MyCityLinked

Browse By

MyCityLinked

La República está amenazada. La nación está en una encrucijada

 


Editorial de la Revista Siempre!

Ya no es posible fijar las agendas de comunicación desde Los Pinos, porque la República está amenazada.

Cada día es más difícil ocultar la gravedad de la crisis económica y la amenaza de bandas del crimen organizado, cuyas acciones se han convertido en auténticos actos terroristas.

La crisis económica pondrá a prueba la inteligencia de la clase política, pues el deterioro alcanza ya hasta los índices de la macroeconomía.

La presumida estabilidad de las finanzas se evapora con su trágica secuela de desempleo y quiebra de empresas, pequeñas y medianas, las grandes generadoras de fuentes de trabajo.

Sólo la inteligencia permitirá hacer a un lado los prejuicios y la ortodoxia para encontrar las soluciones que impidan al menos mayor deterioro de toda la economía.

Los dogmatismos políticos han atrapado a todas las fuerzas políticas. Se niegan a reconocer que el petróleo se agota, que si no se hace algo para aumentar la producción, la viabilidad económica está en riesgo.

Conforme se acabe el petróleo, más difícil será conseguir los indispensables créditos extranjeros. Y los que se consigan serán muy caros.

A la inteligencia que exige la crisis económica habrá que sumarle audacia, para romper las amarras que hacen que el rezago aumente año con año.

A esa crisis se suma ahora una crisis en la batalla contra el crimen organizado.

El desafío del crimen organizado, infiltrado en la sociedad, más de lo que se reconoce, hace urgente el rescate de comunidades enteras, antes que la crisis económica y las bandas criminales destruyan el Estado.

Ha sido cuestionada la lucha anticrimen. Se exige una revisión de la estrategia. A veces se hace por prejuicios políticos e ideológicos de tantos que no se atreven a defender el Estado mexicano con la fuerza necesaria.

La estrategia de la lucha anticrimen está en duda. Graves son las denuncias que hizo en entrevista radiofónica Servando Gómez Martínez, La Tuta, quien se dirige al presidente Felipe Calderón y le asegura que lo engañan sus colaboradores.

Es cuestionable, claro, la declaración de una persona que confiesa públicamente su actividad criminal, pero es el momento de que el Consejo Nacional de Seguridad la evalúe.

Primero, porque el Presidente de la República tiene que estar seguro de que son falsas las acusaciones de colusión de altos mandos federales con las bandas delincuenciales.

Otra vez, aunque a tantos les irrite, el Ejecutivo tendrá que depender del Ejército y su capacidad para recabar información de inteligencia, pues es cuando menos curioso que La Tuta exprese respeto hacia el Ejército y la Armada, quienes dice sólo hacen sus tareas constitucionales.

Llama la atención ese respeto a las Fuerzas Armadas, cuando está en marcha en otros ámbitos una sistemática campaña contra los militares mexicanos.

Insistimos, con todo y el cuestionable valor del dicho de uno de los capos de La Familia, esa declaración cuando menos debe obligar a una revisión más minuciosa, a una planeación más rigurosa y a una autocrítica severa, pues plantea un escenario de lucha sorda en las instituciones que participan en la lucha anticrimen. Y lo peor: de colusión y negociaciones turbias con bandas criminales.

El Ejecutivo está obligado a despejar la atmósfera. A replantearse el sistema de control de la guerra anticrimen. Por su bien y por el bien de la República.

Ante esta crisis harán falta mucha inteligencia y mucho temple.

Inteligencia para discernir lo que más conviene a la nación en medio de informes contradictorios que empiezan a fluir en torno a la lucha contra el crimen organizado. Inteligencia para no dejarse atrapar en discusiones estériles, mientras lo que empezó en una lucha contra el narcotráfico empieza a convertirse en sangrienta lucha antiterrorista.

Y mucho temple, porque temple hará falta para, si es necesario, reestructurar la organización federal construida para esta guerra.

Mucho temple porque en la violencia participan todas las bandas criminales, no sólo la michoacana. Eso obliga a resistir la presión de los diletantes que no acaban de entender que la violencia ya alcanzó tales niveles de penetración en la sociedad que ya no bastan los programas sociales.

Hará falta algo más. Esa es la encrucijada y el reto para el presidente Calderón y para todas las fuerzas políticas de la República.

Las dos crisis, la de seguridad y la económica, parecen formar una tormenta perfecta para sortear, la cual hará falta algo más que política spotera.

Porque si no se empieza a actuar con más eficiencia y eficacia desde ahora, cuando termine este sexenio y empiece el siguiente, el panorama del país que gobernará el próximo Presidente de la República se podrá describir con una frase: estas ruinas que ves.