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Retorno de fantasmas de la violencia setentista

 

 

Por Marcela Valente


BUENOS AIRES,  (IPS)  – Treinta y cinco años después del asesinato del 

líder sindical argentino José Ignacio Rucci, una investigación 

periodística concluye que fue perpetrado por un comando de la guerrilla 

peronista Montoneros, como suponían muchos, y no por un grupo parapolicial 

derechista como creían otros.

 

Escrito por el periodista y politólogo Ceferino Reato, el contenido del 

libro resolvió a la familia Rucci a pedir la reapertura de la causa 

judicial por ese homicidio, archivada hace 20 años. Además reflotó una 

fuerte discusión sobre la violencia política de comienzos de los años 70, 

preámbulo de la sangrienta y última dictadura militar argentina 

(1976-1983).

 

  El libro titulado "Operación Traviata. ¿Quién mató a Rucci? La 

verdadera historia", publicado en setiembre y convertido rápidamente en 

uno de los más vendidos, trata sobre la trama que culminó con la muerte 

del entonces secretario general de la Confederación General del Trabajo 

(CGT), la central sindical de filiación peronista, el Partido 

Justicialista fundado por Juan Domingo Perón (1895-1974).

 

  El juez federal Ariel Lijo aceptó la solicitud de la familia y, tras 

releer el expediente y el libro, citó a su autor a declarar a comienzos de 

este mes. El periodista amplió algunos puntos y se negó a develar las 

fuentes a las que recurrió y que hablaron en reserva. Pero el texto abunda 

en testimonios coincidentes que sí están identificados.

 

  Designado en 1970 al frente de la CGT, Rucci fue acribillado a balazos 

al salir de su casa el 25 de setiembre de 1973, dos días después de que 

Perón fuera elegido con 61 por ciento de los votos para acceder a su 

tercer e inconcluso mandato presidencial de Argentina. Había gobernado 

entre 1946 y 1952 y entre ese año y 1955, cuando fue derrocado por un 

golpe militar.

 

  Rucci no sólo era un jefe sindical que se manifestaba seguidor 

incondicional del fundador del peronismo, sino que era una pieza clave de 

su sistema de poder. "Esos balazos fueron para mi; me cortaron las patas", 

declaró conmocionado el ya anciano líder partidario a la prensa al salir 

del velatorio, recuerda el libro.

 

  El autor cuenta que Rucci era vigilado por Montoneros, la guerrilla 

peronista de izquierda, que había ocupado un piso en un edificio cercano a 

su casa tiempo antes del crimen para controlar sus movimientos. El grupo 

luego tomó por asalto una vivienda lindera para disparar desde allí contra 

su blanco. El sindicalista, que tenía 49 años, murió en el acto de varios 

disparos.

 

  "El operativo estuvo integrado por muchos grupos como era usual, y el 

que planificó y ejecutó el atentado tenía entre siete y ocho miembros", 

contó Reato a IPS. "Los tres jefes –identificados con detalles en el 

libro– están muertos, pero una fuente dice que hay dos que estuvieron en 

el corazón de la operación y están vivos", afirmó.

 

  Reato señala a Julio Iván Roque, un cuadro militar que se hacía llamar 

"Lino", como autor de los disparos mortales, y también a dos 

"lugartenientes" suyos, Marcelo Kurlat y Horacio Antonio Arrué, que se 

hacía llamar "Pablo Cristiano". Los tres fueron asesinados por represores 

de la dictadura.

 

  Reato cree que el libro, para el cual realizó 110 entrevistas, tuvo 

gran impacto por dos razones. En primer lugar, hay miembros de Montoneros 

que "no están satisfechos con la visión que los retrata como jóvenes 

idealistas". "Tenían muchas ganas de hablar y decir que, más allá de 

errores, fueron integrantes de un grupo político militar que tenía un 

proyecto de poder", aclara.

 

  Por otro lado, el autor sostiene que muchos de los libros sobre el auge 

del accionar de las agrupaciones guerrilleras en la primera mitad de la 

década del 70 en Argentina fueron escritos por ex miembros de esos grupos 

que miden mucho sus palabras a la hora de interpretar el pasado por temor 

a ser acusados de "traidores" o "buchones" (soplones), explicó.

 

  El texto recoge testimonios de ex guerrilleros quienes indican que, si 

bien Montoneros nunca se lo atribuyó oficialmente, dirigentes 

individualmente admitieron que el crimen fue resuelto y ejecutado por un 

comando de esa organización.

