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‘Nosotros somos Los Zetas’


ÓSCAR MARTíNEZ / Semanario Proceso
 

Un periodista salvadoreño y un fotógrafo catalán, ambos del equipo En el camino –una organización formada en México en 2008 por reporteros, fotógrafos y documentalistas de diversos países–, recorrieron durante una semana territorio tabasqueño para tomar registro de las atroces vicisitudes que enfrentan los centroamericanos indocumentados en su tránsito hacia Estados Unidos. Son vívidos, descarnados, los relatos que se incluyen en este amplio reportaje, donde desfilan desde autoridades corruptas hasta sicarios del grupo armado Los Zetas y de bandas –"zetitas"– que asolan a los indocumentados. Originalmente el texto apareció en el semanario digital salvadoreño El Faro. El propio autor hizo una versión abreviada  para su publicación en exclusiva en Proceso. 

 

 –Luego de más de una semana en esta zona, no me queda otra que decirle que su vida tiene que ser muy complicada. ¡Diablos! Lo pienso y no entiendo cómo sigue vivo.

 

El agente secreto sonríe con orgullo mirándome fijamente y sosteniendo un silencio misterioso. Voltea a ver hacia la puerta, a pesar de que sabe que estamos solos en este pequeño café.

 

–Con inteligencia –responde finalmente–. No me muevo en una camioneta del año, de esas grandes. Nunca porto mi arma a la vista y no aparezco en actos más de lo necesario.

 

No hace falta traducir. Un evento aquí no puede ser otra cosa que una actividad de ese tipo: el asesinato de alguno de los policías de uno de los pueblos de esta franja del sureste mexicano, la escena del crimen que queda detrás de una balacera entre militares y narcotraficantes, la intervención armada en un rancho perdido entre el monte donde esos criminales, los que mandan aquí, Los Zetas, tienen a una cincuentena de migrantes centroamericanos encerrados. El celebérrimo "secuestro exprés".

 

–Pero a veces parece imposible conseguirlo.¡Hay que vivir en puntillas! Nunca se sabe quién es quién –insisto cuando todavía estamos en el preludio de la conversación.

 

El agente lo sabe. Él vive bajo estas reglas del sigilo. Él lo sabe y por eso sólo aceptó que nos juntáramos cuando le di la referencia de un conocido. Y aun así comenzó a hablar luego de revisar de arriba a abajo mis documentos. El sigilo y el anonimato, esas son las normas que han sido impuestas. Simular ser uno más del rebaño que vive atemorizado, con la vista baja y mirando el pavimento ardiente de estos pueblos que rodean a Villahermosa, capital de Tabasco, en la frontera con Guatemala.

 

–Por eso es necesario moverse despacio, entrar lentamente, no de golpe, y tener mucho cuidado a la hora de preguntar. Mucho cuidado –responde. Termina su café de un trago y pasa a lo concreto. Y al final, ¿fueron ayer al rancho que les dije? ¿Pudo tomar fotos el fotógrafo? –pregunta.

 

–Sí, sí fuimos. Tomó las que pudo. El escenario era escalofriante –respondo.

 

Este es un extracto del reportaje que publica la revista Proceso en su edición 1714 que empezó a circular el domingo 6 de septiembre.