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Por Ricardo Raphael / El Universal 

 

 

 

 

 

El jefe del Ejecutivo ha hecho explícito que su verdadero hombre de confianza en la lucha contra el crimen organizado se llama Genaro García Luna, hoy secretario de Seguridad Pública. Un funcionario cuya credibilidad está en franco deterioro.

En los días que corren —a propósito de la visita a nuestro país del presidente francés, Nicolas Sarkozy—, vuelve a exhibirse la torpe mascarada que García Luna montó en el mes de diciembre de 2005, siendo todavía director de la Agencia Federal de Investigaciones, cuando detuvo a Israel Vallarta y Florence Cassez, supuestos líderes de la banda de secuestradores Los Zodiaco.

Para defender su inocencia, Cassez ha afirmado que su expediente judicial está plagado de incoherencias. Y, en efecto, como la propia AFI confirmó, la principal de todas estas incoherencias la introdujo, en su día, el actual secretario de Seguridad Pública.

Según relató la ciudadana francesa, ella fue detenida al mediodía del 8 de diciembre de 2005, cuando viajaba desde el rancho Las Chinitas —propiedad de su ex novio—, hacia la ciudad de México en una camioneta conducida por el propio Israel Vallarta.

Antes de llegar a la zona urbana, ambos fueron interceptados por policías judiciales. Separada de su acompañante, Cassez fue confinada en un vehículo judicial donde permaneció cautiva toda la tarde y buena parte de la madrugada. A eso de las cuatro de la mañana del día 9, el mismo automóvil la condujo de vuelta al rancho que hubiera abandonado el día anterior.

En Las Chinitas la bajaron a empellones y la introdujeron en una habitación donde se encontró con un Vallarta bañado en sangre y vómito. Acto seguido, la policía colocó alrededor de ambos, armas de alto calibre y municiones. También sembraron fotografías y documentos que, según Cassez, habían sido extraídos previamente de su departamento ubicado en la ciudad de México. Como toque final para aquel montaje, se colocó un monitor de televisión frente a los detenidos.

Una vez que todo estuvo dispuesto, Cassez escuchó un tropel de pasos que irrumpió en la habitación donde se encontraba. Fue, frente al espejo de la pantalla de televisión, que ella se descubrió —en cadena nacional—, actuando para el noticiario matutino de Televisa, Primero Noticias. Afirma que, para su sorpresa, en ese momento Vallarta reconoció ser el líder de una banda de secuestradores, advirtiendo también que Cassez no tenía nada que ver con el asunto.

Gracias a una entrevista posterior concedida a la periodista Denisse Maerker, la ciudadana francesa dio a conocer la fabricación. A la postre, las autoridades se vieron en la necesidad de reconocer que sí habían recreado —y también manipulado— las circunstancias en las que ocurrió la captura. Un hecho producido por la colusión entre el director de la AFI, Genaro García Luna, y Amador Narcia, vicepresidente de información de la empresa Televisa.

Con la recreación artificiosa de la detención, el proceso seguido por el Estado mexicano en contra de Florence Cassez quedó viciado. Si los documentos y las fotos no estaban originalmente en Las Chinitas, si las armas habían sido sembradas y si la escena, por entero, había sido trucada —las pruebas en su contra extraviaron validez—. Además, se suma a su defensa que durante el primer careo las víctimas secuestradas no la hayan reconocido como una de las integrantes de la banda.

Con todo, la ciudadana francesa fue condenada por los tribunales mexicanos a cadena perpetua.

La inocencia o culpabilidad de Florence Cassez pasa por un momento a segundo plano: ¿es posible confiar en Genaro García Luna después de este relato? ¿Podemos los mexicanos, y de paso también la comunidad extranjera, estar tranquilos con respecto a la ética pública de quienes están conduciendo la ya internacionalmente célebre lucha de México en contra del narcotráfico?

 

 

 

Analista político [email protected]