonesa (de Representantes), formada por 480 escaños se distribuirá de la siguiente manera: PDJ, 308; PLD, 119; Komei, 21: JCP, 9; SDP, 7; PNP, 3; y, otros, 13. En la Cámara anterior, el PLD tenía 300 representantes y el PDJ, 115. Las urnas voltearon esta composición. De tal suerte, varias de las grandes dinastías políticas que han gobernado el país como si fueran un feudo familiar perdieron sus escaños. La razón es fundamental: la segunda economía del mundo está enferma y los electores señalaron como culpable al gobierno del PLD que prácticamente dirigió el archipiélago nipón desde 1955. Esto se acabó. 

Japón necesitaba un cambio y ya no se podía esperar más, sólo que Yukio Hatoyama no la tiene fácil, pues debe enfrentar varios retos soberbios, la billonaria deuda pública que arrastra desde hace algún tiempo esta economía puede ser el principal obstáculo. 

¿Podrá cumplir con sus propósitos de cambio con sus promesas electorales? Esa es la incógnita.

La victoria fue completa y la tasa de participación (69%) no permite ninguna duda sobre la voluntad de los cambios de la mayoría. La derrota fue definitiva para el PLD cuyos “pesos pesados” así como los jóvenes reformistas, los kotsumi childred, que se contaban entre los escaños del populista primer ministro Junichiro Kotzumi (2001-2006) mordieron el polvo.

 

Renuncias y voto de castigo

 

Con el rictus de la derrota en el rostro, el actual primer ministro, Taro Aso, anunció su renuncia a la presidencia del PLD. Así continuará en sus funciones de jefe de gobierno hasta la elección por el Parlamento, el 15 de septiembre, del presidente del PDJ, Yukio Hatoyama, para sucederlo en el cargo.

Si antes de las elecciones alguien se preguntaba sobre la amplitud del descontento en un Japón que atraviesa por una crisis económica con efectos sociales dolorosos con el voto del domingo 30 de agosto, el panorama se aclaró completamente.

Los demócratas capitalizaron el malestar social: despidos, precariedad, crecimiento de las desigualdades y empobrecimiento relativo. El nuevo partido y sus candidatos prometieron poner “la vida de la gente en el centro de la política”. Para mejorar la cobertura social.

El voto de castigo contra el PLD no es, sin embargo, un voto de confianza para el PDJ. Muchos japoneses aún son escépticos sobre las capacidades de los demócratas para gobernar la complicada economía japonesa, que aún ocupa un lugar preponderante en el escenario mundial. Aunque “histórica”, la victoria no suscitó desbordamientos de entusiasmo; por principio, sólo es un llamamiento al cambio.

Pese a su presencia en el escenario político desde hace poco más de una década, los demócratas son poco conocidos por los electores, su partido, relativamente joven, y sin experiencia de poder, no se convirtió en una fuerza creíble de alternancia política a nivel nacional sino después de su victoria en los comicios senatoriales de 2007.

 

Los ganadores, de centro-izquierda

 

Por comodidad lo sitúan en el centro izquierda. Pero a semejanza del PLD, el PDJ reúne sensibilidades que van del centro izquierda a la derecha y toma su electorado de los mismos niveles sociales que la antigua mayoría. Se posiciona en el centro izquierda por un programa que pone el acento sobre la protección social. En política extranjera, navega entre la derecha y la izquierda optando por una relación más igualitaria con Estados Unidos.

El actual PDJ nació en 1998 de una fusión con el Partido Social Demócrata, después, en 2003, con el Partido Liberal. Recibió a los tránsfugas del PLD (Yukio Hatoyama e Ichiro Osawa), a los ex social demócratas y a personajes provenientes de los movimientos ciudadanos. Bajo el báculo de Osawa, el PDJ se convirtió en una fuerza de alternancia: hábil peón, le dio al partido cierta coherencia y permaneció como “hombre fuerte” bajo la sombra de Yukio Hatoyama.

