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Racismo en los libros de texto

 

Editoriaal Revista Siempre!

 

La noticia sobre la mutilación de la historia de México en el libro de texto gratuito confirma el racismo, ignorancia y falta de visión de un régimen que se ha caracterizado por eliminar tanto de su política educativa como cultural las raíces prehispánicas del país.

 

El hecho constituye, sin duda, una paradoja porque el libro de texto gratuito no sólo fue creado para construir una conciencia de unidad nacional, sino para que los niños más pobres —generalmente hijos de indígenas— tuvieran acceso al mismo tipo de educación que se imparte en las escuelas a donde asisten estudiantes con más posibilidades socioeconómicas.

 

De tal forma que al eliminar del libro de historia la etapa de la Conquista —como algunos investigadores lo han señalado—, el 80 o 90 por ciento de la población mexicana no se reconocerá en ella. Simple y sencillamente esos 80 o 90 millones de mexicanos habrán aparecido sobre el territorio como producto de la nada. Carecerán de orígenes, de identidad, de patrimonio, de nación. La Secretaría de Educación Pública contribuirá a agravar la crisis de valores y la ruptura del tejido social a partir de la indiferencia, menosprecio y marginación en el que se encuentra la mayor parte del pueblo de México.

 

El error no es azaroso. Borrar de los planes educativos la Conquista significa evitar reconocer que las raíces de México son indígenas. Esta aversión ha quedado claramente de manifiesto en la política cultural del presidente Felipe Calderón. Por cierto, un hombre con un 70 por ciento de sangre nativa. Así lo revela su estatura y el color de su piel.

 

Decimos que queda demostrado el menosprecio hacia la mexicanidad porque en el Plan Nacional de Cultura 2006-2012 jamás se menciona la promoción y preservación del patrimonio inmaterial de México —lenguas, costumbres, ritos, tradiciones—propio, precisamente, del mundo indígena. 

 

Seguramente ni las mismas autoridades podrán dar una razón sustentada y convincente de lo que hicieron. ¿Es producto de la vergüenza que sienten algunos connotados funcionarios públicos de extracción empresarial por el pasado olmeca, maya o teotihuacano? ¿O es que para ellos la historia, en serio, sólo comienza con la llegada de la civilización encarnada por los blancos españoles?

 

Si de lo que se trata es de resolver el histórico conflicto racial y cultural, producto del choque entre civilizaciones, la medida de eliminar la Conquista, más que solucionar, exacerba la división entre los mexicanos.

 

Reconciliar el mosaico social llevando a cabo un replanteamiento de la historia es fundamental para la unidad nacional. Sin embargo, no es por esa razón —esencial, profunda y vital— por la que se han mutilado los libros de texto sino porque detrás de ese descuartizamiento existe, además de  una grosera ignorancia, un peligroso desprecio hacia los hombres, mujeres y niños más pobres de México. 

 

El actual titular de la Secretaría de Educación Pública, Alonso Lujambio, heredero de una dependencia que se ha convertido en rehén del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación, no se ha dado cuenta del error político que ha cometido su oficina al avalar un acto claramente racista. Saldrán de sobra las justificaciones técnicas. El hecho sólo confirma la intolerancia de un régimen hacia la esencia de un pueblo mestizo cuya sangre y piel siempre serán morenas.