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Otra argucia priista

 

JESúS CANTú / Semanario Proceso
 

En las pasadas elecciones, la coalición Primero México, integrada por el Partido Revolucionario Institucional (PRI) y el Partido Verde Ecologista de México (PVEM), postuló 63 candidatos a diputados federales de mayoría relativa; entre ellos, en nueve distritos registró fórmulas mixtas (el candidato propietario de uno de esos partidos y el suplente de su aliado), lo que hace posible que pueda burlar la ley para sobrerrepresentarse por encima de los ocho puntos permitidos como máximo.

En cinco de los nueve distritos mencionados el candidato propietario es del PVEM y el suplente del PRI; en los otros cuatro es a la inversa. Finalmente Primero México triunfó en siete distritos, cuatro en donde el PVEM encabeza la fórmula, y tres donde el candidato propietario es priista. 

En el caso concreto de esta elección, el impacto realmente no es importante, pues aunque los cuatro propietarios del Verde renunciaran, el PRI apenas llegaría a 241 diputados, no alcanzaría la mayoría y no se movería la suma de los legisladores de ninguno de los dos partidos, aunque el PRI quedaría casi un punto porcentual por encima de la sobrerrepresentación permitida (aun en el supuesto de que la sobrerrepresentación se calcule sobre el porcentaje de votación obtenido después de restar los votos nulos, por candidatos no registrados y partidos que perdieron su registro), pues ese número de representantes significa 48.2% de las curules contra 39.6% de la votación, lo cual implica 8.6 puntos de sobrerrepresentación.

Sin embargo, hay varios escenarios en los cuales la maniobra puede tener un impacto mayor. 

El extremo es, obviamente, un escenario en que el partido fuerte de la coalición sabe que puede ganar más de 145 distritos electorales uninominales, pero no superar el umbral de 40% de los votos, lo que en los hechos significaría que no puede colocar más de 240 diputados. En contrapartida, el partido débil sabe que no está en posibilidad de ganar un solo distrito, pero difícilmente superaría el 4% de los votos, por lo que aun con la suma de sus diputados estos dos partidos no llegarían a los 251 diputados requeridos para hacer mayoría en la cámara.

Esa situación es muy similar a la que ocurrió en la reciente elección, y sería igual si el partido débil, en lugar de obtener el 7% que obtuvo el PVEM, hubiese obtenido el 3.5% que obtuvo el Partido Nueva Alianza (Panal). En este hipotético caso el PRI estaría a tope con 237 diputados, salvo que ganase más de esos distritos, lo cual es muy remoto, por no decir imposible; y el partido débil tendría únicamente ocho diputados de representación proporcional, con lo cual ambos sumarían 245 diputados y no harían la mayoría en la cámara. Y aunque este partido menor sumase los tres que le cedió el fuerte en la mayoría relativa, con esto apenas llegaría a 11, y la coalición a 248.

En la elección, el PRI ganó 137 distritos de mayoría relativa solo y 47 en coalición con el PVEM, con lo cual sumó 184 diputados de mayoría relativa y se quedará (en el mejor escenario para ellos) con un total de 237 diputados, 53 de ellos de representación proporcional. Por su parte el PVEM no ganó ningún diputado en los distritos donde participó solo y únicamente obtuvo cuatro donde participó en coalición, además obtuvo 18 diputados de representación proporcional, con lo cual suma 22. Los diputados del PRI y el PVEM suman 259. 

De los 50 distritos que ganó la coalición, en 43 los votos del PRI bastaban para ganarlos; en siete sí se requirieron los votos del PVEM, pero, únicamente para ilustrar, en cuatro de éstos hubieran bastado los del Panal, así que una coalición PRI-Panal hubiera ganado 47 distritos. 

Pero si en la coalición hubiesen registrado a todos los diputados en  fórmula mixta, encabezada por candidatos del PVEM, el PRI se hubiese quedado con 137 distritos de mayoría relativa y 39.55% de los votos, lo cual le hubiese significado 216 diputados, entre ellos 79 de representación proporcional. En cambio, el PVEM hubiese obtenido 50 diputados de mayoría relativa, lo cual hubiera ocasionado que ya no participara en el reparto de plurinominales, pero de cualquier forma serían 28 diputados más que los actuales y, por lo mismo, la coalición hubiese sumado 266 diputados en total, siete más que los obtenidos realmente, ya que el PRI habría perdido 21, pero el PVEM ganado 28. 

Si este mismo ejercicio lo hubiese hecho el PRI con un partido que hubiese obtenido entre 2% y 3.5% de los votos, la suma total de diputados de ambos sería la misma, únicamente que en este caso sumarían 263, suponiendo que los priistas perdieran tres distritos con el nuevo aliado (o  259, con los que ganaría solo), lo que sí representan una mayoría absoluta en la cámara. En este caso el partido débil le podría pedir a 35 propietarios (de los 47 que ganaría) que renunciaran y todavía así quedarse con 12 diputados, es decir, cuatro más de los ocho de representación proporcional que obtendría, y el partido fuerte lograría la mayoría absoluta con 251 diputados.

Pero el modelo funciona incluso con un partido que no lograra el 2% de los votos y no le permitiera al PRI ganar ningún distrito adicional, pues en este caso los 216 diputados del PRI más los 43 de la coalición sumarían los mismos 259 y, nuevamente, 35 curules podrían pasar a manos del PRI y todavía el partido sin registro se quedaría con ocho diputados.

En este último escenario la sobrerrepresentación es particularmente obvia: el PRI, con 39.55% de los votos, tendría 50.2% de la cámara, es decir, 10.75 puntos de sobrerrepresentación; y el partido débil, sin siquiera lograr 2% de los votos, obtendría 1.6% de la cámara, pero entre ambos suman 51.8% de la cámara, con apenas 39.55% de los votos, es decir, gozarían de 12.35 puntos de sobrerrepresentación.

De esa forma, la vía de las fórmulas mixtas en coaliciones parciales, encabezadas por el partido débil, pueden convertirse en una opción para burlar el límite de los ocho puntos de sobrerrepresentación. El Consejo General del IFE y la Sala Superior del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación deben pronunciarse en algún momento sobre el asunto y, en caso de que ellos no lo hagan o asuman que las fórmulas mixtas son permitidas, el Congreso debe proceder a reformar la ley, pues aunque en esta elección no tiene un impacto mayor, sí lo puede tener en el futuro.