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Uso político del Ejército

 

Editorial Revista Siempre!

En Michoacán comenzó a gestarse una forma golpista de gobernar. Durante el operativo en que se aprehendieron a 10 alcaldes y 20 funcionarios públicos, las autoridades federales procedieron de acuerdo al manual que se sigue en toda dictadura o régimen autoritario y no en una república democrática, representativa y federal.
 

Michoacán representa en muchos sentidos una ruptura inédita del orden constitucional, tal vez sólo vista durante la Revolución. El hecho de haber utilizado el Ejército para violentar la soberanía del estado, romper el pacto federal, violar las garantías individuales y los derechos humanos de los detenidos coloca en una situación de riesgo y desprestigio a una institución noble, columna vertebral de la poca gobernabilidad que queda en el país.
 

La señal es preocupante porque indica que el Ejecutivo federal ha tomado la decisión de sustituir la práctica política por la fuerza de las armas, y que un Estado militarizado, policiaco y represor sea el recurso para imponer decisiones y forzar acuerdos. Se trata, según se advierte, de gobernar por la vía de la fuerza y no de la democracia, el acuerdo, el compromiso, el convencimiento y la cooperación.
 

Utilizar tanques para amedrentar mandatarios de oposición no sólo constituye una arbitrariedad sino un error táctico. ¿A cuántos gobernadores se pretende dar el trato que se le dio a Leonel Godoy? ¿Y cuántos se van a quedar cruzados de brazos? Las Constituciones locales también cuentan con recursos jurídicos para romper el pacto federal en caso de que desde el centro se pretenda agredir su soberanía. ¿Y entonces, qué sucederá el día después? ¿A cuántos gobernadores va a tener que detener el Ejército por órdenes del Presidente de la República? ¿Y luego? ¿Quedará convertido el país en una especie de ex Unión Soviética, con la unidad política y territorial disuelta, listos para entrar en una guerra civil?

No hace falta poner micrófonos en Los Pinos para saber en qué consiste la estrategia oficial. Basta conocer los críticos indicadores económicos nacionales para entender que los operativos espectaculares contra el narcotráfico, inspirados en el lema todos son narcos menos nosotros, buscan ocultar un volcán a punto de estallar.
 

Es decir, ¿el presidente Felipe Calderón está pensando en utilizar también el Ejército para reprimir los brotes de inconformidad social que vienen e introducir a esa institución por un túnel sin retorno?

Más que medallas, lo que requiere el soldado mexicano es un trato digno. Ante la incapacidad de los civiles para gobernar, se ordena a los militares poner orden en las calles, obligándolos a pagar el costo de los errores e incapacidades de los gobernantes. Hace falta una reforma constitucional para que las fuerzas armadas no sólo tengan que obedecer al jefe del Ejecutivo federal sino a los otros poderes de la República.
 

Michoacán abre un nuevo capítulo en la forma como ha venido gobernando Calderón. Representa el uso político del Ejército mexicano para tratar de poner contra la pared —por la vía de las armas— a los mandatarios y a sus gobiernos. ¿Es para combatir el crimen organizado o se trata de ir dando golpes de Estado en las distintas entidades de la federación?
 

La estrategia federal es confusa, y en política lo que cuenta es la percepción.