 

El Kennedy de los japoneses

 

A priori, la figura de Hatoyama no es la de un “partero de la revolución”. Yukio es el heredero de una de las dos grandes “dinastías” políticas del Japón moderno, frecuentemente comprada con la de los Kennedy en Estados Unidos por su riqueza y por su peso en la vida política nacional. 

Alter ego de alguna forma del primer ministro saliente, Taro Aso, descendiente de la otra gran dinastía política. Contrariamente a este último, Yukio prácticamente no tiene experiencia ministerial. 

Sin embargo, Yukio siempre ha defendido la necesidad de un cambio en la dirección del país. Además, en contra de la tradición japonesa, predica que su fuente de energía se encuentra en su esposa, Miyuki, una antigua actriz de 66 años de edad, cuatro más que él, escritora y comentarista de televisión. “Es mi sol que siempre brilla”, dice ella, lo que llama la atención a muchos tradicionalistas japoneses.

Aunque aparenta menos edad, Yukio ya es sexagenario, 62 años, biznieto de un samurái, que fue presidente de la Cámara baja en la época Meiji (segunda parte del siglo XIX), nieto del primer ministro Ichiro Hatoyama, uno de los fundadores del PLD, e hijo de un ministro de Relaciones Exteriores de fines de los años 1970.

Yukio tiene un hermano que es figura política, Kunio, miembro del PLD, que fue ministro de Justicia en el primer gabinete de Aso. Su abuelo materno, Shojiro Ishibashi, es el fundador del grupo de neumáticos Bridgestone, uno de los más importantes del mundo. Gracias a la fortuna familiar, una de las principales del Japón, Yukio Hatoyama es también ahora el político más rico de Japón. Condición que le ha valido el sobrenombre de “príncipe” del mundo político.

 

Estudios de aristócrata

 

Después de sus estudios en la escuela Gakushuin, institución privada frecuentada por los hijos de la vieja aristocracia y de la familia imperial, cursó estudios científicos en la prestigiada Universidad de Tokio, después en Stanford. 

Por el contrario a su hermano menor, elegido a los 28 años de edad a un puesto público, Yukio hizo primero una carrera universitaria antes de convertirse en secretario de su padre. Sería elegido a la Cámara baja en 1986, por una circunscripción de Hokkaido para aprovechar el desistimiento del diputado liberal demócrata saliente, amigo de su padre. Saldría del PLD en 1993 a favor de una escisión y se afilió a uno de los pequeños partidos del movimiento conservador, el Nuevo Partido precursor. Y sería secretario adjunto del gabinete en el efímero gobierno de coalición de Morihiro Hokosawa.

Con su hermano Kunio —y la fortuna familiar—, fundó en 1996, en compañía de Naoto Kan, antiguo militante de los movimientos cívicos, el primer Partido Demócrata, rápidamente llamado el “partido de los hermanos Hatoyama”. 

A favor de la nueva realización, el PDJ se fusiona con el Partido Liberal de Ichiro Osawa. Yukio asumiría la presidencia en alternancia con este último y Naoto Kan, de acuerdo a la evolución de las fuerzas internas del partido.

El peso de Yukio en su partido se debe en buena parte a los recursos financieros y al prestigio de su familia. Como en el caso de su hermano menor, su madre juega un puesto determinante en su carrera política, según refiere Mayumi Itoh en el libro La dinastía Hotoyama: el liderazgo político japonés a través de las generaciones.

Indiferente a los convencionalismos sociales, raro entre los japoneses, Yukio contrajo matrimonio con una divorciada, Miyuki, que fue actriz en la célebre compañía teatral Takarazuka, compuesta únicamente por mujeres.

El triunfo electoral lo logró con holgura. Revitalizar el país será una empresa mucho más difícil. El problema más acuciante de Japón, es su deuda, aunque ésta no haya sido tema de campaña de ninguno de los partidos políticos. 
 

A finales de 2009 duplicará el producto interno bruto nacional. Lo que quiere decir que sumará más de los siete billones de euros. Si el nuevo gobierno no se emplea a fondo en el problema, se hundirá víctima de las incumplidas expectativas de cambio. 
 

En poco tiempo se verá si Japón cambia el paso.