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Thriller de Purificación

 

Por SABINA BERMAN / Revista Proceso

Nuestra historia arranca con una mujer castaña de piernas muy largas sentada en un sillón de su casa en Río de Janeiro leyendo un libro en inglés. Opening Mexico, de Julia Preston y Samuel Dillon. Abogada de la Escuela Libre de Derecho de México, luego de la Escuela de Leyes de Harvard, alta ejecutiva de una empresa trasnacional de comunicaciones, la mujer que responde al demasiado literario apelativo de Purificación Carpinteyro se inquieta reconociendo en la narración del libro un nombre y luego otro nombre y otro más de sus antiguos compañeros de la escuela de abogados: así que ellos se encuentran entre los que están abriendo a la democracia a su antigua Patria… Sus ojos se detienen en un nombre, el del joven dirigente del Partido Acción Nacional, Felipe Calderón. Corte directo a ocho años más tarde: 

Recién electo presidente de México, Felipe Calderón invita a su antigua condiscípula a sumarse a la aventura de hacer historia, ofreciéndole primero la recitación de un poema de Benedetti (No te salves…no te quedes inmóvil/ al borde del camino…no te quedes sin labios/…) y luego la dirección de Correos de México. Corte a dos años después: 

Purificación es ascendida a subsecretaria de Comunicaciones, ante la mirada irritada del Secretario Luis Téllez, un hombre que usa corbatas de nudo un poco desproporcionado, y que hubiera preferido para el puesto alguien más cercano a él. Corte a una sucesión de tomas:

Purificación yendo y viniendo de juntas con diversos representantes de los monopolios que dominan las telecomunicaciones en México. Telmex, Televisa, TV Azteca. Y la cámara se adentra en una junta en que la subsecretaria ultima los detalles con el representante de Telmex para un intercambio de tres puntos. Telmex abrirá completamente el acceso a las interconexiones, que domina; renunciará a bloquear el acceso de otros competidores a la telefonía, que también domina; y a cambio podrá entrar a competir en el sector de televisión abierta, que domina Televisa. 

Se trata precisamente de abrir la competencia en el llamado Triple Play de las telecomunicaciones del país, un ámbito que constituye el 4.1 por ciento del PIB nacional. Se trata de que la competencia obligue a los empresarios de cada ámbito a abaratar los servicios, a mejorarlos, a invertir en infraestructura, y finalmente a elevar la calidad de contenidos. Se trata en suma, otra vez, de abrir a México.

Pero el Secretario Téllez, el de los nudos de corbata un poco demasiado anchos y la mirada recelosa, no celebra los logros de la subsecretaria. Le molesta tal vez su protagonismo o su independencia o su derecho de picaporte con el presidente o más en detalle sus reuniones con tal personaje o aquel otro personaje o acaso alguna omisión en los reportes que le entrega ella. O todo lo anterior en conjunto. O tal vez ha decidido detener la apertura del Triple Play. ¿Por qué? ¿A beneficio de quién? El caso es que la acusa de deslealtad con sonoros adjetivos. Acusación que la mujer del nombre excesivamente literario comenta a un consejero de la Cofetel, Héctor Osuna, y quien la sorprende entregándole un sencillo CD. Un CD de aspecto inocente que contiene ocho grabaciones de conversaciones telefónicas donde el Secretario Téllez se expresa, otra vez con sonoros adjetivos, de diversos asuntos y menciona una frase que será fatal para su destino. “…Me cae que extraño al PRI…”

El nudo de la trama ocurre en Los Pinos. Dada su álgida situación, Purificación Carpinteyro ha pedido una cita a su antiguo amigo Felipe Calderón, pero cuando se apersona ante él no lo encuentra solo, sino acompañado nada menos que de su rival, el Secretario Téllez, del Secretario de Gobernación y de una funcionaria más. Lo que sigue es una plática ríspida, de aquellas de las que uno quisiera ausentarse para ir a comprar palomitas. Plática que culmina cuando Purificación entrega al presidente el CD. Las conversaciones en el CD prueban, supone ella, que el Secretario Téllez la ha difamado y además le ha mentido al presidente. Pero su antiguo amigo no quiere siquiera tocar el CD. Después de todo, grabar conversaciones telefónicas es ilegal. Le pide con tono neutro a la subsecretaria que lo entregue al Secretario de Gobernación. Y a continuación expresa lo evidente: Haz sido desleal a tu Secretario; no veo cómo puedes seguir a su servicio. 

