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Juanito, producto del marketing

 

 

 

 

 

 

 

Por Gisela Rubach Lueters / Revista Siempre!

 

 

Más de tres millones de sitios en Internet marca el buscador más famoso de la Red al teclear su sobrenombre (pero no todos son sobre él, aunque piense lo contrario dentro de su nube mediática. Por su nombre real apenas llega a los 650 mil), cientos de páginas en revistas y diarios lo mencionan; su creador dice que la televisora más importante del país lo apapacha, y él sigue saboreando el triunfo que a su parecer el pueblo le concedió. 

Sí, se trata de Rafael Acosta Angeles, Juanito, el claro y vivo ejemplo de cómo los túneles oscuros de la inoperancia legal pueden generar en bochornosas escenas por una lucha que tiene como objetivo final no ya la democrática encomienda de gobernar una demarcación que percibe un presupuesto mayor que el de varias entidades de este país, sino la clara de mantener un poder para un grupo que a la buena y a la mala lo está peleando y, al parecer, ganando. En diversas entrevistas, desde su nominación, el ex candidato del Partido del Trabajo (instituto político que le pide cumplir con su palabra de renunciar, pues pese a lo jugoso que es Iztapalapa, el futuro del partido se llama Andrés Manuel López Obrador) ha dado muestras de poca capacidad, nulo conocimiento de la materia, pero viveza a la hora de las cámaras y micrófonos. No en balde ahora pide el 50% de las posiciones ante notario público o de plano le ofrece una dirección a manera de premio de consolación a la misma Clara Brugada. Pero ésta cambia cada día. Mañana ya habrá dicho algo diferente.

Juanito comenzó en un templete vistiendo un traje que no va con su imagen de gente de pueblo, con su banda elástica tricolor sobre la frente, y ahora incluso, los muchos seguidores no sólo de él sino en contra de López Obrador, han empezado a circular por la Red una foto como la que utilizó Barack Obama en tiempos de su candidatura. O sea que esto es en grande. 

Los grupos que quieren el poder lo apoyan para que se quede con el cargo (a final de cuentas la gente decidió, el pueblo votó, dice él muy orgulloso) y quieren a Juanito no a Brugada ni mucho menos a Silvia Oliva, la desangelada ex candidata del PRD, que no supo ni de dónde ni cómo, pero perdió teniendo supuestamente el apoyo del partido (aunque como sabemos era sólo la de una parte, la otra estaba con Brugada).

Sin embargo, hay que analizar el porqué llama la atención un personaje de la fauna política mexicana como lo es Rafael Acosta. Primero, porque representa el sueño del que se hace poderoso de un día para otro (en este caso sumado al hecho de ser un acto legal, en cuanto que el conteo de los votos lo favoreció), luego porque como él hay muchos mexicanos, que si bien no se identifican, ahora que ven a alguien de ese perfil, lo siguen no como aficionados sino como espectadores, y es que en el fondo llama la atención lo que pasó, lo que sucede y lo que viene, por todos lados hay una atención mediática en esta elección (claro que Juanito piensa que es por él, y que por ello su popularidad ya es mayor que la de su mismo creador).

Seguramente en una prueba accesible de conocimientos generales sobre historia de Iztapalapa, México, o de cuestiones de administración pública, Rafael Acosta saldría mal librado, pero eso no importa, la cuestión aquí no es mirar a Juanito, sino a López Obrador, la manera en como logre quitar a un lado a este personaje de la elección de 2009, hablará mucho de sus aspiraciones presidenciales renovadas no ya en el PRD sino en el mismo PT o en Convergencia. Porque es una necesidad mutua, uno no existe sin el otro hoy en día. (¿O quién recomendó a los actuales diputados del PT en la lista de candidatos si sólo de verlos sabemos sus orígenes?).

Juanito, además, ha entendido que es un producto de la mercadotecnia, la bandita que trae en la cabeza puede venderse con facilidad, prácticamente en este momento muchos productos que le pongamos en la mano puede venderlos Juanito, porque en él se encarnan las esperanzas más risibles de lastimar una acción del ex candidato presidencial López Obrador, y porque Rafael Acosta alimentaría el morbo de todos los días con sus frases, actividades y administración como flamante delegado en funciones. Por un instante imaginémoslo dando un Informe, un Grito, una comparecencia en la Asamblea Legislativa.

México ya vio a un presidente de ocurrencias, a gobernadores carismáticos y galanes, a alcaldes cantando o actores en películas de baja calidad (el mismo Juanito actuó en una de ficheras llamada Perfumadas, ya cumple con el requisito si es el caso). ¿Por qué no, entonces, dejarlo gobernar Iztapalapa?, ¿a quién afectaría más esa decisión?, ¿en qué momento podríamos saber si en verdad la gente lo eligió a él y no fueron los movimientos de López Obrador y su gente a favor del PT (y en contra del mismo PRD) para adquirir la franquicia al menos tres años más de la delegación más poblada de la ciudad capital?

¿Cómo, pues,entender que la mercadotecnia ha ayudado a Juanito, pero también lo ha colocado en la parte más alta de los cuernos de la luna, y desde allí el golpe por lo regular resulta mortal si no se aprendió también a resbalar y caer? 

Mercadotecnia en términos de imagen (la que sea que tenga, la que le dio vuelo en Youtube y otros sitios en Internet siendo provocador y caballerango de otro personaje de la fauna perredista, ahora petista y ahora secretario de la Mesa Directiva de la Cámara Baja —José Gerardo Rodolfo— Fernández Noroña, coincidentemente ahora diputado federal por el mismo distrito que en la legislatura anterior ganara Silvia Oliva, la candidata derrotada del PRD por Juanito), pero también en términos de un discurso gastado por la misma izquierda que no sabe perder, y mucho menos ganar, al menos en lo primero está más acostumbrada.

Las preguntas están a la orden del día: ¿por qué los vacíos legales permiten este tipo de obras teatrales en nuestra capital?, ¿cómo entender que una persona como Clara Brugada que fue depuesta por una autoridad electoral, de todas formas y por capricho y un tanto a la fuerza, vaya a gobernar a un grupo de mexicanos (un grupo nutrido por decir lo menos) que no votaron por ella?, ¿cómo, pues, explicarle a los niños que se puede hacer trampa y seguir otros caminos de terracería para adquirir el poder?, ¿cuánto vale el voto en Iztapalapa?, ¿cuánto vale la elección de alguien a quien sólo lo colocaron en la luz pública para ganar en nombre de alguien más?

¿Qué hacer para que no suceda esto otra vez y cómo corregir los males si lo único que generan son deformaciones y no conocimiento? Esta información si no se procesa y se toman medidas legales y legislativas puede generar en repeticiones, y así vemos que no es precisamente como tanto rezan los candidatos en campaña: “el que manda es el pueblo”.