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Ya se le fue México de las manos

 

Editorial Revista Siempre!

Dice Fuenteovejuna, la gente, el ciudadano, que Felipe Calderón está destruyendo el país para entregárselo a Barack Obama. Que sólo así puede explicarse la parálisis e indiferencia gubernamental frente a la acelerada descomposición económica, advertida, gritada, anunciada de cien maneras por los diferentes organismos financieros internacionales.
 

Los análisis más recientes son contundentes. La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico acusa al gobierno mexicano de no tomar las medidas suficientes para enfrentar la crisis mundial; señala su incapacidad para diseñar una estrategia de largo plazo; evidencia su desinterés por invertir en temas como ciencia, capital humano, educación y capacitación. Denuncia también cómo mientras en la mayoría de los países se ha dado prioridad a la reducción de impuestos, por encima del aumento a los gastos, en México se hace exactamente lo contrario, negándose, además, a hacer una reforma fiscal de fondo que le permita revertir la falta de captación tributaria.
 

Por si eso fuera poco, diversas instancias financieras calculan que la caída del Producto Interno Bruto no es del 8.2

—como se anunció hace poco— sino del 10 y hasta del 12 por ciento. Lo que significa el desplome más grave de la economía en los últimos treinta años y cuya consecuencia más inmediata se verá —una vez que se suspenda la contención ficticia del peso— en otra devaluación histórica de la moneda.
 

La radiografía tiene también otras vertientes. México, según el Indice Global de Paz, es uno de los países más violentos del mundo. Es menos pacífico que los considerados más subdesarrollados, como el Congo, Camboya o Uganda. De 2007 a 2009 suman 10 mil los muertos producto del enfrentamiento entre cárteles y combate al narcotráfico. Por la crisis económica, según el Fondo Monetario Internacional, hay un serio riesgo de moratoria y de otro efecto tequila y de estallidos sociales como recientemente lo previó el presidente del Banco Mundial, Robert Zoellick.
 

En otro país, y ante esta emergencia, el gobierno convocaría a un gran acuerdo nacional para definir una estrategia que permitiera desde todos los frentes evitar lo que parece inminente: la ruptura de la estabilidad. Contrario a ello, el panismo insiste, desde el poder, en profundizar el encono. Parece querer definirse como el gobierno de la división y el odio. Utiliza y sigue usando las elecciones para ganar una contienda y para borrar del mapa a todos aquellos que forman parte de partidos políticos diferentes. Más que fanatismo o fundamentalismo hay una actitud fascista. Es la pureza de la raza política porque, de acuerdo al puritanismo de Germán Martínez Cázares: “Todos son narcos, menos nosotros”.
 

Y mientras se acusa a diestra y siniestra; mientras se encarcela y lanzan estigmas sin pruebas suficientes, lo mismo contra alcaldes que gobernadores, aparecen los casos de nepotismo, el conflicto de intereses de la familia real, los subejercicios y… los incendios, claro, de guarderías.
 

Junto al lema de que “todos son narcos, menos nosotros” se asume otra sentencia: “Todos son culpables, menos yo”. Mecanismo mental preocupante que lleva a la negación de la realidad y responsabilidad pública. A un juego de venganzas irracionales, contradicciones y simulaciones éticas. La reforma energética es un ejemplo. A ocho meses de su aprobación no ha sido aplicada por el gobierno federal con todo y que implementó una costosa campaña mediática para decir que era un asunto de vida o muerte “sacar el tesoro del fondo del mar”. Y no se ha aplicado para —como lo dejaron ver legisladores de oposición— permitir el avance de la privatización.
 

¿Qué sigue? Según el Banco de México, en los últimos ocho meses han huido del país 15 mil millones de dólares en capital extranjero como consecuencia de la falta de confianza y baja calificación de la economía.

Todos los indicadores, tanto nacionales como internacionales, coinciden con lo que ya no es un pronóstico sino un hecho: a Calderón ya se le fue México de las manos.