MyCityLinked

Browse By

MyCityLinked

Justicia militar: del reconocimiento a la cárcel


JORGE ALEJANDRO MEDELLíN / Semanario Proceso
 

Detenido y liberado en marzo de este año por policías judiciales militares que no le encontraron delito, un teniente fue reaprehendido en junio, sometido a arraigo y encarcelado a raíz de vagas acusaciones y en medio de un proceso judicial dudoso. Peor aún, su segunda detención se produjo dos días después de que el secretario de la Defensa, Guillermo Galván Galván, le extendió un reconocimiento por "su destacada actuación en la aplicación de la Directiva para el Combate al Narcotráfico 2007-2012". Con un amparo que no se ha cumplido, sus defensores exigen la presentación de pruebas firmes de su presunta complicidad con el narco y la comparecencia del acusador, un desertor que al parecer fue torturado y se esfumó.

 

"A ver, cabrón, ahorita sigues tú", le dijeron los policías judiciales militares al teniente de Caballería Roberto García Ramírez en uno de los pasillos de la zona de detención del Campo Militar Número 1 mientras en un cuarto se torturaba a otra persona.

 

Sudoroso, semidesnudo, con los ojos vendados, esposado y con la barba un poco crecida, el teniente escuchaba los gritos del detenido,  "Sergio N", que al parecer no estaba resistiendo el tormento, al punto de que un judicial militar se asomó para exclamar: "¡Médico, médico… se nos va!". 

 

A Roberto se le aceleró el corazón y empezó a sudar más profusamente. Ya sentado, se preguntaba por qué procedían contra él si apenas tres días antes, el 23 de marzo de 2009, acababa de realizar, en una casa de Culiacán, el segundo aseguramiento de dólares estadunidenses más cuantioso en la historia de las operaciones antidrogas en Sinaloa: poco más de 5 millones 100 mil dólares.

 

Eso justamente recordaba cuando un judicial del Ejército lo tomó del brazo para ponerlo de pie y, sin más, le dijo que se bañara, se rasurara y se cambiara de ropa para que le diera tiempo de alcanzar el vuelo de regreso a Culiacán.

 

Roberto no dijo nada pero su silencio fue como una pregunta para los militares. "Sergio ya cantó, tú te puedes ir… te vamos a llevar al aeropuerto", añadieron. 

 

Nunca vio cara a cara al tal Sergio "N", pero tres meses después,  cuando lo detuvieron por segunda ocasión, dedujo que el hombre torturado –"Sergio N" o "Teniente Sergio"– se llamaba en realidad Sergio Armando Martínez Fajardo, que en 2003 había desertado del Ejército –cuando era teniente de Infantería adscrito a la 7ª Compañía No Encuadrada en Culiacán– y que a él se atribuía un testimonio que, rendido en abril de 2009, lo involucró con el narco y motivó su reaprehensión. 

 

Fue en esta última etapa cuando dice haberse enterado también de que el "Teniente Sergio" estaba al servicio del cártel del Chapo Guzmán, que era un operador, un reclutador de militares y policías federales y que, tras las probables torturas que siguieron a aquella de marzo, lo había señalado a él y a otros ocho oficiales, suboficiales y elementos de tropa como cómplices e integrantes de una supuesta célula al servicio del narco en esa entidad.

 

Recibió igualmente información en el sentido de que, luego de haber referido hechos, nombres y cifras ante autoridades militares y agentes de la SIEDO, el "Teniente Sergio" se había "esfumado" y nunca ratificó sus dichos ni ofreció pruebas contundentes de las acusaciones contra él y los demás detenidos, como la consistente en que pagaba a Roberto García 7 mil 500 dólares quincenales para que diariamente le reportara los movimientos del Ejército en Sinaloa.

 

Este es un extracto del reportaje que publica la revista Proceso en su edición 1716 que empezó a circular el domingo 20 deseptiembre.