 

  Uno de ellos es el periodista y escritor Ricardo Grassi, quien fue en 

esa época director del semanario El Descamisado, órgano de expresión de 

Montoneros. Contó a Reato que el mismo día del asesinato de Rucci, el 

líder de la agrupación, Mario Firmenich, apareció en la redacción con un 

guardaespaldas y dijo: "Fuimos nosotros".

 

  "Vino a explicarnos por qué habían tomado esa decisión en la conducción 

nacional para que nos quedara claro cuál debería ser la línea de la 

revista", reveló Grassi.

 

  Grassi añadió que antes de la visita, en la redacción se especulaba con 

que el crimen era obra del Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP), una 

organización guerrillera marxista que actuó en la misma época que 

Montoneros.

 

  "Para nosotros era una provocación a Perón y correspondía que lo 

hubiese hecho el ERP", aseguró.

 

  Este tipo de revelaciones y otras del mismo tenor muestran a lo largo 

del libro que muy pocos integrantes de la agrupación participaban en la 

toma de decisiones relevantes y también que, en torno al asesinato de 

Rucci, muchos se opusieron sin éxito al operativo por considerarlo un 

error que traería graves consecuencias.

 

  Reato remarca que Montoneros nunca admitió oficial ni públicamente ser 

autor del atentado, pero recoge una entrevista con el historiador Felipe 

Pigna en la que Firmenich, sin negar ni asumir la autoría del asesinato, 

enumera las razones por las cuales el sindicalista era enemigo del grupo 

guerrillero, aunque ambos fueran peronistas.

 

  El argumento principal era que se consideraba a Rucci uno de los 

responsables de la llamada masacre de Ezeiza, del 20 de junio de 1973, 

cuando grupos de ultraderecha peronistas y de la CGT atacaron a militantes 

de Montoneros y de la izquierdista Juventud Peronista, disparando 

indiscriminadamente sobre la multitud que había ido a recibir, al 

aeropuerto internacional de esa localidad cercana a Buenos Aires, a Perón 

a su regreso del largo exilio en España.

 

  También cita Reato diversos libros en los que aparece esta vinculación 

entre Rucci y Montoneros. Uno es del periodista, ex guerrillero y hoy 

diputado Miguel Bonasso, quien narra que Firmenich le dijo que el líder 

sindical había sido ejecutado por la organización que dirigía.

 

  Pero otro miembro de la conducción, Roberto Perdía, lo niega. Aunque en 

entrevista con Reato admitió que "no descartaba" que en el crimen "haya 

participado gente de la estructura de nuestra organización militar". 

"Tampoco lo afirmo. Lo que digo es que fue un hecho que nos perjudicó 

gravemente", apuntó.

 

  La viuda y los hijos de Rucci habían cobrado una indemnización del 

Estado en 1999 a partir de un dictamen que sugirió que el asesinato pudo 

haber sido cometido por la Alianza Anticomunista Argentina, más conocida 

como "Triple A", un grupo armado ultraderechista creado por José López 

Rega (1916-1989), entonces secretario privado y luego ministro de Perón.

 

  Esa era la conclusión del caso hasta ahora, aunque era una versión 

provisoria.

 

  Pero Reato afirma que la Triple A no existía aún al momento de 

cometerse el asesinato. Su debut, señala, se produjo dos meses después 

mediante un atentado contra el senador opositor Hipólito Solari Irigoyen.

 

  El autor del libro cree que el asesinato de Rucci endureció al gobierno 

de Perón contra Montoneros y la rama izquierdista de su movimiento 

pluri-ideológico, y pudo así haber facilitado el surgimiento de la Triple 

A.

 

  Reato plantea además que la agrupación izquierdista, cada vez más 

enfrentada a la derecha peronista, pretendía disputar el poder con Perón 

para conducir el partido y el gobierno según su ideario. De hecho, luego 

del asesinato de Rucci, la organización rompe con el viejo caudillo 

populista.

 

  Otro testimonio contundente del libro es el de Julio Bárbaro, ex 

miembro de Montoneros y secretario de Cultura en los años 90, quien 

manifiesta no tener dudas. "Fueron los Montoneros", dijo al autor del 

libro.

 

  Bárbaro relató que un miembro de la cúpula de la organización, Horacio 

Mendizábal, le dijo en aquel momento que, con ese asesinato, "el general 

(Perón) va a aprender que nuestras posiciones tienen que ser respetadas".

(FIN/IPS/mv/dm/cr ae ip hd/ar sl la/08)