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La UNASUR y el triunfo de Uribe

 

 

 

 

Por Gerardo Yong / Revista Siempre!

 

 

Si la cuestión hondureña constituye la primera crisis política del hemisferio occidental en la era de la administración del presidente Barack Obama, la crisis desatada por el pacto militar entre Bogotá y Washington es la segunda y acaso más grave, ya que podría desatar conflictos bélicos en la región sudamericana.

No hay vuelta atrás en el pacto mediante el cual el gobierno colombiano del conservador Álvaro Uribe Vélez ha decidido ceder parte de su soberanía nacional a los intereses geoestratégicos de EU que podrá hacer uso de hasta siete bases militares, tras ser desmantelada la de Manta, Ecuador.

A finales de agosto en la ciudad argentina de San Carlos Bariloche se llevó a cabo una Sesión Extraordinaria entre los 12 países de la Unión de Naciones Sudamericanas (Unasur) para abordar la presencia militar estadounidense en territorio colombiano.

En realidad no se esperaba mucho de la reunión, no podría ser de otra manera, ya que la Unasur, como los demás organismos de integración regionales están chimuelos, es decir, tienen un margen de acción muy limitada. Lo más que se esperaba era una condena unánime al eje militar Bogotá-Washington.

El conflicto que ha causado el pacto de “Seguridad Compartida” mediante el cual EU ampliará su presencia militar en la región sudamericana, fue la primera prueba de fuego para la joven Unasur (su primer paso fue en 2004, pero en mayo del 2008 se suscribió el Tratado Constitutivo), lo mismo para su Consejo de Defensa (CDS), creado en marzo de 2008, a iniciativa de Brasilia, para evitar conflictos como los de Colombia y Ecuador por la incursión militar en territorio ecuatoriano en marzo del 2008 en una acción contra un campamento de las FARC en donde murieron 17 guerrilleros.

Podríamos suponer que un Consejo de Defensa tiene atribuciones de defensa militar, pero de acuerdo a su constitución este organismo de la Unasur fue concebido como espacio de debate y concertación para promover consultas, cooperación y coordinación en materia de defensa para prevenir crisis regionales y que consolide a Sudamérica como una zona de paz. 

La Unasur se creó siguiendo el ejemplo de la Comunidad Económica Europea en busca de la integración (Latinoamérica es un ejemplo en esos esfuerzos, pero sin resultados concretos) económica, cultural, social y política, en tanto que el CDS no contempla la creación de una fuerza militar convencional conjunta, como la de la Organización del Atlántico Norte (OTAN) que realiza operaciones militares.

Uribe con su determinación de permitir el expansionismo militar estadounidense en su territorio, además de ceder soberanía, actúa en contra de los principios de la Unasur, polarizando las relaciones con los países vecinos de la zona.

El mandatario colombiano puede gritar que salió airoso de la reunión de emergencia de la Unasur, ya que su antagónico Hugo Chávez y sus aliados de Bolivia (Evo Morales) y de Ecuador (Rafael Correa) no pudieron lograr el consenso para que las 12 naciones condenaran a Colombia por el acuerdo militar con EU.

Lo que pudieron acordar en un texto que se puede calificar de light, tibio o moderado, fue la declaración final en la que se instruye al Consejo de Defensa de la Unasur para que analice el “Libro Blanco, Comando de Movilidad Aérea (AMC)”, el acuerdo militar Bogotá-Washington, y que con los ministros de Relaciones Exteriores celebren una reunión extraordinaria en estos días para diseñar medidas de confianza.

Por lo pronto, Uribe se anotó un doble triunfo con sus pares en Bariloche y en su país porque el Congreso colombiano aprobó el polémico proyecto de ley para que el mandatario sudamericano opte por una segunda reelección consecutiva. Falta que supere el último filtro: la Corte Constitucional. Álvaro Uribe sabe como comprar conciencias.