Es acá donde la historia personal de Purificación Carpinteyro influye decisivamente en la trama. De ser una funcionaria formada en las instituciones mexicanas, se hubiera ido a su casa a soportar, disciplinadamente, la ignominia en silencio, y a esperar un pequeño premio de consolación. Acaso un consulado para regresar a Brasil y a sus playas soleadas. Acaso ser nombrada asesora de algo con nombre interesante, utilidad nula y salario mensual. Pero se trata de una mujer formada en la empresa privada y de su experiencia de dos años y medio en las instituciones gubernamentales de México lo que más arduo le ha resultado es aprender a bajar la cabeza y decir una frase corta. “Sí, señor”. 

Así que cuando la Secretaría de Comunicaciones publica en un boletín que ha renunciado “por razones personales”, Carpinteyro gira a todos sus contactos de email su verdadera carta de renuncia, que sin embargo también es discreta y usa un formalismo para explicarse. Renuncia, dice la carta, que la prensa de inmediato difunde, “por diferencias irreconciliables con el Secretario Luis Téllez”.

En tanto, las conversaciones con Telmex se han suspendido y por tanto las telecomunicaciones en México permanecen en su estado acostumbrado de estupor, dominado cada ámbito por su monopolio correspondiente.   

Y es ahora que la trama escala a otro ritmo. Pasados dos meses de la renuncia de Carpinteyro, Alguien filtra a la prensa el ominoso CD. Alguien: ¿quién?, ¿a quién interesa destrabar nuevamente la parálisis de las telecomunicaciones?, ¿a cuál de los monopolios del sector?, ¿o a cuál de los jugadores menores?, ¿o se trata de un nuevo jugador insospechado? Lo único seguro es que se trata de Alguien de pasos rápidos y premeditados y que no carece de intereses en este juego donde se juegan billones de dólares, el futuro de las telecomunicaciones nacionales y el gran poder que ejercen sobre el Estado mexicano las dos empresas que dominan la televisión abierta. Corte a este lunes recién sucedido: 

El presidente Calderón destituye a Luis Téllez como Secretario de Comunicaciones y lo releva con un político de su confianza, Juan Molinar Horcasitas, a quien públicamente instruye para ampliar en las comunicaciones del país las tres Cs: la cobertura, la conectividad y la… acordes sinfónicos… la competencia. 

Ajá, la competencia, que desde el inicio de esta historia se usa como sinónimo de abrir a México. 

La del nombre que cifra su karma, esta semana ha retratado sonriente en las primeras planas de los diarios, a pesar de que dos investigaciones la amenazan: debe comparecer como testigo (que oficialmente no como principal sospechosa) en la investigación que intentará dar rostro y nombre a ese Alguien que con un pequeño disco plateado, un CD estándar, lanzado al espacio público, desacreditó a Luis Téllez y lo derrocó; y en otra  investigación debe defender su administración de Correos de México, puesta en duda por un supuesto déficit de 719 millones de pesos. 

No en vano en vivo se le ve a la exsubsecretaria también tensa y combativa. Aunque lo dicho, a un tiempo sonriente. Después de todo, le ha ganado la partida al exsecretario de los ojos nerviosos y el alma que añora la disciplina institucional del PRI. Y de mayor relevancia para los simples ciudadanos: si las instrucciones del presidente no son un eufemismo, pronto las telecomunicaciones se abrirán a nuevos y variados jugadores. 

El tiempo, en breve, dirá.